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Sostenibilidad medioambiental y futuro del trabajo: una mirada desde la OIT y América Latina
Esta nota revisa la importante relación entre la sostenibilidad medioambiental y el mundo del trabajo, la cual se encuentra condicionada por los desequilibrios que surgen a partir de la actividad económica y los problemas medioambientales que ésta genera.
30 de octubre de 2019
Por Guillermo Montt, Especialista en Protección Social, OIT Cono Sur.
La OIT y la integración de la sostenibilidad medioambiental en el trabajo
Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible que plantea la Agenda 2030, al menos 6 de los 17 se relacionan con el medio ambiente. El desafío es grande y urgente. De no mediar acción inmediata, un futuro con cambio climático y deterioro ambiental podría ser catastrófico en algunas regiones, incluida América Latina y el Caribe. La sostenibilidad medioambiental es urgente también para el mundo del trabajo, pues el trabajo está íntimamente ligado al medio ambiente.
En el Centenario de la OIT se abre la oportunidad de pensar el futuro del trabajo y reconocer que este estará marcado por el deterioro medioambiental, el cambio climático y el desarrollo de economías sostenibles. Constituye también una ocasión para mirar hacia atrás y ver cómo y cuándo este reconocimiento se incorporó y se consolidó en la Organización.
La relación entre la sostenibilidad medioambiental y el mundo del trabajo resulta del desequilibrio que surge a partir de la actividad económica y los problemas medioambientales que esta genera. Sin embargo, el desequilibrio medioambiental estuvo ausente de la discusión en la primera mitad de la historia de la OIT, más allá de sus efectos directos sobre la salud y la seguridad de los trabajadores. Esta ausencia posiblemente se fundaba en la creencia de que el avance de la sostenibilidad y la protección del medio ambiente eran contrarios a la creación del trabajo (Zbyszewska, 2019).
Este escenario comenzó a cambiar a partir de la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano (1972) y, sobre todo, luego de Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992). A partir de entonces, la integración de temáticas laborales como la salud y la seguridad en el trabajo, la promoción del empleo y los derechos medioambientales en el lugar de trabajo comenzaron a aparecer en tratados medioambientales multilaterales. Con motivo del 75º aniversario de la OIT, Maurice Strong, ex Secretario General de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano y ex Secretario General Adjunto de Naciones Unidas, hizo un llamado a que la OIT integrara nociones medioambientales por su rol en la justicia social y su capacidad de guiar el desarrollo (Strong, 1994).
Así, hacia finales de los años ochenta y durante los años noventa, las Normas Internacionales del Trabajo comenzaron a incorporar temáticas medioambientales en Convenios y Recomendaciones. Los Convenios que promueven la salud y la seguridad en el trabajo previenen, aunque de manera indirecta, el daño al medio ambiente que resulta de los lugares de trabajo (Recomendación núm. 156, 1977, sobre el medio ambiente de trabajo en relación a los efectos de la contaminación del aire, el ruido y las vibraciones) y también se establecieron Convenios relativos al manejo de materiales potencialmente peligrosos. El Convenio núm. 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, 1989, reconoce el valor fundamental del medio ambiente para la identidad y la actividad de estos pueblos. Este Convenio fortalece el rol de los pueblos indígenas y tribales en el manejo del medio ambiente y provee un marco jurídico para evaluar el impacto ambiental de proyectos que los podrían afectar. Incluye también disposiciones para proteger y preservar el medio ambiente de los territorios que habitan estos pueblos. El Convenio núm. 174 sobre la Prevención de Accidentes Industriales Mayores, 1993, coloca la protección al medio ambiente al mismo nivel que la protección de los trabajadores y la comunidad.
Ya entrado el siglo XXI se consolidó la integración de temas medioambientales en el seno del trabajo de la OIT. La Organización comenzó a explorar los empleos que tienen un impacto negativo en el medio ambiente (OIT, 2012). El tema se discutió en la Conferencia Internacional del Trabajo en 2013 y 2017, en las que se desarticuló la noción de que la protección del medio ambiente es una amenaza para el trabajo. Es más, estas discusiones dejaron en claro que el avance de la sostenibilidad medioambiental puede ser una fuente que genere más empleos de los que se pierden y que el mundo del trabajo y el diálogo social pueden catalizar un cambio económico que avance sobre la sostenibilidad. El programa de Empleos Verdes de la OIT se constituyó para proveer asistencia técnica a países e identificar oportunidades de desarrollo de actividades que promuevan la sostenibilidad y la generación de empleo.
