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La COVID-19 muestra por qué las trabajadoras domésticas necesitan los mismos derechos y protecciones que los demás

La pandemia de la COVID-19 ha tenido una repercusión devastadora en los medios de vida de las trabajadoras domésticas.

Opinión | 16 de junio de 2020
Liliam Marrero, Secretaria General de UNFETRAH-FENAMUTRA *
A mí la COVID-19 me ha perjudicado muchísimo. Soy trabajadora doméstica y cuidadora desde siempre. Cuidé durante más de siete años a una mujer de 95 años en Santo Domingo (República Dominicana), pero ahora estoy en cuarentena en casa y sin salario. Mi empleadora me despidió sin indemnizarme porque no podía pagarme.

Sé que el impacto de la COVID-19 en las trabajadoras domésticas de la República Dominicana ha sido sumamente traumático.

Desde que me levanto, escucho los mensajes de nuestras afiliadas, sus necesidades, sus preocupaciones y su sufrimiento. Con las compañeras estamos en comunicación a través de grupos de WhatsApp. Como dirigente sindical, mi trabajo diario se ha triplicado porque las necesidades y los requerimientos de las afiliadas han aumentado. Nuestras responsabilidades con respecto a ellas se han ampliado para atender cuestiones de salud y necesidades básicas, como alimentos y atención. Hemos movilizado la ayuda de otras instituciones y de iglesias. Hemos organizado a las integrantes del Comité Ejecutivo para que se ocupen de la entrega de alimentos, jabón, desinfectante de manos y pasta dental para los niños en un barrio en el que viven muchas trabajadoras domésticas.

Trabajadora doméstica, Papúa Nueva Guinea © A. Mirza / ILO
Me preocupan principalmente aquellas personas que podrían estar infectadas pero que no tienen posibilidades de que se les haga la prueba. Este análisis [de detección de la COVID-19] es caro; cuesta más de 5000 pesos dominicanos (86 dólares estadounidenses). Es más o menos la mitad del salario de una empleada doméstica aquí. En el marco de un programa gubernamental denominado “Quédate en casa”, se concedió a las trabajadoras domésticas algo de ayuda a los ingresos, pero mi sindicato estima que solo el 40 por ciento de las trabajadoras han podido percibirla. Por lo tanto, temo que estas personas queden libradas a su suerte.

Otra inquietud tiene que ver con los problemas económicos que las familias y los hijos de las trabajadoras domésticas afrontan. Todos los días recibo llamadas telefónicas de afiliadas que me cuentan que no tienen alimentos suficientes. Como si esto fuera poco, no pueden salir a buscar un nuevo trabajo, pues muchos empleadores no quieren que el personal de asistencia entre en la casa.

Estas preocupaciones aumentan día a día, pues pronto no tendrán ni alimentos ni ahorros.

Mi sindicato es fuerte, y nuestro empeño es incluso mayor. No podemos permitir que nuestras afiliadas contraigan la COVID-19 porque es muy probable que no se la diagnostiquen ni reciban tratamiento. Nuestra estrategia es la prevención y la información sobre cómo preservar la propia salud.

También tenemos que luchar por la protección social. Estábamos avanzando mucho en la obtención de la protección social para nuestro sector, y ya comenzábamos a ver resultados, pero todo está estancado.

Aquí en la República Dominicana, el Gobierno ha ratificado el Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, que defiende el trabajo digno. Sin embargo, la COVID-19 ha puesto de manifiesto las necesidades que tiene nuestro sector. Para que nuestras trabajadoras no vuelvan a verse nunca más en una situación como esta, necesitamos leyes que den efectividad a los derechos y las protección que el Convenio núm. 189 nos concede. Queremos que se nos concedan los derechos laborales y las protecciones de los que gozan otros trabajadores.

* El sindicato Unión Nacional FENAMUTRA de Trabajadoras del Hogar, representa a 1200 trabajadoras domésticas de la República Dominicana, incluidas trabajadoras domésticas inmigrantes de Haití.