Presentación de Virgilio Levaggi en el Foro Internacional de Migración Laboral "Retos y oportunidades para el desarrollo de una política migratoria laboral en Panamá", 2015
11 de febrero de 2015
Migración laboral equitativa
Sr. Virgilio Levaggi
Director
Organización Internacional del Trabajo
No puede comenzar mi intervención sin dejar de recordar unas palabras del Presidente Varela: “Desde hace cinco siglos el istmo de Panamá ha servido como ruta de tránsito de las civilizaciones. Hoy nuestro país sigue cumpliendo ese mismo rol. Esto hace que seamos un país de convergencia”. Creo que estos conceptos subrayan los valores de la panameñidad que permiten asentar sólidamente una política migratoria laboral decente.
1. La movilización de trabajadores hacia otros países ha estado presente en la agenda de la Organización Internacional del Trabajo desde sus orígenes. Su Constitución expresa “preocupación por los intereses de los trabajadores ocupados en el extranjero”, en 1919.
Dicha preocupación se ha plasmado en diversos convenios y recomendaciones; no solo específicos sobre trabajadores migrantes sino, también, en otros relativos a la seguridad social, la formación profesional y las agencias de empleo privadas, por ejemplo: todos ámbitos del mundo del trabajo que afectan de manera directa a este colectivo. Se ha plasmado, además, en instrumentos no vinculantes que resultan valiosas guías para la elaboración de políticas, como el “Marco multilateral de la OIT para las migraciones laborales”.
La movilidad del capital y del trabajo es un signo de los tiempos, una arista de la globalización que requiere un abordaje acorde con la importancia del fenómeno; por cierto no sólo numérica, son 232 millones de migrantes los que existen en la actualidad a nivel mundial. Las nuevas connotaciones de la migración laboral, que a veces acarrean formas de esclavitud, han impulsado a la OIT a plantear la urgente necesidad de trascender hacia una “migración equitativa”.
Concebir la migración desde la equidad, implica reconocer los derechos fundamentales de los trabajadores migrantes y la posibilidad de que accedan a un trabajo decente en condiciones de igualdad y de no discriminación frente a los nacionales. Avanzar hacia la concreción de la equidad constituye un desafío urgente, de cara a la lamentable existencia de formas inaceptables de trabajo realizadas por hombres, mujeres e incluso niñas, niños y adolescentes migrantes.
Para el enfoque de la migración equitativa es esencial que migrar sea una opción y no un escape ante la falta de oportunidades de trabajo decente y de progreso en la propia Patria.
Desde un punto de vista sustantivo creo que el gran desafío es que los beneficios económicos que los migrantes ayudan a generar deberían alcanzarlos a ellos; es decir, también beneficiarse del progreso con el que contribuyen.
2. Hoy quienes se ven obligados a migrar lo hacen por cualquier medio, muchas veces de manera irregular y quien no cumple con los requerimientos establecidos en el país de destino se incorporará a ese mercado laboral desde la ilegalidad o en la economía informal. Ello debilita la gobernabilidad democrática del país receptor pues los trabajadores migrantes informales ven limitado el ejercicio de sus derechos laborales ya que no pueden hacerlos valer accediendo a los sistemas y mecanismos de protección que todo Estado de Derecho debe poner a disposición de los habitantes en su territorio, ante la violación de cualquier derecho. Por tanto, toda estrategia nacional que intente abordar la informalidad para transitar hacia la formalidad debe considerar, de manera particular, a la población migrante trabajadora y dentro de ésta, a las mujeres quienes, por razones de género, ven profundizadas la desigualdad y la inequidad en el mundo del trabajo. La migración irregular tiene un estrecho ligamen con la precarización del trabajo y la informalidad laboral.
3. Parece claro que, en la globalización tal como ha evolucionado, una política migratoria no puede estar desvinculada de las políticas laborales. Aquellas, si quiere ser exitosa, deberán conciliar las restricciones que pueden limitar legítimamente el acceso de los migrantes a los mercados de trabajo con los principios de igualdad de trato y de no discriminación así como con las preocupaciones legítimas de la población local.
