Antecedentes
-
Contar con datos precisos y fiables es esencial para abordar los desafíos mundiales complejos como el trabajo infantil. Las estimaciones mundiales proporcionan una visión actualizada de la situación actual que permite realizar comparaciones a escala regional y mundial. Asimismo, ayudan a supervisar los progresos en la consecución de la Meta 8.7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) encaminada a poner fin al trabajo infantil, y sirven para sustentar la formulación de políticas con base empírica, la realización de actividades de sensibilización y el establecimiento de prioridades entre las intervenciones.
-
Las estimaciones mundiales para 2024 han sido elaboradas conjuntamente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), que son los custodios de la Meta 8.7 de los ODS.
-
Las estimaciones mundiales se publicaron por primera vez en 2000 y, posteriormente, en 2004, 2008, 2012, 2016 y 2020. Las estimaciones mundiales de 2024 son las séptimas de la serie y reflejan los datos actualizados que se recopilaron durante el periodo comprendido entre 2020 y 2024.
Definiciones y métodos
-
El trabajo infantil comprende el trabajo que los niños son demasiado jóvenes para realizar y/o el trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños. Tres importantes normas internacionales de derechos humanos y del trabajo – la Convención sobre los Derechos del Niño, el Convenio de la OIT sobre la edad mínima (núm. 138) y el Convenio de la OIT sobre las peores formas de trabajo infantil (núm.182), ratificado universalmente – establecen los límites jurídicos del trabajo infantil y proporcionan una base para emprender acciones nacionales e internacionales encaminadas a poner fin a este flagelo.
En términos más técnicos, el trabajo infantil abarca el trabajo realizado por los niños en cualquier tipo de ocupación, con dos excepciones importantes: el trabajo ligero permitido para los niños en el grupo de edad especificado para el trabajo ligero; y el trabajo que no está clasificado entre las peores formas de trabajo infantil, en particular como trabajo peligroso, para los niños por encima de la edad mínima general de admisión al empleo.
Una definición estadística más amplia abarcaría los servicios domésticos peligrosos no remunerados, comúnmente denominados tareas domésticas peligrosas. Sin embargo, debido a que las normas estadísticas para medir el trabajo infantil en las tareas domésticas están menos desarrolladas, las estimaciones de trabajo infantil publicadas en el informe excluyen las tareas domésticas, salvo indicación en contrario.
-
Los niños en trabajo peligroso son aquellos que participan en cualquier actividad u ocupación que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe su salud, seguridad o moralidad.
En general, el trabajo peligroso puede incluir los trabajos nocturnos o largas jornadas laborales; la exposición a abusos de orden físico, psicológico o sexual en el lugar de trabajo; los trabajos que se realizan bajo tierra, bajo el agua, en alturas peligrosas o en espacios confinados; los trabajos que se realizan con maquinaria, equipos y herramientas peligrosos o que conllevan la manipulación o el transporte manual de cargas pesadas; el trabajo realizado en un entorno insalubre; y los trabajos con horarios prolongados para la producción de bienes para el autoconsumo.
En las estimaciones mundiales sobre el trabajo infantil 2024, el trabajo peligroso se mide sobre la base de una lista de industrias y ocupaciones peligrosas, jornadas laborales excesivas realizadas durante 43 horas o más a la semana y condiciones de trabajo peligrosas (como el trabajo nocturno).
-
En consonancia con las estimaciones sobre el trabajo infantil producidas por la OIT desde el año 2000, los cálculos para 2024 se basan en la extrapolación de datos extraídos de las encuestas nacionales de hogares. Las estimaciones de 2024 se basan en 107 encuestas nacionales de hogares, que representan el 60 por ciento de la población mundial de niños de 5 a 17 años. Las encuestas utilizadas abarcan encuestas de indicadores múltiples por conglomerados (MICS) realizadas con la asistencia del UNICEF, encuestas sobre el trabajo infantil realizadas con la asistencia de la OIT, encuestas demográficas y de salud (EDS) de USAID, encuestas de la población activa (EPA) y otras encuestas nacionales de hogares.
