Opinión

Trabajar para un futuro más prometedor

Tras la publicación del informe de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, los Copresidentes, el Presidente Cyril Ramaphosa de Sudáfrica y el Primer Ministro Stefan Löfven de Suecia, explican por qué debemos renovar el contrato social y crear un futuro más prometedor, con seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social.

Opinión | 29 de enero de 2019
Por los copresidentes de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo: Cyril Ramaphosa, Presidente de Sudáfrica y Stefan Löfven, Primer Ministro de Suecia

Nos encontramos en una encrucijada. El mundo del trabajo experimenta cambios abruptos.

Los progresos tecnológicos transforman la naturaleza de muchos empleos y generan la necesidad de nuevas competencias. Para responder al desafío del cambio climático, la urgente e indispensable ecologización de las economías debería aportar nuevas posibilidades de empleo. El aumento de la población juvenil en algunas regiones del mundo y el envejecimiento de la población, en otras, pueden afectar los mercados laborales y los sistemas de seguridad social.

Por una parte, hay grandes oportunidades, no solo para crear empleos, sino también para mejorar la calidad de nuestra vida profesional. Para esto es preciso revitalizar el contrato social a fin de garantizar a todos una participación justa en la economía mundial.

Por otra parte, si no somos capaces de preparamos adecuadamente para los próximos desafíos, nos dirigiremos hacia un mundo en el que aumentarán las desigualdades y las incertidumbres.

Los desafíos son complejos. En calidad de copresidentes de la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, con nuestros colegas miembros de la Comisión – destacadas personalidades del mundo empresarial y laboral, grupos de reflexión, organizaciones gubernamentales y no gubernamentales – hemos estudiado las opciones que debemos tomar si queremos hacer frente a los desafíos que estas trasformaciones están planteando al mundo del trabajo e instaurar la justicia social.

Hacemos un llamado a favor de un enfoque nuevo, centrado en las personas, que permita a todo el mundo prosperar en una era digital, sin emisiones de carbono, y que ofrezca dignidad, seguridad e igualdad de oportunidades. Este enfoque, además, debe responder a las necesidades y los desafíos que enfrentan las empresas y garantizar un crecimiento económico sostenible.

Tenemos la oportunidad de mejorar la calidad de vida de los trabajadores, ampliar las opciones disponibles, reducir la desigualdad de género y revertir los efectos devastadores causados por las desigualdades a nivel mundial. Pero se necesitará una acción comprometida por parte de los gobiernos y de los interlocutores sociales para transformar estas oportunidades en realidad.

¿Cómo logramos esto? Es necesario incrementar las inversiones en tres ámbitos:

En primer lugar, tenemos que invertir más en las capacidades de las personas. Se trata de establecer un sistema de aprendizaje a lo largo de la vida que permita a las personas adquirir competencias, perfeccionarlas y reciclarse profesionalmente. Un sistema que englobe el aprendizaje desde la primera infancia y la educación básica hasta la formación de los adultos. Se trata, además, de invertir en las instituciones que apoyen a las personas durante las transiciones en su vida profesional; desde los recién diplomados hasta los trabajadores mayores. También es indispensable hacer realidad la igualdad de género y proporcionar protección social desde el nacimiento hasta la vejez. Estas inversiones sociales no solo contribuirán a mejorar la productividad, sino que también permitirán un crecimiento más inclusivo, donde los trabajadores y las empresas del sector informal puedan contribuir con una economía formal saludable y beneficiarse de ella.

En segundo lugar, es necesario invertir más en las instituciones del trabajo, incluido el establecimiento y puesta en práctica de una garantía laboral universal. Esto permitirá que todos los trabajadores disfruten de los derechos fundamentales del trabajo, un “salario vital adecuado”, limitación de la jornada laboral y lugares de trabajo seguros y saludables. Además, las personas necesitan tener un mayor control sobre su tiempo de trabajo – sin dejar de satisfacer las necesidades de las empresas – de manera que puedan cumplir con todas sus responsabilidades y desarrollar sus capacidades. Es necesario promover activamente la representación colectiva a través del diálogo social entre los trabajadores y los empleadores. Con frecuencia, los trabajadores de la economía informal han mejorado sus condiciones de trabajo organizándose. Los sindicatos deben facilitar la afiliación de los trabajadores del sector informal, ya sea que trabajen en la economía rural, en las calles de las ciudades de un país emergente o en una plataforma digital. Este es un paso decisivo hacia la formalización y una herramienta de inclusión.

Hacemos también un llamado a favor de sistemas de gobernanza de las plataformas digitales de trabajo que garanticen que estas plataformas y sus clientes respeten ciertas normas mínimas.

En fin, debemos invertir más en el trabajo decente y sostenible. Esto incluye incentivos que promuevan inversiones en áreas clave, como la economía del cuidado, la economía verde y la economía rural, así como en las infraestructuras físicas y digitales de alta calidad. Es necesario remodelar las estructuras de incentivos para el sector privado a fin de estimular estrategias de inversión a largo plazo, centradas en las personas, en las empresas. Esto incluye políticas fiscales justas y mejores normativas contables empresariales. Es necesario explorar nuevos modos de medir el desarrollo de los países que permitan evaluar los principales aspectos del progreso económico y social.

Más allá de estas inversiones indispensables, se nos ofrece otra oportunidad: colocar las discusiones sobre el futuro del trabajo en el centro de los debates económicos y sociales que tienen lugar en las altas esferas internacionales. Esto podría revitalizar el sistema multilateral en momentos en que muchos cuestionan su legitimidad y efectividad.

Sin embargo, nada de esto ocurrirá por sí solo. Tenemos que aprovechar las oportunidades para revitalizar el contrato social y construir un futuro más prometedor al garantizar seguridad económica, igualdad de oportunidades y justicia social y, en definitiva, reforzar el tejido de nuestras sociedades.


La Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo es un órgano independiente creado en 2017 por la Organización Internacional del Trabajo a fin de llevar a cabo un examen en profundidad del futuro del trabajo. Su informe, presentado el 22 de enero de 2019, marca el inicio del año del centenario de la OIT.