Abordar la migración laboral compromete al Estado a lograr un equilibrio entre la prerrogativa de la soberanía nacional para regular el ingreso y el egreso en el territorio nacional, con la realidad de los mercados laborales y las necesidades del crecimiento económico.
Como señaló, recientemente, el Director General de la OIT en su informe sobre Migración Equitativa, “las políticas migratorias deben responder al desajuste entre la distribución de oportunidades de trabajo y la distribución de la población en edad de trabajar en el mundo”. Dentro de un proceso de construcción de una política migratoria, no debe perderse de vista que las disposiciones legales y administrativas altamente restrictivas de la migración, y sustentadas en enfoques de control y seguridad, solo ocasionan un mayor número de movimientos clandestinos y de trabajadores que se movilizan en condición irregular. Una migración laboral correctamente regulada es condición para que sea equitativa y esta regulación, a su vez, debe estar sustentada en el enfoque del ejercicio de los derechos y el respeto a la dignidad de la persona que trabaja tanto como a las demandas de puestos de trabajo y a la empleabilidad de los trabajadores nacionales.
4. Una política laboral migratoria no puede desconocer las particularidades que reviste el fenómeno migratorio de las mujeres, ni las necesidades y los riesgos que corren por razones de género. Una política migratoria laboral integral debe reconocer y abordar esta realidad y no debería ser neutra ni desconocer los aspectos de género que subyacen en las distintas etapas de la migración.
5. Merece reconocimiento la iniciativa del gobierno panameño, de avanzar hacia la mejora de la gestión migratoria laboral sustentándose en un enfoque de equidad. Resulta un acierto el establecimiento de una comisión de alto nivel para avanzar en ello. Entre otras tareas, dicha comisión debe propiciar el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad involucrados en la cuestión migratoria.
El enfoque de la migración equitativa requiere:
* promoción del trabajo decente a nivel nacional, para que la decisión de emigrar constituya una opción y no una obligación;
* formular programas de migración ordenada y equitativa en el marco de los procesos de integración regional, como el SICA;
* promover acuerdos bilaterales que aseguren una migración ordenada, en particular, referido a los flujos de trabajadores temporales y circulares, cada vez más frecuentes;
* promover la contratación equitativa, mediante la regulación de las agencias de empleo privadas;
* combatir la precarización del trabajo de las personas migrantes e
* involucrar al tripartismo, de manera que los actores productivos participen en la discusión y elaboración de políticas migratorias.
Las cancillerías, los ministerios de trabajo y los de gobernación y las direcciones de migración deben trabajar de manera articulada para responder de manera integrada al fenómeno migratorio contemporáneo. Una respuesta integral sólo puede surgir de un proceso consultivo amplio donde, trabajadores y empleadores puedan dar sus aportes a este tema tan actual como relevante por las implicaciones que conlleva a nivel de derechos humanos en general, y laborales en particular así como para el desarrollo productivo.
Los Convenios de la OIT relativos al trabajo de las personas migrantes, así como el Marco Multilateral de la OIT para las Migraciones Laborales, son precisos al sostener que es mediante la consulta tripartita y la consideración de las distintas posiciones, que las decisiones políticas en este campo adquieren mayor legitimación, a la vez que garantiza una ejecución más exitosa. El diálogo social abre la vía para que la gobernabilidad democrática se fortalezca.
6. La dinámicas migratorias en nuestra región puedes tener algunos matices que las hacen distinguirse unas de otras; pero existen más similitudes que diferencias en cuanto a los retos que plantean. Por lo tanto, los esfuerzos nacionales deben engarzarse con iniciativas regionales.
El Consejo de Ministros de Trabajo de Centroamérica y República Dominicana, la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscribieron recientemente, en diciembre de 2014, un Memorando de Entendimiento para reforzar la colaboración entre el SICA y la OIT, en apoyo al Consejo de Ministros de Trabajo. Su finalidad es promover una migración laboral equitativa en los países miembros del SICA, el fortalecimiento de los Ministerios de Trabajo en su abordaje y una mayor vinculación de las políticas migratorias laborales con las políticas de empleo.