-
La OIT y el UNICEF utilizan diferentes agrupaciones regionales, y también son distintas las que se utilizan para el seguimiento de los ODS. Las estimaciones mundiales se desglosan geográficamente con arreglo a cada una de ellasLa OIT y el UNICEF utilizan diferentes agrupaciones regionales, y también son distintas las que se utilizan para el seguimiento de los ODS. Las estimaciones mundiales se desglosan geográficamente con arreglo a cada una de ellas.
Las estimaciones de 2024 que figuran en el informe se refieren a cinco de las siete principales agrupaciones regionales utilizadas para el seguimiento de los ODS: África Subsahariana; África Septentrional y Asia Occidental; Asia Central y Meridional; Asia Oriental y Sudoriental; y América Latina y el Caribe. Las dos últimas agrupaciones regionales de los ODS, Europa y América Septentrional y Oceanía, no se incluyeron debido a las limitaciones de los datos.
En el anexo estadístico del informe también se presentan las estimaciones de 2024 para las regiones definidas de acuerdo con el sistema de clasificación regional empleado por el departamento STATISTICS de la OIT, así como para las agrupaciones regionales del UNICEF.
El análisis de las tendencias que se realiza en el cuerpo del informe se limita a tres regiones: África Subsahariana; América Latina; y el Caribe y Asia y el Pacífico. No se incluyeron otras regiones en el análisis de tendencias del trabajo infantil debido a la falta de datos históricos al respecto.
-
No. Algunas formas de trabajo realizado por los niños están permitidas por las normas internacionales. Por ejemplo, los niños de 12 a 14 años pueden realizar trabajos ligeros en las condiciones establecidas por la normativa nacional y los niños de 15 a 17 años pueden realizar trabajos de naturaleza no peligrosa. Todo trabajo realizado por niños menores de 12 años y cualquier trabajo peligroso se considera trabajo infantil y, por lo tanto, está prohibido.
Resultados
-
En el mundo hay 138 millones de niños en situación de trabajo infantil (7,8 por ciento de la población infantil mundial de 5 a 17 años). De ellos, 54 millones (el 3,1 por ciento de los niños de 5 a 17 años) realizan trabajos peligrosos. Estas cifras ocultan importantes diferencias entre regiones, grupos de edad y entre niñas y niños.
-
Las estimaciones mundiales de 2024 revelan una satisfactoria reanudación de los progresos tras el retroceso registrado en 2020. El número de niños en situación de trabajo infantil se redujo en 22,4 millones entre 2020 y 2024, y el número de niños en trabajo peligroso disminuyó de forma aún más pronunciada, a saber, en 25 millones durante el mismo periodo.
La prevalencia del trabajo infantil descendió del 9,6 por ciento en 2020 al 7,8 por ciento en 2024, lo que representa un descenso relativo de casi el 20 por ciento. El trabajo peligroso se redujo del 4,6 por ciento al 3,1 por ciento durante el mismo periodo. Cabe señalar que se registraron progresos en todos los principales grupos demográficos: se observaron reducciones entre los niños y las niñas, en todos los grupos de edad y en todas las regiones del mundo. Esto contrasta con las cifras de 2020, año en el que se experimentó un preocupante aumento del trabajo infantil entre los niños más pequeños, es decir, entre los niños de 5 a 11 años.
En el África Subsahariana, pese a que hace frente a fuertes presiones demográficas y económicas, se registró un notable descenso de la prevalencia, que invirtió una tendencia de ocho años de aumento. En la región de Asia y el Pacífico se lograron los mayores progresos relativos, con un descenso del 43 por ciento en el número de niños en situación de trabajo infantil y una disminución de la tasa de prevalencia a casi la mitad. En América Latina y el Caribe se logró una reducción relativa del 8 por ciento en la prevalencia y un descenso del 11 por ciento en el número total de casos.
Con todo, los progresos actuales deben considerarse en su contexto. Aunque alentadores, no han sido suficientes para revertir todos los retrocesos del pasado. Por ejemplo, el número total de niños de 5 a 11 años en situación de trabajo infantil sigue siendo superior al que se registraba en 2012 y en 2016, a pesar de los recientes descensos. Y en el África Subsahariana, debido al rápido crecimiento de la población, el número total de niños en situación de trabajo infantil se ha mantenido constante, pese a la disminución de la tasa de prevalencia.
