Un emprendimiento que honra la memoria y fortalece la autonomía económica, con el respaldo de la OIT

La historia de Jeimys Esther, profundamente ligada a la memoria familiar y a las tradiciones de su territorio, refleja el espíritu de superación que impulsa el programa Formándonos para la Paz 2025, donde cientos de participantes, como ella, encuentran un camino de fortalecimiento personal y construcción de proyecto de vida.

7 de noviembre de 2025

© OIT

Nacida hace 38 años en el corregimiento de Sibarco, municipio de Baranoa (Atlántico), ha construido una vida marcada por la resiliencia y la capacidad de transformar la adversidad en nuevas oportunidades. Su infancia estuvo atravesada por un hecho que cambió para siempre su rumbo: el asesinato de su padre cuando apenas tenía trece años. A partir de ese momento debió asumir responsabilidades de adulto y enfrentar un entorno emocional complejo. Años más tarde, ya en la adultez, vivió la separación de su pareja cuando tenía 25 años, proceso que la obligó a redefinir su rol como madre, mujer y cabeza de hogar. Aunque logró rehacer su vida familiar, en 2019 debió enfrentar un nuevo duelo: la muerte de su suegra, una figura amorosa y central en su vida. Estas pérdidas sucesivas, aunque dolorosas, se convirtieron en el cimiento de su fortaleza y en el motor para reconstruir sus metas.

De esos momentos difíciles nació uno de los capítulos más significativos de su historia: el emprendimiento Tortas de Yuca YOLA. En un periodo en el que Jeimys estaba desempleada, embarazada y su esposo también se encontraba sin trabajo, decidió rescatar las recetas ancestrales de su suegra fallecida, “la niña Yola”, famosa en la comunidad por sus tortas de yuca, y los bollos que su madre preparaba para vender en las tiendas del pueblo. Con estas memorias vivas, decidieron participar en el Festival del Guandú y del Bollo de Yuca de Sibarco, donde recibieron una acogida que les confirmó que este era el camino correcto. Aunque las ventas bajaron después del festival por la falta de reconocimiento, Jeimys tomó la decisión de formalizar la marca, crear una identidad visual inspirada en su suegra y fortalecer la propuesta de valor del negocio.

Durante la pandemia, su emprendimiento tomó nuevo impulso. Se unió a una asociación local de emprendedores y participó en varias formaciones del SENA, que le permitieron mejorar la calidad de sus productos y profesionalizar la imagen de su marca. Hoy, Tortas de Yuca YOLA ofrece una amplia variedad de preparaciones tradicionales: tortas de yuca, bollos dulces y simples, buñuelos con queso, bollos de mazorca, mazamorra de maíz verde y sancochos de guandú, preservando el patrimonio gastronómico del territorio y consolidándose como un emprendimiento familiar con identidad cultural.

Su proceso de transformación se fortaleció aún más con su participación en Formándonos para la Paz 2025, en el centro de Formación CEAS con sede en Barranquilla, donde, además de fortalecer su autoestima y habilidades socioemocionales, culminó el Técnico en Asistencia Administrativa.

Esta formación le brindó herramientas clave para el crecimiento de su negocio: manejo de Word y Excel para gastos, inventarios y pedidos; gestión documental para organizar facturas y registros; comunicación asertiva para la atención al cliente; elaboración de presupuestos para definir precios; gestión del tiempo y organización productiva; y nociones de marketing que le permitieron proyectar mejor la imagen de su marca. Esta combinación de capacidades técnicas y fortalecimiento personal le ha permitido reorganizar sus metas y avanzar con seguridad hacia una mayor autonomía económica.

Hoy, Jeimys sueña con ampliar su producción, abrir nuevos canales de comercialización y generar empleo, especialmente para mujeres de su comunidad. Su emprendimiento no solo honra la memoria de su suegra, sino que también preserva las tradiciones culinarias de Sibarco y aporta al desarrollo local.

Convencida de que cada obstáculo puede transformarse en posibilidad, Jeimys comparte una frase que resume el camino que ha recorrido:

La vida me ha puesto pruebas duras, pero aprendí que, mientras haya fuerza para levantarse, siempre habrá una oportunidad para volver a empezar.”

La foto muestra a una joven mujer de piel morena sentada frente a una mesa. Lleva puesta una camiseta tipo polo blanca con los logos del Ministerio del Trabajo y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el pecho. Tiene el cabello recogido en trenzas y mantiene los brazos cruzados sobre la mesa. Mira de frente a la cámara con una expresión tranquila y segura. El fondo es claro y sencillo, con una cortina blanca a un lado.
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Formándonos para la Paz 2025 acompaña a 1.984 participantes víctimas del conflicto armado en 20 municipios de Colombia, brindándoles formación para el trabajo.