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Impactos del calor extremo en la salud de las personas trabajadoras e importancia de las políticas de prevención

“Si bien la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo prioridad mundial, también se necesitan políticas nacionales que establezcan medidas preventivas eficaces en los entornos laborales a fin de proteger a los trabajadores de los impactos del cambio climático en su salud y de asegurar la sostenibilidad de las empresas”, afirma Carmen Bueno, de OIT Cono Sur, en este artículo.

Opinión | 2 de febrero de 2024
Por Carmen Bueno, Especialista en Seguridad y Salud en el Trabajo. OIT Cono Sur

El cambio climático está provocando fenómenos meteorológicos y climáticos extremos en todas las regiones del mundo, como lo demuestra el aumento de la frecuencia y la gravedad de las olas de calor, pero también las fuertes precipitaciones, las sequías y los ciclones tropicales (IPCC, 2021).1

Las personas trabajadoras son las primeras en estar expuestas al estrés térmico, a menudo durante períodos más largos y en niveles más altos que la población general. Entre otras, las consecuencias directas de esta exposición sobre la salud pueden manifestarse de inmediato en forma de mareo, fatiga, función cerebral reducida, insolación, síncope por calor y rabdomiólisis, habiéndose registrado incluso casos de fallecimiento por golpe de calor. Además, y debido a los anteriores episodios, una exposición prolongada a altas temperaturas puede aumentar el riesgo de ocurrencia de accidentes del trabajo.

A largo plazo, una exposición crónica al calor en los entornos laborales puede ocasionar enfermedades cardiovasculares y renales, cáncer, afecciones respiratorias y problemas de salud mental.

Los grupos más vulnerables de trabajadores afectados por este riesgo serán aquellos que trabajan al aire libre y en actividades físicamente exigentes como construcción, agricultura, transporte y reparto, pesca y silvicultura, entre otros. También aquellos que trabajan en ambientes interiores calurosos que carecen de condiciones de ventilación y climatización adecuadas, como plantas de fabricación y almacenes. Especial preocupación ofrecen ciertos colectivos como las trabajadoras embarazadas, los adultos mayores, las personas con discapacidad, los trabajadores estacionales y ocasionales, los ocupados en micro y pequeñas empresas y los del sector informal.

Los impactos negativos del cambio climático también pueden incluir pérdidas de empleo, daños a los activos empresariales e interrupciones de negocios, disminución de la productividad laboral y migraciones forzadas. La productividad laboral se reduce a altas temperaturas porque hace demasiado calor para trabajar o porque los trabajadores tienen que trabajar a un ritmo más lento. Las previsiones indican que en 2030 se perderá el equivalente a más del 2 por ciento del total de horas de trabajo en todo el mundo, lo que supone una pérdida de productividad equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo y una reducción del PIB mundial en 2.400 millones de dólares (OIT, 2019).

Si bien la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero mediante estrategias de mitigación como las descritas en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) sigue siendo una prioridad mundial, también se necesitan políticas nacionales de adaptación que establezcan medidas preventivas eficaces en los entornos laborales a fin de proteger a los trabajadores de los impactos del cambio climático en su salud y de asegurar la sostenibilidad de las empresas. El papel del diálogo social tripartito y bipartito será crucial para avanzar en este sentido.

Algunos países ya han avanzado en la formulación de estas políticas y medidas, por ejemplo, mediante la fijación de las temperaturas máximas permitidas en los entornos laborales. Por ejemplo, en Brasil el trabajo debe suspenderse cuando la temperatura del globo húmedo (WBGT) alcance 29,4 °C para trabajos de baja intensidad, 27,3 °C para trabajos de intensidad moderada, 26,0 °C para trabajos de alta intensidad y 24,7 °C para trabajos de muy alta intensidad.

En otros casos, las legislaciones nacionales han establecido medidas a adoptar por las empresas frente al riesgo laboral de exposición al estrés térmico. Por ejemplo, en 2015, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de Costa Rica, junto con el Ministerio de Salud, adoptaron una regulación dirigida a proteger a los trabajadores al aire libre del estrés por calor, la cual exige que los empleadores implementen medidas de protección, como la formación de sus trabajadores sobre los efectos del estrés por calor en la salud, el suministro de equipos de protección personal, el tiempo de aclimatación, el suministro de bebidas rehidratantes, la garantía de áreas sombreadas para descansar y el control de la función hepática en los programa de vigilancia de la salud ocupacional.

En España, tras varios casos de fallecimientos de trabajadores de limpieza municipal acaecidos en 2023, se introdujeron medidas urgentes de prevención de riesgos laborales en episodios de elevadas temperaturas, incluyendo la restricción de ciertas tareas durante condiciones climáticas extremas.2 La norma de México prohíbe explícitamente la asignación de trabajadoras embarazadas a tareas en ambientes con condiciones térmicas inadecuadas o condiciones exteriores extremas que representen riesgos significativos para su salud.

En Chile, la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO) instruyó a los organismos administradores sobre la adopción de medidas preventivas contra la exposición a altas temperaturas en el lugar de trabajo, incluyendo: i) capacitación sobre los efectos en la salud de los eventos de altas temperaturas y temperaturas extremadamente altas; ii) elaboración e implementación de un Plan de Emergencia y Contingencia para la gestión de riesgos por exposición a altas temperaturas y temperaturas extremadamente altas que incluya: la identificación y evaluación del riesgo y de los principales trastornos y enfermedades asociadas; la identificación de grupos de riesgo o personas especialmente sensibles; y las medidas preventivas a implementar por las empresas, priorizando las medidas de ingeniería (sombreado, ventilación natural y/o aire acondicionado) administrativas (planificación de jornadas de trabajo y trabajos con alta demanda física, rotación de tareas, pausas laborales, periodos de descanso e hidratación, etc.), protección personal y evaluaciones de salud temprana; y iii) elaboración y difusión de material informativo.3

Junto a lo anterior, la Dirección del Trabajo (DT) emitió un dictamen interpretativo que establece el alcance de estas obligaciones de los empleadores respecto de la protección contra la exposición a altas temperaturas y temperaturas extremas, implementando desde diciembre de 2023, un programa de inspección para verificar el cumplimiento de estas medidas.


1.Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC)
2.Real Decreto-Ley 4/2023, de 11 de mayo
3.Dictamen O-02-S-01632-2023