Seminario “Condiciones laborales de las mujeres temporeras en la agricultura: Argentina, Brasil y Chile. Perspectivas regionales”
19 de enero de 2012
Inauguración del seminario sobre “Condiciones laborales de las mujeres temporeras en la agricultura: Argentina, Brasil y Chile. Perspectivas regionales”
Por Elizabeth Tinoco, Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe
• A pesar del retroceso que ha experimentado la pobreza en la última década en América Latina, la situación del empleo en el sector rural plantea un desafío político importante en la región. Uno de cada cinco habitantes reside en áreas rurales, donde se concentra más del treinta por ciento de la población que vive en condiciones de pobreza.
• En los últimos años se ha incorporado un número creciente de mujeres al trabajo agrícola, muchas, como trabajadoras agrícolas asalariadas. Particularmente son las mujeres las que predominan en la economía informal rural, en condiciones laborales precarias, donde la pobreza es persistente y las desigualdades de género limitantes, pero también son ellas las que han contribuido al crecimiento económico y a la superación de la pobreza.
• Difícilmente lograremos superar la pobreza y luchar contra la desigualdad si no enfrentamos el desafío de mejorar las condiciones de vida y calidad del trabajo en el medio rural. Y eso pasa por políticas públicas que contribuyan a elevar el potencial de la mujer rural, su calificación ocupacional , nivel educativo y organizativo, abriendo también otros ámbitos de desarrollo a través del diálogo social, el acceso al crédito y el autoempleo. Se trata, en definitiva, de abrir nuevos espacios para el trabajo decente y la justicia social.
• Debido a la vital importancia de las áreas rurales en los desafíos de superación de la pobreza y los déficits de Trabajo Decente en América Latina hemos suscrito un acuerdo entre la Oficina regional de la OIT y la Oficina Regional de la FAO, para desarrollar una estrategia de cooperación en 3 grandes áreas: generación de datos estadísticos sobre los mercados laborales rurales y el empleo agrícola; análisis y recomendaciones de políticas sobre el funcionamiento de los mercados del trabajo y la pobreza rural; y estudios sobre las condiciones de trabajo de las mujeres y su vinculación con la pobreza y los patrones de género.
• Un informe conjunto de FAO, CEPAL y OIT indica que la proporción de población rural en América Latina es cercana al 22 por ciento, que equivale a unas 120 millones de personas.
• Por otro lado, más de la mitad de la población rural de América Latina (53%) vivía en el 2009 en la pobreza, y un 30 por ciento en la indigencia, muy por encima del 28% y 9% que se registra en las áreas urbanas en 2009,como se indica en el Panorama Laboral que acabamos de publicar en la OIT.
• La lucha contra la pobreza rural implica abordar serios déficits de trabajo decente: Aunque las tasas de desempleo suelen ser bajas hay evidentes signos de precariedad en los empleos, lo cual se ve reflejado en ingresos bajos, baja productividad, escasa cobertura de la seguridad social, subutilización de la mano de obra, y ausencia de derechos laborales, entre otros. En la mayoría de los países, hay muchos trabajadores y trabajadoras por cuenta propia y familiares en el campo.
• En este escenario ha habido una importante incorporación de las mujeres al mercado de trabajo rural.
• Su participación laboral aumentó 44 por ciento en 15 años, y los últimos indicadores de la tasa de actividad la situaban en 48,7%. Aún es más baja que la de los hombres de 85,1%, aunque la diferencia también se explica por la dificultad para registrar y diferenciar el trabajo doméstico del productivo en el medio rural, así como el trabajo de las mujeres temporeras, que es el tema que nos convoca en este encuentro.
• La integración de la agricultura a la economía globalizada generó un cambio muy importante en este sector. El auge de las exportaciones de numerosos productos que se cultivan en nuestra región ha abierto el camino para la contratación de gran número de trabajadores, en muchos casos mujeres. Sin duda, esto ha cambiado el panorama del trabajo en las zonas rurales.
• Es indudable que ha permitido mejorar los ingresos de las mujeres que trabajan en condición de temporeras y que este es un factor importante en la lucha contra la pobreza.
