Día Mundial de la Alimentación

Transformación estructural y agricultura en África: un desafío persistente

África enfrenta dificultades para convertir su enorme potencial agrícola en beneficios económicos. Grace Gondwe analiza la paradoja de la dependencia de los recursos y las formas de aprovechar la agricultura para generar empleo decente y promover la transformación económica.

16 de octubre de 2025

Woman in Blue and Yellow Floral Shirt Standing Beside the Green Banana Fruits © Pexels/Rangy Tarimu
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La transformación estructural se considera ampliamente esencial para lograr un crecimiento sostenido e inclusivo. Según la economía convencional, implica un cambio progresivo del sector agrícola hacia sectores industriales y, posteriormente, de servicios más productivos, lo que se traduce en una mayor productividad general, empleos de mejor calidad, ingresos más altos y mejores niveles de vida.

Sin embargo, esta sigue siendo una realidad distante para la mayoría de las economías africanas, donde la mano de obra y otros recursos se están reasignando en gran medida del sector agrícola de subsistencia, de baja productividad, hacia sectores de servicios con escaso valor añadido [1]. Esto significa que la mayoría de los países africanos permanecen atrapados en actividades de baja productividad y bajos ingresos, como lo evidencia su marcada dependencia de los productos básicos [2], la elevada informalidad y las limitadas oportunidades de creación de empleos productivos y de un crecimiento sostenido e inclusivo [3].

¿Puede la agricultura ser la solución?

En promedio, la agricultura emplea a más de la mitad de la población africana, con proporciones que oscilan entre el 60 y el 85 por ciento en varios países, entre ellos Burundi, la República Centroafricana, el Chad, Angola, Malawi, Mozambique y Madagascar. [4]

El sector resulta aún más crucial para el desarrollo rural del continente. Al menos el 52 por ciento de la población africana vive en zonas rurales, proporción que alcanza entre el 70 y el 85 por ciento en algunos países. [5] Cabe destacar que más del 80 por ciento de esa población rural depende de la agricultura para su sustento [6]. Sin embargo, la mayoría de esos empleos son altamente informales y presentan importantes déficits de trabajo decente. Por ejemplo, resultados no publicados del proyecto conjunto OIT-FAO-CIRAD JobAgri muestran que los trabajadores familiares (en su mayoría no remunerados) y los trabajadores ocasionales (empleados informalmente) representan alrededor del 85 por ciento del total del empleo agrícola en la zona de intervención del proyecto en Bono-East (Ghana) [7]. En conjunto, se estima que el empleo informal en la agricultura en África supera el 90 por ciento del empleo total del sector [8].

La paradoja de la agricultura

Debido a problemas estructurales —como la deficiente infraestructura económica de apoyo y las debilidades de las políticas y las instituciones—, la productividad global del sector sigue siendo muy baja en la mayoría de los países de la región, incluidos aquellos cuya economía se basa en la agricultura (véase la figura 1).

Figura 1: La agricultura presenta la menor productividad laboral, África 2023

Value added per worker across agriculture, industry and services in selected African countries, 2023 (US$ millions)

Algunos hechos contradictorios

  • África alberga el 60 por ciento de las tierras cultivables no explotadas del mundo [9]; sin embargo, la proporción de sus tierras agrícolas dedicadas efectivamente a la producción de cultivos sigue siendo baja, alrededor del 26 por ciento.
  • A pesar de tener la capacidad para producir sus propios alimentos y abastecer el mercado mundial, África es importadora neta de alimentos, con una factura media de importaciones netas de alimentos de 15 000 millones de dólares en 2023 (véase la figura 2).
  • El 64 por ciento del territorio africano está cubierto por cuerpos de agua dulce, lo que convierte al continente en una de las regiones con mayor potencial para la irrigación. No obstante, solo alrededor del 6 por ciento de sus tierras cultivables están irrigadas [10].

¿Cómo aprovechar este potencial para crear empleos decentes?

Aunque no existe una solución inmediata, analizar las exportaciones de África y sus sistemas agroalimentarios podría ofrecernos una pista sobre el camino a seguir.

Figura 2: África es importadora neta de alimentos, 2023

Motor del crecimiento industrial y de la diversificación de las exportaciones

Las exportaciones africanas siguen estando fuertemente concentradas en productos primarios en bruto o semielaborados, lo que limita su participación efectiva en las cadenas mundiales de valor. Aunque las exportaciones de minerales, combustibles, aceites y metales dominan el comercio exterior de algunas economías ricas en recursos, la agricultura constituye la mayor parte de las exportaciones en la mayoría de los países de la región.

