Beijing+30: Cumplir la promesa
Por qué siguen siendo importantes las políticas económicas con perspectiva de género
Treinta años después de que en Beijing se asumiera el compromiso mundial de promover los derechos de las mujeres, su situación sigue estando caracterizada por profundas desigualdades en términos de derechos, salarios y oportunidades de empleo. Valeria Esquivel, especialista en género y políticas de empleo de la OIT, explica cómo las políticas económicas con perspectiva de género pueden mejorar el nivel de empleo de las mujeres, crear más empleos decentes y construir economías más fuertes y equitativas para todas y todos.
7 de marzo de 2025
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Valeria EsquivelOIT Especialista en género y políticas de empleo
La Plataforma de Acción de Beijing, acordada hace 30 años, proporcionó un marco pionero para abordar las desigualdades de género y hacer realidad los derechos humanos de las mujeres y las niñas en todos los ámbitos, incluido el económico. Desde entonces, las economías alrededor del mundo han cambiado enormemente, pero la agenda económica que trazó la Plataforma de Acción sigue siendo profundamente relevante. No sólo porque no se ha logrado la igualdad entre mujeres y hombres – algunas brechas de género persisten y otras se están cerrando muy lentamente – sino porque las causas estructurales que explican la posición desventajosa de las mujeres en la economía continúan en su mayor parte inalteradas, al tiempo que han surgido nuevos y acuciantes desafíos. En la 69ª reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que se celebra este mes, los gobiernos se disponen a evaluar lo que se ha conseguido y lo que queda por hacer.
La revisión de Beijing +30 dibuja un panorama sombrío en lo que respecta a las mujeres y la economía
La revisión de Beijing +30 confirma la vigencia de la Plataforma de Acción de Beijing, acordada en 1995 para eliminar las barreras jurídicas, sociales y económicas que impiden a las mujeres y las niñas desarrollar todo su potencial. También evalúa los últimos 5 años (desde Beijing +25) para constatar que las mujeres siguen sufriendo las consecuencias de la pandemia del COVID-19 y sus secuelas; y que su tasa de empleo no se ha recuperado respecto a los años anteriores a la pandemia, con la excepción de los países de ingreso alto y la India (que impulsa el panorama, por lo demás negativo, de los países de ingreso medio bajo) (Figura 1). El empleo informal sigue constituyendo más de la mitad del empleo no agrícola para las mujeres en la mayoría de las regiones en desarrollo, y las brechas de ingresos entre hombres y mujeres persisten en todas partes. La segregación sectorial y ocupacional explica estos fenómenos, así como los altos niveles y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que limita la capacidad de las mujeres para incorporarse y permanecer en la fuerza de trabajo.
Además, han surgido nuevos retos, como la digitalización, la crisis climática y el aumento de la incertidumbre económica, que afectan especialmente a las mujeres de los países de ingreso bajo y medio. Estas crisis han hecho más difícil que nunca alcanzar la igualdad de género en estos países, ya que se prevé que cueste 6,4 billones de dólares anuales hasta 2030, o el 20,5 por ciento del PIB colectivo de 48 de estos países; una enormidad de recursos que estos países no están actualmente en condiciones de afrontar. De hecho, ocurre todo lo contrario: los crecientes niveles de deuda limitan las posibilidades que estos países tienen para implementar políticas públicas, en particular para crear empleos decentes e invertir en igualdad de género
Gráfico 1 Cambios en la relación empleo-población mundial, por edad y grupo de país por ingresos, 2019-2025
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Fuente: ILOSTAT, consultado en enero de 2025. Nota: Los datos para 2025 son una proyección. (Índice 2019=100)
Las políticas económicas con perspectiva de género son clave para revertir la situación actual
Para la mayoría de las mujeres, su posición económica depende de su participación en el empleo y de la calidad de los puestos de trabajo a los que tienen acceso; en otras palabras, de si se respetan los derechos de las mujeres al trabajo y en el trabajo. A veces, cuando estos derechos no son respetados, las políticas públicas se centran exclusivamente en las mujeres: por ejemplo, en si carecen de las cualificaciones, de los activos o del tiempo necesarios para participar en el mercado laboral. Pero este enfoque no es suficiente en ausencia de oportunidades de empleo decente. La creación de oportunidades de empleo decente para las mujeres es un poderoso punto de partida para revertir sus persistentes déficits de empleo decente, abordar la segregación sectorial y redistribuir el trabajo de cuidados no remunerado en consonancia con el marco de las 5R de la OIT.