• Pero, nuevamente, está planteado el desafío de las condiciones de trabajo, además de que se trata de un trabajo temporal, intermitente, a menudo asociado a fenómenos como la tercerización de mano de obra, y a corrientes migratorias estrechamente vinculadas a los ciclos de las cosechas o las necesidades de empaque para la exportación. Esta integración laboral con un carácter intermitente coexiste con los altos niveles de pobreza de sus hogares. Se trata de los “pobres que trabajan” (working poor), o pobreza asalariada.
• Los estudios sobre las condiciones laborales de las mujeres temporeras en la agricultura en Argentina, Brasil y Chile, que se presentarán y discutirán durante estos dos días en este seminario son relevantes para el diseño de políticas públicas y la generación de espacios de diálogo social. Políticas que permitan superar la alta informalidad, contribuir al fortalecimiento de la institucionalidad laboral, de las organizaciones de empleadores y de trabajadores y la negociación colectiva.
• Así se podrán construir los consensos necesarios para avanzar hacia mayores niveles de trabajo decente y justicia social.
• La OIT ha participado con entusiasmo en este proyecto liderado por la FAO y en el cual también está la CEPAL, asumiendo que nuestro compromiso con la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en la agricultura y las áreas rurales pasa no solo por la creación de más empleo, sino por el mejoramiento de sus condiciones de trabajo. O sea, por la generación de trabajo decente.
• Profundizar esta reflexión en el contexto latinoamericano es necesario para incorporar nuevas dimensiones al debate sobre los nuevos escenarios de desarrollo que se vienen abriendo en algunos países de la región.
• Quisiera destacar la importancia de que esta reunión además congregue los esfuerzos de cuatro agencias de la ONU como son CEPAL, FAO, ONU Mujeres y OIT, porque sin duda permitirá hacer un diagnóstico más integrado de la situación y generará en forma natural una mayor coherencia de políticas en lo que se refiere al trabajo rural, y en esta ocasión en especial al de las mujeres temporeras en Argentina, Brasil y Chile.
• La actual coyuntura constituye una oportunidad indeclinable para incorporar la equidad de género como una de las metas prioritarias para avanzar hacia estilos de desarrollo justos e incluyentes.
• Muchas gracias
Por Elizabeth Tinoco, Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe
• A pesar del retroceso que ha experimentado la pobreza en la última década en América Latina, la situación del empleo en el sector rural plantea un desafío político importante en la región. Uno de cada cinco habitantes reside en áreas rurales, donde se concentra más del treinta por ciento de la población que vive en condiciones de pobreza.
• En los últimos años se ha incorporado un número creciente de mujeres al trabajo agrícola, muchas, como trabajadoras agrícolas asalariadas. Particularmente son las mujeres las que predominan en la economía informal rural, en condiciones laborales precarias, donde la pobreza es persistente y las desigualdades de género limitantes, pero también son ellas las que han contribuido al crecimiento económico y a la superación de la pobreza.
• Difícilmente lograremos superar la pobreza y luchar contra la desigualdad si no enfrentamos el desafío de mejorar las condiciones de vida y calidad del trabajo en el medio rural. Y eso pasa por políticas públicas que contribuyan a elevar el potencial de la mujer rural, su calificación ocupacional , nivel educativo y organizativo, abriendo también otros ámbitos de desarrollo a través del diálogo social, el acceso al crédito y el autoempleo. Se trata, en definitiva, de abrir nuevos espacios para el trabajo decente y la justicia social.
• Debido a la vital importancia de las áreas rurales en los desafíos de superación de la pobreza y los déficits de Trabajo Decente en América Latina hemos suscrito un acuerdo entre la Oficina regional de la OIT y la Oficina Regional de la FAO, para desarrollar una estrategia de cooperación en 3 grandes áreas: generación de datos estadísticos sobre los mercados laborales rurales y el empleo agrícola; análisis y recomendaciones de políticas sobre el funcionamiento de los mercados del trabajo y la pobreza rural; y estudios sobre las condiciones de trabajo de las mujeres y su vinculación con la pobreza y los patrones de género.