Por ejemplo, la agricultura representa alrededor del 65 por ciento de los ingresos por exportaciones en el Mercado Común de África Oriental y Austral (COMESA) y una proporción similar del comercio en la Comunidad de África Oriental (EAC). En consecuencia, la agricultura sigue siendo esencial para el desarrollo industrial de estas regiones, ya que suministra más de la mitad de las materias primas utilizadas por la mayoría de las industrias.

Ello pone de relieve que la disminución de la participación del sector agrícola en el empleo, junto con su baja productividad y producción persistentes, ha tenido un impacto negativo en la productividad y el crecimiento del sector industrial. Estos problemas se agravan por cuestiones estructurales, como la insuficiencia de infraestructura y la escasa adopción de tecnología, que limitan la capacidad del sector industrial para generar empleos más productivos y mejorar la competitividad regional mediante la diversificación de productos y la mejora de la calidad.

En consecuencia, los esfuerzos de África hacia la transformación estructural y la generación de empleo deben mantener un equilibrio que permita sostener un crecimiento inclusivo, incluso en la agricultura, para favorecer sinergias viables dentro y entre los distintos sectores.

El ecosistema agroalimentario de África

Las estimaciones muestran que África tiene la mayor dependencia del sistema agroalimentario (SAA) para el sustento, con un 65,4 por ciento de su población activa vinculada al mismo, seguida de Asia (41,5 por ciento) y las Américas (22,4 por ciento) [11]. Sin embargo, el empleo en los SAA en África es altamente informal y la mayor parte del trabajo se realiza con fines de subsistencia.

Los resultados de la encuesta JobAgri indican que los segmentos superiores de las cadenas de valor agroalimentarias generan mayores beneficios económicos y empleos más productivos y decentes; sin embargo, representan una proporción mínima del empleo total del sector.

Por consiguiente, aprovechar con éxito el potencial agroalimentario para promover el empleo productivo exigirá transformar el sector, pasando de una lógica de subsistencia a un motor efectivo del crecimiento de las agroindustrias y de las empresas agrícolas.

Lograrlo requerirá estrategias para aumentar la productividad agrícola y abordar los déficits de trabajo decente, al mismo tiempo que se fortalece un ecosistema viable de pequeñas y medianas empresas (PYME) que garantice el abastecimiento agrícola y refuerce las cadenas de valor.

Una vía de política hacia adelante

La agricultura sigue siendo un pilar central del desarrollo socioeconómico de África, ya que representa más del 50 por ciento del empleo y el 17 por ciento del PIB. Sin embargo, para que la agricultura impulse efectivamente la transformación estructural deseada y un crecimiento generador de empleo, debe evolucionar de una estrategia de supervivencia a un verdadero motor de crecimiento inclusivo.

Para que la agricultura impulse efectivamente la transformación estructural deseada y un crecimiento generador de empleo, debe evolucionar de una estrategia de supervivencia a un verdadero motor de crecimiento inclusivo.

Esto significa mantener su relevancia no solo para la seguridad alimentaria, sino también como un sector dinámico capaz de crear puestos de trabajo de calidad y apoyar un progreso económico más amplio. Para lograrlo, se requieren políticas agrícolas y de empleo bien integradas que mejoren la productividad laboral y mantengan un buen equilibrio entre la oferta y la demanda del mercado laboral a medida que se desarrollan las economías africanas. Estos esfuerzos deben complementarse con políticas comerciales e industriales sólidas que fomenten vínculos fuertes entre los sectores y las cadenas de valor, a fin de impulsar eficazmente la productividad y la competitividad regionales para lograr un crecimiento económico productivo, inclusivo, sostenible y rico en empleo.

* Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la política o posición oficial de la OIT.

Sobre el autor

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Grace Gondwe, doctora en Economía del Desarrollo, cuenta con más de 17 años de experiencia en el análisis de políticas comerciales, sociales y económicas. En su calidad de funcionaria técnica en materia de empleo y mercados de trabajo en la OIT, brinda principalmente apoyo a los gobiernos africanos en la elaboración y aplicación de marcos integrales de empleo.

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