Los sindicatos de empresas extractivas y los gobiernos de los países que dependen de estas materias primas señalaron la necesidad de que cualquier transición debía proteger los derechos de trabajadores que se verían afectados negativamente. Así, reconociendo que este cambio económico provocaría pérdidas de empleo, en 2015 se publicaron las Directrices de política para una transición justa hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos (OIT, 2015). En OIT (2018b) se presentó evidencia empírica sobre la compatibilidad del trabajo decente y el avance de la sostenibilidad.
Una manifestación reciente de esta integración y del papel que la OIT puede desempeñar a nivel mundial es la incorporación de la idea de “transición justa” en el preámbulo del Acuerdo de París en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (2015) y el hecho de que en cada reunión de la Conferencia de las Partes (COP) se hace seguimiento a la transición justa. En la actualidad, la sostenibilidad medioambiental es un tema transversal a las acciones que realiza la OIT apoyando a países en su transición hacia la sostenibilidad para asegurar que sea justa, ya sea a través de proyectos de asistencia técnica directa a países o en el marco de Naciones Unidas, como es el caso del Partnership for Action on Green Economy (PAGE), o de la posición permanente que ocupa la OIT en las reuniones de la COP (OIT, 2017).
El cambio climático, el deterioro medioambiental y la transición hacia la sostenibilidad definirán el futuro del trabajo también en América Latina
El ritmo actual de uso de recursos y generación de desechos en América Latina y el Caribe requeriría de 1,6 planetas para ser sostenible. Esto significa que estamos usando los recursos de mañana para satisfacer el consumo de hoy. Esta insostenibilidad se observa en la acumulación de CO2 y otros gases de efecto invernadero que producen el cambio climático, en la contaminación del aire, de los suelos y del agua, en la pérdida sin precedentes de biodiversidad y en la sobreexplotación de recursos, entre otros problemas medioambientales con fuentes e implicancias tanto locales como globales.
Tal como el cambio demográfico y el cambio tecnológico, el futuro medioambiental determinará el futuro del trabajo. Esto es así porque el medio ambiente y el mundo del trabajo están íntimamente relacionados a través de al menos tres canales (Montt et al., 2018).
En primer lugar, en América Latina y el Caribe el trabajo de casi 65 millones de personas (alrededor de un 20% del empleo) depende de la capacidad del medio ambiente de purificar el agua y el aire, de regenerar los suelos y las poblaciones de flora y fauna, de controlar los flujos de agua y temperatura, entre muchos otros servicios ambientales. El deterioro ambiental, al alterar los procesos naturales, amenaza la provisión de estos servicios medioambientales y, consecuentemente, de los puestos de trabajo que dependen de ellos (por ejemplo, la sobreexplotación de recursos pesqueros imposibilita la recuperación de las poblaciones de peces; el cambio climático altera los patrones de lluvia y temperatura que afectan la actividad agrícola y silvícola) (CEPAL/OIT, 2018).
En segundo lugar, los desastres naturales significan pérdidas de vida y pérdidas materiales que afectan la productividad. El cambio climático provoca que las sequías, las tormentas, los episodios críticos de contaminación y otros desastres naturales sean más frecuentes y más agresivos, por lo que se espera que estas pérdidas aumenten en el futuro (OIT, 2018a, 2018b).
En tercer lugar, el deterioro ambiental acentúa la desigualdad porque la pérdida de servicios ambientales y los desastres naturales afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables, pues son las que más dependen de los servicios medioambientales para su subsistencia. De tal forma, el cambio climático y el deterioro ambiental se convierten en una amenaza para la justicia social al amplificar la desigualdad y acentuar la vulnerabilidad.
Dada la urgencia para avanzar hacia una sociedad medioambientalmente sostenible, surge la pregunta de cómo esta transición afectará el mundo del trabajo. Avanzar hacia la sostenibilidad requiere un cambio estructural en la economía que es equivalente, según algunos, a una revolución industrial. Como en toda transición y en todo cambio estructural, se crearán puestos de trabajo en actividades que promueven una economía sostenible (y en su cadena de valor) y se destruirán puestos de trabajo en actividades contaminantes o no sostenibles (y en su cadena de valor). Estimaciones de la OIT indican que la aplicación de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global a 2º C crearían un millón de empleos netos en América Latina y el Caribe de aquí a 2030 (CEPAL/OIT, 2018).
Una serie de políticas pueden contribuir a que todo avance en materia de sostenibilidad promueva la creación de empleo decente y proteja a los trabajadores que puedan verse perjudicados por eventuales pérdidas de empleo (CEPAL/OIT, 2018; OIT, 2018a, 2018b). Estas políticas incluyen:
• La incorporación sistemática de consideraciones laborales en procesos de adaptación y mitigación medioambiental (a través de tratados multilaterales o iniciativas nacionales como lo han hecho Corea del Sur o México).