El Memorando retoma los aspectos más importantes que he presentado y que considero importantes para avanzar hacia la consecución de una migración equitativa a nivel nacional, regional, hemisférico y aún más allá del continente.
Las áreas prioritarias de acción: a) el diálogo social, b) los servicios públicos de empleo, c) el desarrollo de capacidades para la atención a la persona trabajadora migrante, d) la inspección laboral; e) la Seguridad Social y su cobertura para las personas trabajadoras migrantes, en particular los mecanismos de protección social para trabajadores temporales; f) la generación de conocimientos, en temas como la identificación de necesidades de mano de obra migrante y la dinámica migratoria de mujeres y personas menores de edad; y, finalmente, g) las sinergias con otras instancias y organizaciones cuyo actuar se dirija a los mismos fines establecidos en el Memorando, como es el caso del reconocimiento de las competencias y la homologación de títulos de las personas trabajadoras migrantes, a través de la Red de Institutos de Formación Profesional de Centroamérica y República Dominicana.
7. Es incuestionable la necesidad de humanizar la migración a través del ordenamiento y de la regulación de los flujos migratorios laborales, para que migrar no sea más una obligación y se desarrolle por canales seguros; para que una persona trabajadora cuente con una oferta de trabajo previo a emprender la partida, en la cual se le reconozcan sus derechos y garantías laborales como a cualquier nacional en términos de jornada de trabajo, protección contra riesgos y accidentes laborales, libertad sindical, entre otros.
Es un honor para la OIT el haber sido invitada a integrar la Comisión de Alto Nivel para la construcción de la política migratoria laboral en Panamá. Con dicha presencia se reafirma el compromiso institucional por ayudar a incorporar, de manera plena, el enfoque del trabajo decente para las personas migrantes, en condiciones de igualdad y de no discriminación. Esta es, a nuestro juicio, la única vía para alcanzar la equidad en la dinámica migratoria que la realidad actual nos presenta.
Sr. Virgilio Levaggi
Director
Organización Internacional del Trabajo
No puede comenzar mi intervención sin dejar de recordar unas palabras del Presidente Varela: “Desde hace cinco siglos el istmo de Panamá ha servido como ruta de tránsito de las civilizaciones. Hoy nuestro país sigue cumpliendo ese mismo rol. Esto hace que seamos un país de convergencia”. Creo que estos conceptos subrayan los valores de la panameñidad que permiten asentar sólidamente una política migratoria laboral decente.
1. La movilización de trabajadores hacia otros países ha estado presente en la agenda de la Organización Internacional del Trabajo desde sus orígenes. Su Constitución expresa “preocupación por los intereses de los trabajadores ocupados en el extranjero”, en 1919.
Dicha preocupación se ha plasmado en diversos convenios y recomendaciones; no solo específicos sobre trabajadores migrantes sino, también, en otros relativos a la seguridad social, la formación profesional y las agencias de empleo privadas, por ejemplo: todos ámbitos del mundo del trabajo que afectan de manera directa a este colectivo. Se ha plasmado, además, en instrumentos no vinculantes que resultan valiosas guías para la elaboración de políticas, como el “Marco multilateral de la OIT para las migraciones laborales”.
La movilidad del capital y del trabajo es un signo de los tiempos, una arista de la globalización que requiere un abordaje acorde con la importancia del fenómeno; por cierto no sólo numérica, son 232 millones de migrantes los que existen en la actualidad a nivel mundial. Las nuevas connotaciones de la migración laboral, que a veces acarrean formas de esclavitud, han impulsado a la OIT a plantear la urgente necesidad de trascender hacia una “migración equitativa”.
Concebir la migración desde la equidad, implica reconocer los derechos fundamentales de los trabajadores migrantes y la posibilidad de que accedan a un trabajo decente en condiciones de igualdad y de no discriminación frente a los nacionales. Avanzar hacia la concreción de la equidad constituye un desafío urgente, de cara a la lamentable existencia de formas inaceptables de trabajo realizadas por hombres, mujeres e incluso niñas, niños y adolescentes migrantes.
