Juventud y migración

Los jóvenes migrantes constituyen más del 10 por ciento de los 232 millones de migrantes internacionales en general, y, siendo el grupo social con mayor movilidad, constituyen el grueso de los desplazamientos anuales de migración. La migración internacional representa una oportunidad para que los jóvenes consigan una vida mejor para sí y para sus familias, concreten aspiraciones educativas, mejoren sus competencias y perspectivas profesionales, o satisfagan el deseo de desarrollo personal que propician las aventuras y los problemas de vivir en el extranjero; sin embargo, la migración de los jóvenes se produce en un contexto de elevado desempleo juvenil y de falta de creación de empleos dignos en el país de origen. La tasa de desempleo entre los jóvenes duplica, como mínimo, la tasa general de desempleo, y se calcula que 73 millones de jóvenes no tienen trabajo, según la edición más reciente de Tendencias Mundiales del Empleo Juvenil, de la OIT. Esta es la lamentable causa de que muchos jóvenes migrantes con frecuencia queden atrapados en trabajos donde se les explota y maltrata, incluido el trabajo forzoso. Además, con demasiada frecuencia –y al igual que otros inmigrantes– se convierten en chivos expiatorios de las deficiencias de los sistemas sociales y económicos.

Cuando los jóvenes emigran en condiciones de libertad, dignidad, equidad y seguridad, pueden impulsar el desarrollo económico y social, tanto de los países de origen como de destino. Por lo tanto, la OIT trabaja con todos los actores interesados –incluyendo los propios jóvenes– en asociaciones de base amplia que permitan facilitar el diálogo social, el intercambio de buenas prácticas, y la formación, con la mira puesta en lograr mejores empleos y mayor coherencia entre las políticas sobre migración laboral, que promuevan el trabajo decente para los jóvenes migrantes.