• Políticas de protección social que amparen a hogares ante pérdidas de ingresos por fenómenos vinculados con el cambio climático (por ejemplo, como consecuencia de las sequías), o que ofrezcan transferencias condicionadas a la protección del entorno natural (pago por servicios ambientales, como algunos programas en Brasil o Costa Rica).
• Políticas de protección social para asegurar los ingresos y la transición a otros puestos de trabajo entre quienes puedan verse perjudicados por dicha transición (a través de políticas activas de empleo, servicios públicos de empleo y prestaciones por desempleo).
• Desarrollo de competencias para nutrir la demanda por nuevos puestos de trabajo (como lo han hecho Costa Rica, Guyana o Barbados para sostener actividades de reforestación, reconversión y eficiencia energética, protección y descontaminación de aguas, etc.).
• Incentivos y oportunidades para que las empresas adopten procesos medioambientalmente sostenibles que, a mediano y largo plazo, resultan rentables.
• El diálogo social puede ayudar a encontrar soluciones para mejorar la sostenibilidad dentro de la empresa y puede operar como mecanismo de supervisión (como ha sido el caso entre Petrobras e YPF y sus respectivos sindicatos).
Referencias bibliográficas
| Guillermo Montt |
Entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible que plantea la Agenda 2030, al menos 6 de los 17 se relacionan con el medio ambiente. El desafío es grande y urgente. De no mediar acción inmediata, un futuro con cambio climático y deterioro ambiental podría ser catastrófico en algunas regiones, incluida América Latina y el Caribe. La sostenibilidad medioambiental es urgente también para el mundo del trabajo, pues el trabajo está íntimamente ligado al medio ambiente.
En el Centenario de la OIT se abre la oportunidad de pensar el futuro del trabajo y reconocer que este estará marcado por el deterioro medioambiental, el cambio climático y el desarrollo de economías sostenibles. Constituye también una ocasión para mirar hacia atrás y ver cómo y cuándo este reconocimiento se incorporó y se consolidó en la Organización.
La relación entre la sostenibilidad medioambiental y el mundo del trabajo resulta del desequilibrio que surge a partir de la actividad económica y los problemas medioambientales que esta genera. Sin embargo, el desequilibrio medioambiental estuvo ausente de la discusión en la primera mitad de la historia de la OIT, más allá de sus efectos directos sobre la salud y la seguridad de los trabajadores. Esta ausencia posiblemente se fundaba en la creencia de que el avance de la sostenibilidad y la protección del medio ambiente eran contrarios a la creación del trabajo (Zbyszewska, 2019).
Este escenario comenzó a cambiar a partir de la Declaración de Estocolmo sobre el Medio Humano (1972) y, sobre todo, luego de Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992). A partir de entonces, la integración de temáticas laborales como la salud y la seguridad en el trabajo, la promoción del empleo y los derechos medioambientales en el lugar de trabajo comenzaron a aparecer en tratados medioambientales multilaterales. Con motivo del 75º aniversario de la OIT, Maurice Strong, ex Secretario General de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Humano y ex Secretario General Adjunto de Naciones Unidas, hizo un llamado a que la OIT integrara nociones medioambientales por su rol en la justicia social y su capacidad de guiar el desarrollo (Strong, 1994).
Así, hacia finales de los años ochenta y durante los años noventa, las Normas Internacionales del Trabajo comenzaron a incorporar temáticas medioambientales en Convenios y Recomendaciones. Los Convenios que promueven la salud y la seguridad en el trabajo previenen, aunque de manera indirecta, el daño al medio ambiente que resulta de los lugares de trabajo (Recomendación núm. 156, 1977, sobre el medio ambiente de trabajo en relación a los efectos de la contaminación del aire, el ruido y las vibraciones) y también se establecieron Convenios relativos al manejo de materiales potencialmente peligrosos. El Convenio núm. 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, 1989, reconoce el valor fundamental del medio ambiente para la identidad y la actividad de estos pueblos. Este Convenio fortalece el rol de los pueblos indígenas y tribales en el manejo del medio ambiente y provee un marco jurídico para evaluar el impacto ambiental de proyectos que los podrían afectar. Incluye también disposiciones para proteger y preservar el medio ambiente de los territorios que habitan estos pueblos. El Convenio núm. 174 sobre la Prevención de Accidentes Industriales Mayores, 1993, coloca la protección al medio ambiente al mismo nivel que la protección de los trabajadores y la comunidad.