Estos resultados ponen de relieve que, aunque en los últimos años se han registrado progresos, sigue siendo necesario actuar de forma sostenida y muy rápida para reducir de forma significativa el trabajo infantil a corto plazo.
-
Las estimaciones dejan claro que, aunque el mundo evitó el temido empeoramiento de la situación del trabajo infantil después de 2020, el ritmo actual de descenso es insuficiente para alcanzar la Meta 8.7 en la fecha límite de 2025. Entre 2020 y 2024, la prevalencia del trabajo infantil disminuyó aproximadamente un 5,1 por ciento al año. Si se mantiene ese ritmo, el trabajo infantil no se eliminará hasta mucho después de mediados de siglo.
Con el fin de ilustrar este desafío, el informe plantea tres escenarios encaminados a alcanzar el trabajo infantil cero. Para eliminar el trabajo infantil para 2030, el ritmo anual de reducción tendría que ser más de 11 veces mayor de lo que ha sido desde 2020. Lograr la eliminación en 2045 implicaría una aceleración siete veces mayor. Incluso ampliar el plazo hasta 2060 exigiría cuadruplicar el ritmo actual.
El informe de 2024 refuerza un mensaje fundamental: poner fin al trabajo infantil exigirá la renovación del compromiso mundial. Esto incluye una voluntad política sostenida, una aplicación más estricta de la protección jurídica, un mayor acceso a la educación y la protección social, y medidas que aborden las causas profundas del trabajo infantil, como la pobreza, los conflictos y la falta de trabajo decente para los adultos. Si bien es posible avanzar – como lo demuestran los recientes progresos –, esto no se producirá por sí solo.
-
El trabajo infantil sigue siendo un problema mundial, pero está muy concentrado en determinadas regiones y contextos.
Por regiones, el África Subsahariana sigue siendo la más afectada por el trabajo infantil, con 86,6 millones de niños víctimas de este flagelo, mucho más que cualquier otra región. Le siguen Asia Central y Meridional, con 17 millones, Asia Oriental y Sudoriental (13,2 millones), América Latina y el Caribe (7,3 millones), África Septentrional y Asia Occidental (6,3 millones), y Europa y América Septentrional (2,3 millones). La tasa de prevalencia también es más alta en el África Subsahariana, donde aproximadamente uno de cada cinco niños se encuentra en situación de trabajo infantil. Otras regiones registran tasas más bajas: 8,3 por ciento en África Septentrional y Asia Occidental, 6,3 por ciento en Asia Central y Meridional, 5,5 por ciento en Asia Oriental y Sudoriental, 5,4 por ciento en América Latina y el Caribe, y 1,8 por ciento en Europa y América Septentrional.
El trabajo infantil es especialmente común en entornos frágiles y afectados por conflictos. Las estimaciones muestran que la prevalencia del trabajo infantil supera el 21 por ciento en los países que están en conflicto, más de cuatro veces la tasa registrada en entornos estables. Incluso los países que no están en conflicto abierto, pero que están clasificados como frágiles desde el punto de vista institucional, muestran tasas de trabajo infantil elevadas, en torno al 15,7 por ciento.
Los niveles de desarrollo económico y humano también son factores fundamentales. Casi uno de cada cuatro niños de los países de bajos ingresos se encuentra en situación de trabajo infantil, frente a menos del 1 por ciento en los países de ingresos altos. Por lo tanto, existe una fuerte correlación inversa entre los ingresos nacionales y la prevalencia del trabajo infantil, aunque la causalidad es compleja. Por ejemplo, la mayor parte del trabajo infantil mundial se concentra en los países de medianos ingresos debido a que su población es mayor –lo que pone de manifiesto que el trabajo infantil no es únicamente un problema de los países de bajos ingresos. Del mismo modo, los países con un bajo índice de desarrollo humano (IDH) registran una prevalencia del trabajo infantil del 19,6 por ciento, frente al 1,6 por ciento de los países con un IDH muy alto.
