Trabajo infantil
De los campos a la escuela: las mujeres ugandesas que construyen un futuro mejor
Mujeres que participan en el proyecto ACCEL África en Uganda han transformado su aldea combinando el ahorro, la educación y la atención comunitaria para combatir el trabajo infantil y promover un futuro mejor para sus hijos.
27 de octubre de 2025
LIWULUKO, UGANDA (OIT Noticias) – En las verdes colinas del distrito de Sironko, en el este de Uganda, un grupo de mujeres está transformando silenciosamente su comunidad. Lo que comenzó como una iniciativa para combatir el trabajo infantil mediante la formación en conocimientos financieros y agricultura se ha convertido en algo mucho más poderoso, un modelo de resiliencia y esperanza desde la base.
El proyecto, ejecutado en el marco del proyecto Acelerar la acción para la eliminación del trabajo infantil en las cadenas de suministro en África (ACCEL África) y financiado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de los Países Bajos, ayudó a mujeres como Namboozo Oliver a reimaginar cómo podrían ser sus vidas y las de sus hijos.
«No sabía que estábamos sometiendo a nuestros hijos al trabajo infantil», dijo Oliver, recordando los días en que su hijo de 10 años llevaba pesados racimos de plátanos al mercado para ayudar a la familia. «Ahora sé que debemos dejar que los niños sean niños. Necesitan ir a la escuela, crecer bien y soñar».
Apoyarse mutuamente
A través de ACCEL Africa, las mujeres de la aldea de Liwuluko formaron un grupo de ahorro y préstamo, en el que las integrantes aportan fondos regularmente y pueden solicitar pequeños préstamos para invertir en actividades generadoras de ingresos. La iniciativa les enseñó a gestionar sus pequeños negocios, planificar los presupuestos familiares y mejorar los métodos agrícolas.
Pero quizás el resultado más notable fue uno que las mujeres imaginaron y construyeron por completo por su cuenta: una guardería comunitaria. Con poco más que sus ahorros mancomunados y su firme determinación, las mujeres crearon un espacio donde se puede cuidar a los niños pequeños por la mañana, mientras sus padres trabajan. Para las madres que trabajan largas jornadas en las granjas o en puestos al borde de la carretera, esto supuso un cambio radical en sus vidas.
«Antes de la guardería, teníamos que llevar a nuestros hijos al campo, donde a menudo acababan ayudando en las tareas», explica Rebecca, una de las voluntarias de la guardería. «Pero ahora están aprendiendo. Vemos cómo ganan confianza, hablan mejor e incluso enseñan nuevas palabras a sus padres».
La escuela funciona gracias al esfuerzo de la comunidad, con profesores voluntarios que imparten clases de aritmética y alfabetización básicas. Los niños también reciben un almuerzo sencillo o un té para que no pasen hambre, una pequeña intervención con un gran impacto en su desarrollo y su deseo de aprender.
«Me gusta la escuela porque cantamos y aprendemos ortografía», dice Amina, de 6 años, sonriendo tímidamente. «Cuando sea mayor, quiero ser enfermera».
Mantener a los niños en la escuela y fuera del mundo laboral
El objetivo general del proyecto ACCEL África es combatir el trabajo infantil en las cadenas de suministro, especialmente en la agricultura. En el distrito de Sironko, donde predomina el cultivo del café, a menudo se ha sacado a los niños de la escuela para que ayuden en los campos. Sin embargo, gracias a una nueva concienciación y al apoyo recibido, las familias están tomando decisiones diferentes.
«La comunidad no siempre se daba cuenta de que ciertas tareas, como recoger leña pesada o rociar pesticidas peligrosos, podían ser perjudiciales para los niños», explica Angélica Muñoz, responsable de gestión del conocimiento del proyecto. «Ahora comprenden los riesgos y la importancia de la educación».
Como resultado, más niños permanecen en las guarderías y los padres informan de una mejora en la relación con sus hijos. «Mis hijos llegan a casa y me saludan en inglés: «¿Cómo está usted?», dice Oliver riendo, «¡me llena de orgullo!».
Un modelo sostenible de cambio
Lo que hace que la historia de Liwuluko sea excepcional es su sostenibilidad. No se trata de una intervención impulsada desde fuera, sino de una iniciativa arraigada en el liderazgo local y la responsabilidad colectiva.
a guardería sigue funcionando gracias a las aportaciones de los ahorros y al apoyo en especie. A medida que más padres y madres son testigos de sus beneficios, el interés y la participación de la comunidad han aumentado. A partir de estos logros, ACCEL Africa seguirá apoyando iniciativas impulsadas por la comunidad como esta, fortaleciendo el empoderamiento económico de las mujeres y promoviendo la mejora de los medios de vida de las familias que trabajan en las cadenas de suministro de café y té en Uganda.
Sin embargo, un cambio duradero requiere un compromiso colectivo. Los gobiernos, los líderes locales, el sector privado y los socios para el desarrollo tienen un papel que desempeñar en el mantenimiento y la ampliación de estos modelos comunitarios. Al invertir en el liderazgo de las mujeres, apoyar la educación y el cuidado de la primera infancia y crear puestos de trabajo dignos para los adultos, podemos ayudar a construir una generación libre de trabajo infantil. Juntos, podemos convertir la historia de Liwuluko en la historia de todas las comunidades de África.
Para Oliver, la transformación es profundamente personal. «Antes, la vida era dura. No sabíamos cómo planificar y no entendíamos el valor de la educación», afirma. «Ahora tenemos esperanza. Tenemos sueños, para nosotros y para nuestros hijos».