Ya entrado el siglo XXI se consolidó la integración de temas medioambientales en el seno del trabajo de la OIT. La Organización comenzó a explorar los empleos que tienen un impacto negativo en el medio ambiente (OIT, 2012). El tema se discutió en la Conferencia Internacional del Trabajo en 2013 y 2017, en las que se desarticuló la noción de que la protección del medio ambiente es una amenaza para el trabajo. Es más, estas discusiones dejaron en claro que el avance de la sostenibilidad medioambiental puede ser una fuente que genere más empleos de los que se pierden y que el mundo del trabajo y el diálogo social pueden catalizar un cambio económico que avance sobre la sostenibilidad. El programa de Empleos Verdes de la OIT se constituyó para proveer asistencia técnica a países e identificar oportunidades de desarrollo de actividades que promuevan la sostenibilidad y la generación de empleo.
Los sindicatos de empresas extractivas y los gobiernos de los países que dependen de estas materias primas señalaron la necesidad de que cualquier transición debía proteger los derechos de trabajadores que se verían afectados negativamente. Así, reconociendo que este cambio económico provocaría pérdidas de empleo, en 2015 se publicaron las Directrices de política para una transición justa hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos (OIT, 2015). En OIT (2018b) se presentó evidencia empírica sobre la compatibilidad del trabajo decente y el avance de la sostenibilidad.
Una manifestación reciente de esta integración y del papel que la OIT puede desempeñar a nivel mundial es la incorporación de la idea de “transición justa” en el preámbulo del Acuerdo de París en virtud de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (2015) y el hecho de que en cada reunión de la Conferencia de las Partes (COP) se hace seguimiento a la transición justa. En la actualidad, la sostenibilidad medioambiental es un tema transversal a las acciones que realiza la OIT apoyando a países en su transición hacia la sostenibilidad para asegurar que sea justa, ya sea a través de proyectos de asistencia técnica directa a países o en el marco de Naciones Unidas, como es el caso del Partnership for Action on Green Economy (PAGE), o de la posición permanente que ocupa la OIT en las reuniones de la COP (OIT, 2017).
El cambio climático, el deterioro medioambiental y la transición hacia la sostenibilidad definirán el futuro del trabajo también en América Latina
El ritmo actual de uso de recursos y generación de desechos en América Latina y el Caribe requeriría de 1,6 planetas para ser sostenible. Esto significa que estamos usando los recursos de mañana para satisfacer el consumo de hoy. Esta insostenibilidad se observa en la acumulación de CO2 y otros gases de efecto invernadero que producen el cambio climático, en la contaminación del aire, de los suelos y del agua, en la pérdida sin precedentes de biodiversidad y en la sobreexplotación de recursos, entre otros problemas medioambientales con fuentes e implicancias tanto locales como globales.
Tal como el cambio demográfico y el cambio tecnológico, el futuro medioambiental determinará el futuro del trabajo. Esto es así porque el medio ambiente y el mundo del trabajo están íntimamente relacionados a través de al menos tres canales (Montt et al., 2018).
En primer lugar, en América Latina y el Caribe el trabajo de casi 65 millones de personas (alrededor de un 20% del empleo) depende de la capacidad del medio ambiente de purificar el agua y el aire, de regenerar los suelos y las poblaciones de flora y fauna, de controlar los flujos de agua y temperatura, entre muchos otros servicios ambientales. El deterioro ambiental, al alterar los procesos naturales, amenaza la provisión de estos servicios medioambientales y, consecuentemente, de los puestos de trabajo que dependen de ellos (por ejemplo, la sobreexplotación de recursos pesqueros imposibilita la recuperación de las poblaciones de peces; el cambio climático altera los patrones de lluvia y temperatura que afectan la actividad agrícola y silvícola) (CEPAL/OIT, 2018).
En segundo lugar, los desastres naturales significan pérdidas de vida y pérdidas materiales que afectan la productividad. El cambio climático provoca que las sequías, las tormentas, los episodios críticos de contaminación y otros desastres naturales sean más frecuentes y más agresivos, por lo que se espera que estas pérdidas aumenten en el futuro (OIT, 2018a, 2018b).
En tercer lugar, el deterioro ambiental acentúa la desigualdad porque la pérdida de servicios ambientales y los desastres naturales afectan especialmente a las poblaciones más vulnerables, pues son las que más dependen de los servicios medioambientales para su subsistencia. De tal forma, el cambio climático y el deterioro ambiental se convierten en una amenaza para la justicia social al amplificar la desigualdad y acentuar la vulnerabilidad.