• Un informe conjunto de FAO, CEPAL y OIT indica que la proporción de población rural en América Latina es cercana al 22 por ciento, que equivale a unas 120 millones de personas.
• Por otro lado, más de la mitad de la población rural de América Latina (53%) vivía en el 2009 en la pobreza, y un 30 por ciento en la indigencia, muy por encima del 28% y 9% que se registra en las áreas urbanas en 2009,como se indica en el Panorama Laboral que acabamos de publicar en la OIT.
• La lucha contra la pobreza rural implica abordar serios déficits de trabajo decente: Aunque las tasas de desempleo suelen ser bajas hay evidentes signos de precariedad en los empleos, lo cual se ve reflejado en ingresos bajos, baja productividad, escasa cobertura de la seguridad social, subutilización de la mano de obra, y ausencia de derechos laborales, entre otros. En la mayoría de los países, hay muchos trabajadores y trabajadoras por cuenta propia y familiares en el campo.
• En este escenario ha habido una importante incorporación de las mujeres al mercado de trabajo rural.
• Su participación laboral aumentó 44 por ciento en 15 años, y los últimos indicadores de la tasa de actividad la situaban en 48,7%. Aún es más baja que la de los hombres de 85,1%, aunque la diferencia también se explica por la dificultad para registrar y diferenciar el trabajo doméstico del productivo en el medio rural, así como el trabajo de las mujeres temporeras, que es el tema que nos convoca en este encuentro.
• La integración de la agricultura a la economía globalizada generó un cambio muy importante en este sector. El auge de las exportaciones de numerosos productos que se cultivan en nuestra región ha abierto el camino para la contratación de gran número de trabajadores, en muchos casos mujeres. Sin duda, esto ha cambiado el panorama del trabajo en las zonas rurales.
• Es indudable que ha permitido mejorar los ingresos de las mujeres que trabajan en condición de temporeras y que este es un factor importante en la lucha contra la pobreza.
• Pero, nuevamente, está planteado el desafío de las condiciones de trabajo, además de que se trata de un trabajo temporal, intermitente, a menudo asociado a fenómenos como la tercerización de mano de obra, y a corrientes migratorias estrechamente vinculadas a los ciclos de las cosechas o las necesidades de empaque para la exportación. Esta integración laboral con un carácter intermitente coexiste con los altos niveles de pobreza de sus hogares. Se trata de los “pobres que trabajan” (working poor), o pobreza asalariada.
• Los estudios sobre las condiciones laborales de las mujeres temporeras en la agricultura en Argentina, Brasil y Chile, que se presentarán y discutirán durante estos dos días en este seminario son relevantes para el diseño de políticas públicas y la generación de espacios de diálogo social. Políticas que permitan superar la alta informalidad, contribuir al fortalecimiento de la institucionalidad laboral, de las organizaciones de empleadores y de trabajadores y la negociación colectiva.
• Así se podrán construir los consensos necesarios para avanzar hacia mayores niveles de trabajo decente y justicia social.
• La OIT ha participado con entusiasmo en este proyecto liderado por la FAO y en el cual también está la CEPAL, asumiendo que nuestro compromiso con la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en la agricultura y las áreas rurales pasa no solo por la creación de más empleo, sino por el mejoramiento de sus condiciones de trabajo. O sea, por la generación de trabajo decente.
• Profundizar esta reflexión en el contexto latinoamericano es necesario para incorporar nuevas dimensiones al debate sobre los nuevos escenarios de desarrollo que se vienen abriendo en algunos países de la región.
• Quisiera destacar la importancia de que esta reunión además congregue los esfuerzos de cuatro agencias de la ONU como son CEPAL, FAO, ONU Mujeres y OIT, porque sin duda permitirá hacer un diagnóstico más integrado de la situación y generará en forma natural una mayor coherencia de políticas en lo que se refiere al trabajo rural, y en esta ocasión en especial al de las mujeres temporeras en Argentina, Brasil y Chile.
• La actual coyuntura constituye una oportunidad indeclinable para incorporar la equidad de género como una de las metas prioritarias para avanzar hacia estilos de desarrollo justos e incluyentes.
• Muchas gracias