-
Los niños de 5 a 11 años siguen representando la mayor proporción de niños en situación de trabajo infantil, con un 57 por ciento del total en 2024, frente al 42 por ciento en 2008. Aunque los progresos recientes en este grupo de edad son alentadores, no se ha logrado revertir por completo los retrocesos anteriores, y las cifras absolutas siguen siendo más altas que en 2012 y 2016. También se han registrado descensos entre los niños de más edad, de 12 a 14 años y de 15 a 17 años, y en ambos grupos de edad el trabajo infantil disminuyó tanto en términos absolutos como de prevalencia. Estas tendencias sugieren que, si bien se están logrando progresos en todos los grupos de edad, los niños más pequeños siguen siendo especialmente vulnerables y continúan requiriendo una atención específica y respuestas adaptadas en materia de políticas.
-
El género desempeña un papel importante en la conformación de patrones y experiencias en materia de trabajo infantil. Cuando el trabajo infantil se mide utilizando la definición estándar – centrada en la actividad económica – los niños tienen más probabilidades que las niñas de estar en situación de trabajo infantil. En 2024, el 8,6 por ciento de los niños de 5 a 17 años se encontraban en situación de trabajo infantil, frente al 6,9 por ciento de las niñas. Esta diferencia aumenta con la edad, y es especialmente pronunciada en la agricultura y la industria, en los que se suele emplear más a niños.
Sin embargo, este panorama cambia cuando se tienen en cuenta las tareas domésticas intensivas. Las niñas tienen más probabilidades que los niños de dedicar largas horas a los servicios domésticos no remunerados en sus propios hogares: cuidar de hermanos o parientes ancianos, cocinar, limpiar. Cuando estas tareas se incluyen en una definición más amplia de trabajo infantil (concretamente, cuando son realizadas durante 21 horas o más a la semana por niños menores de la edad mínima para trabajar), la brecha de género se invierte, y las niñas tienen ligeramente más probabilidades de estar en situación de trabajo infantil que los niños.
Estos patrones ponen de relieve la manera en que las definiciones convencionales pueden subestimar la carga de trabajo que soportan las niñas, sobre todo en entornos en los que culturalmente se les asignan las responsabilidades domésticas. Para comprender mejor la dimensión del género en el trabajo infantil es preciso mirar más allá del trabajo remunerado o económico y reconocer el trabajo invisible que muchas niñas realizan dentro del hogar, y a menudo a expensas de su educación, salud y desarrollo personal.
-
El trabajo infantil no está distribuido uniformemente en la economía, sino que está muy concentrado en la agricultura, que representa el 61 por ciento de todos los niños en situación de trabajo infantil, es decir, unos 84 millones de niños. La mayoría se dedica a la agricultura de subsistencia o familiar. El sector de los servicios representa el 25 por ciento de los niños en situación de trabajo infantil, con actividades como la venta ambulante, el trabajo doméstico para hogares de terceros y los servicios informales de transporte y reparación. El sector industrial representa el 14 por ciento restante, con niños que trabajan en ámbitos como la construcción, la minería, la manufactura y la fabricación de ladrillos. En todos los sectores, el trabajo infantil es predominantemente informal, lo que dificulta su detección y regulación.
-
Todas las regiones registraron progresos en la reducción del trabajo infantil entre 2020 y 2024, aunque la magnitud y el ritmo de estos variaron. La región de Asia y el Pacífico registró los progresos más significativos, con una disminución de la prevalencia a casi la mitad y un descenso del 43 por ciento en cifras absolutas. En América Latina y el Caribe se logró una reducción relativa del 8 por ciento en la prevalencia y un descenso del 11 por ciento en el número total de casos. Lo más notable es que en el África Subsahariana se invirtió una tendencia de ocho años de aumento de la prevalencia, logrando una disminución del 10 por ciento en la tasa de trabajo infantil. Sin embargo, debido al rápido crecimiento de la población, no se observaron cambios en el número total de niños en situación de trabajo infantil. Estos patrones regionales reflejan una dinámica demográfica y económica más amplia, lo que pone de relieve la necesidad de adoptar enfoques adaptados a cada contexto para mantener y acelerar los progresos.