Para la mayoría de las mujeres, su posición económica depende de su participación en el empleo y de la calidad de los puestos de trabajo a los que tienen acceso; en otras palabras, de si se respetan los derechos de las mujeres al trabajo y en el trabajo
¿Cómo podemos hacerlo? Hay tres prioridades de política económica con perspectiva de género que los países pueden aplicar:
Políticas sectoriales con perspectiva de género: Las políticas sectoriales pueden contribuir a abordar las desigualdades de género en la cantidad y la calidad del empleo, observables en los patrones de segregación de género que hacen que algunos sectores y ocupaciones estén “dominados” por mujeres y otros en los que hay altas proporciones de hombres. Las políticas sectoriales ayudan a identificar los sectores que maximicen las oportunidades de empleo decente para las mujeres, así como a eliminar las barreras que impiden a las mujeres entrar en sectores dinámicos y de alta productividad. Así se garantiza que las mujeres se beneficien realmente de las nuevas oportunidades de empleo que surgen, y que se tomen medidas para evitar o compensar las pérdidas de empleo que conllevan los procesos de transformación estructural, incluidas las transiciones verdes.
Inversiones públicas en servicios universales de cuidados: Invertir en servicios universales de cuidados -en atención a la salud, incluidos los cuidados de larga duración, y en educación, incluidos los cuidados y la educación de la primera infancia- contribuye a la inclusión económica de las mujeres al aliviar parte de su tiempo de trabajo no remunerado. También contribuye a crear trabajo decente para las y los trabajadores del cuidado, la mayoría de las cuales son mujeres, y por tanto a un crecimiento impulsado por la demanda y rico en empleo. Las inversiones en infraestructura básica son también importantes para reducir niveles excesivos de trabajo doméstico.
Políticas macroeconómicas con perspectiva de género: Estas políticas promueven explícitamente la igualdad de género incorporando objetivos relacionados con el género en las políticas fiscales, monetarias, cambiarias y de gestión de la deuda. Los presupuestos con perspectiva de género, la ampliación del espacio fiscal mediante la búsqueda de opciones de financiación con perspectiva de género y las políticas comerciales con perspectiva de género son algunos buenos ejemplos de estas políticas. Las mismas son un componente fundamental de los marcos de política de empleo coherentes, globales e integrales, funcionando en tándem con las políticas sectoriales, de formación y calificaciones y activas del mercado de trabajo, para producir resultados igualitarios desde el punto de vista del género.
A medida que nos acercamos a la revisión de Beijing +30 y a la identificación de prioridades de políticas para acelerar la aplicación de la Plataforma de Acción, estas políticas económicas con perspectiva de género serán cruciales para lograr el desarrollo inclusivo, la prosperidad compartida y el trabajo digno para todas y todos.
*Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la política o posición oficial de la OIT.
About the author
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Valeria EsquivelOIT Especialista en género y políticas de empleo
Valeria Esquivel lidera el Grupo de Género en el Empleo en el Servicio de Empleo, Mercados de Trabajo y Juventud (EMPLAB), en el Departamento Política de Empleo, Creación de Empleo y Medios de Vida de la OIT, apoyando la implementación de políticas de empleo con perspectiva de género. Coordinó por la OIT el Programa Conjunto ONU Mujeres-OIT Promover el empleo decente para las mujeres mediante políticas de crecimiento inclusivo e inversiones en cuidados. Valeria es una economista feminista con un número significativo de publicaciones sobre políticas macroeconómicas, sectoriales y del mercado laboral, así como sobre políticas de cuidados y trabajadores del cuidado.
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