Dada la urgencia para avanzar hacia una sociedad medioambientalmente sostenible, surge la pregunta de cómo esta transición afectará el mundo del trabajo. Avanzar hacia la sostenibilidad requiere un cambio estructural en la economía que es equivalente, según algunos, a una revolución industrial. Como en toda transición y en todo cambio estructural, se crearán puestos de trabajo en actividades que promueven una economía sostenible (y en su cadena de valor) y se destruirán puestos de trabajo en actividades contaminantes o no sostenibles (y en su cadena de valor). Estimaciones de la OIT indican que la aplicación de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el calentamiento global a 2º C crearían un millón de empleos netos en América Latina y el Caribe de aquí a 2030 (CEPAL/OIT, 2018).
Una serie de políticas pueden contribuir a que todo avance en materia de sostenibilidad promueva la creación de empleo decente y proteja a los trabajadores que puedan verse perjudicados por eventuales pérdidas de empleo (CEPAL/OIT, 2018; OIT, 2018a, 2018b). Estas políticas incluyen:
• La incorporación sistemática de consideraciones laborales en procesos de adaptación y mitigación medioambiental (a través de tratados multilaterales o iniciativas nacionales como lo han hecho Corea del Sur o México).
• Políticas de protección social que amparen a hogares ante pérdidas de ingresos por fenómenos vinculados con el cambio climático (por ejemplo, como consecuencia de las sequías), o que ofrezcan transferencias condicionadas a la protección del entorno natural (pago por servicios ambientales, como algunos programas en Brasil o Costa Rica).
• Políticas de protección social para asegurar los ingresos y la transición a otros puestos de trabajo entre quienes puedan verse perjudicados por dicha transición (a través de políticas activas de empleo, servicios públicos de empleo y prestaciones por desempleo).
• Desarrollo de competencias para nutrir la demanda por nuevos puestos de trabajo (como lo han hecho Costa Rica, Guyana o Barbados para sostener actividades de reforestación, reconversión y eficiencia energética, protección y descontaminación de aguas, etc.).
• Incentivos y oportunidades para que las empresas adopten procesos medioambientalmente sostenibles que, a mediano y largo plazo, resultan rentables.
• El diálogo social puede ayudar a encontrar soluciones para mejorar la sostenibilidad dentro de la empresa y puede operar como mecanismo de supervisión (como ha sido el caso entre Petrobras e YPF y sus respectivos sindicatos).
Referencias bibliográficas
- CEPAL/OIT (2018). “Sostenibilidad medioambiental con empleo en América Latina y el Caribe”, en Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, Nº 19, Santiago. Disponible en: https://www.ilo.org/santiago/publicaciones/coyuntura-laboral-am%C3%A9ri…
- Montt, G., M. Harsdorff y F. Fraga (2018). “The future of work in a changing natural environment: Climate change, degradation and sustainability”, en ILO Future of Work Research Paper Series, Nº 4, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/global/topics/future-of-work/publications/research-…
- OIT (2018a). Adaptación al cambio climático impacto y su impacto sobre el empleo, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_emp/documents/publicatio…
- OIT (2018b). Sostenibilidad medioambiental con empleo. Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/global/research/global-reports/weso/greening-with-j…
- OIT (2017). “Trabajo y cambio climático: La iniciativa verde”, en Documento de la Conferencia Internacional del Trabajo, Memoria del Director General, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/106/reports/reports-to-the-conferen…
- OIT (2015). Directrices de política para una transición justa hacia economías y sociedades ambientalmente sostenibles para todos, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/global/topics/green-jobs/publications/WCMS_432865/l…
- OIT (2013). “El desarrollo sostenible, el trabajo decente y los empleos verdes”, en Documento de la Conferencia Internacional del Trabajo, Informe V, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/ilc/ILCSessions/102/reports/reports-submitted/WCMS_…
- OIT (2012). Hacia el desarrollo sostenible. Oportunidades para el trabajo decente e inclusión social en una economía verde, Ginebra. Disponible en: https://www.ilo.org/global/publications/ilo-bookstore/order-online/book…
- Strong, M. (1994). “Medio ambiente y desarrollo sostenible”, en Pensamientos sobre el porvenir de la justicia social: Ensayos con motivo del 75º aniversario de la OIT, Ginebra, OIT.
- Zbyszewska, A. (2019). “Labor law for a warming world? Exploring the intersections of work regulation and environmental sustainability: An introduction”, en Comparative Labor Law & Policy Journal, vol. 40, Nº 1, pp. 101-107. Disponible en: https://cllpj.law.illinois.edu/archive/vol_40/