-
Entre los niños de 5 a 14 años en situación de trabajo infantil, aproximadamente el 31 por ciento no asiste a la escuela. Esto significa que a casi uno de cada tres niños en situación de trabajo infantil se le niega el derecho a la educación, una base esencial para salir de la pobreza y construir un futuro mejor.
En cambio, entre los niños de la misma edad que no se encuentran en situación de trabajo infantil, solo el 8 por ciento no está escolarizado. Esta significativa diferencia ilustra la importante desventaja educativa a la que se enfrentan los niños que trabajan. Incluso los que se encuentran en situación de trabajo infantil y asisten a la escuela suelen tener problemas de asistencia, concentración y rendimiento escolar, sobre todo cuando trabajan en horarios prolongados o realizan actividades peligrosas.
Las cifras confirman lo que los datos vienen demostrando desde hace tiempo: el trabajo infantil es a la vez una causa y una consecuencia de la exclusión educativa. Mantener a los niños en la escuela es una de las estrategias más eficaces para prevenir y reducir el trabajo infantil. En consecuencia, reforzar el acceso a la escuela, su calidad y su asequibilidad – especialmente en las comunidades vulnerables y marginadas – debe seguir siendo un objetivo central de los esfuerzos de eliminación del trabajo infantil.
El camino a seguir
-
Las estimaciones mundiales de 2024 confirman que los progresos son posibles, pero también que siguen siendo demasiado lentos y dispares para cumplir los compromisos mundiales. Poner fin al trabajo infantil exigirá un cambio significativo en cuanto a la escala y la ambición de las respuestas en materia de políticas.
La educación y la protección social siguen siendo las herramientas en materia de políticas más poderosas en este esfuerzo. El acceso universal a una educación gratuita y de calidad puede contribuir a garantizar que ningún niño se vea obligado a elegir entre el trabajo y la escuela. Al mismo tiempo, ampliar los sistemas de protección social que tienen en cuenta las necesidades de los niños es fundamental para reducir la vulnerabilidad de los hogares y acabar con los factores económicos que impulsan el trabajo infantil.
El trabajo decente para los adultos es otro pilar esencial. Cuando los padres y cuidadores tienen empleos estables y con un salario justo, se reducen las presiones económicas que empujan a los niños al trabajo. Esto incluye promover el empleo formal, los salarios vitales y los derechos del trabajo, especialmente en las economías rurales e informales, donde el trabajo infantil está más concentrado.
También deben reforzarse los marcos jurídicos e institucionales para proteger a los niños de la explotación. Esto significa no solo adoptar leyes sólidas sobre el trabajo infantil, sino también garantizar su aplicación eficaz, una capacidad adecuada de la inspección del trabajo y servicios accesibles de protección del niño.
En un mundo cada vez más marcado por las crisis – ya sean provocadas por los conflictos, los desplazamientos o el cambio climático –, la respuesta en materia de políticas también debe adaptarse y responder a los contextos de alto riesgo. En contextos frágiles, los actores humanitarios y del desarrollo deben trabajar juntos para garantizar la continuidad de la educación, salvaguardar los medios de subsistencia y proteger a los niños para que no se vean obligados a trabajar.
Por último, para lograr progresos es preciso contar con una voluntad política sostenida y la cooperación internacional. Los gobiernos deben dar prioridad a las inversiones en los niños – especialmente en educación, protección social y sistemas de protección infantil – como pilares centrales de las estrategias nacionales de desarrollo. Pero muchos de los países más aquejados por el trabajo infantil son también los que disponen de menos espacio fiscal. En estos contextos, la comunidad internacional tiene un papel catalizador vital que desempeñar. Una cooperación internacional mayor y mejor orientada, que incluya financiación en condiciones favorables, asistencia técnica y apoyo a los sistemas de datos, puede contribuir a liberar el potencial nacional y garantizar que ningún país se quede atrás.