Para el enfoque de la migración equitativa es esencial que migrar sea una opción y no un escape ante la falta de oportunidades de trabajo decente y de progreso en la propia Patria.
Desde un punto de vista sustantivo creo que el gran desafío es que los beneficios económicos que los migrantes ayudan a generar deberían alcanzarlos a ellos; es decir, también beneficiarse del progreso con el que contribuyen.
2. Hoy quienes se ven obligados a migrar lo hacen por cualquier medio, muchas veces de manera irregular y quien no cumple con los requerimientos establecidos en el país de destino se incorporará a ese mercado laboral desde la ilegalidad o en la economía informal. Ello debilita la gobernabilidad democrática del país receptor pues los trabajadores migrantes informales ven limitado el ejercicio de sus derechos laborales ya que no pueden hacerlos valer accediendo a los sistemas y mecanismos de protección que todo Estado de Derecho debe poner a disposición de los habitantes en su territorio, ante la violación de cualquier derecho. Por tanto, toda estrategia nacional que intente abordar la informalidad para transitar hacia la formalidad debe considerar, de manera particular, a la población migrante trabajadora y dentro de ésta, a las mujeres quienes, por razones de género, ven profundizadas la desigualdad y la inequidad en el mundo del trabajo. La migración irregular tiene un estrecho ligamen con la precarización del trabajo y la informalidad laboral.
3. Parece claro que, en la globalización tal como ha evolucionado, una política migratoria no puede estar desvinculada de las políticas laborales. Aquellas, si quiere ser exitosa, deberán conciliar las restricciones que pueden limitar legítimamente el acceso de los migrantes a los mercados de trabajo con los principios de igualdad de trato y de no discriminación así como con las preocupaciones legítimas de la población local.
Abordar la migración laboral compromete al Estado a lograr un equilibrio entre la prerrogativa de la soberanía nacional para regular el ingreso y el egreso en el territorio nacional, con la realidad de los mercados laborales y las necesidades del crecimiento económico.
Como señaló, recientemente, el Director General de la OIT en su informe sobre Migración Equitativa, “las políticas migratorias deben responder al desajuste entre la distribución de oportunidades de trabajo y la distribución de la población en edad de trabajar en el mundo”. Dentro de un proceso de construcción de una política migratoria, no debe perderse de vista que las disposiciones legales y administrativas altamente restrictivas de la migración, y sustentadas en enfoques de control y seguridad, solo ocasionan un mayor número de movimientos clandestinos y de trabajadores que se movilizan en condición irregular. Una migración laboral correctamente regulada es condición para que sea equitativa y esta regulación, a su vez, debe estar sustentada en el enfoque del ejercicio de los derechos y el respeto a la dignidad de la persona que trabaja tanto como a las demandas de puestos de trabajo y a la empleabilidad de los trabajadores nacionales.
4. Una política laboral migratoria no puede desconocer las particularidades que reviste el fenómeno migratorio de las mujeres, ni las necesidades y los riesgos que corren por razones de género. Una política migratoria laboral integral debe reconocer y abordar esta realidad y no debería ser neutra ni desconocer los aspectos de género que subyacen en las distintas etapas de la migración.
5. Merece reconocimiento la iniciativa del gobierno panameño, de avanzar hacia la mejora de la gestión migratoria laboral sustentándose en un enfoque de equidad. Resulta un acierto el establecimiento de una comisión de alto nivel para avanzar en ello. Entre otras tareas, dicha comisión debe propiciar el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad involucrados en la cuestión migratoria.
El enfoque de la migración equitativa requiere:
* promoción del trabajo decente a nivel nacional, para que la decisión de emigrar constituya una opción y no una obligación;
* formular programas de migración ordenada y equitativa en el marco de los procesos de integración regional, como el SICA;
* promover acuerdos bilaterales que aseguren una migración ordenada, en particular, referido a los flujos de trabajadores temporales y circulares, cada vez más frecuentes;
* promover la contratación equitativa, mediante la regulación de las agencias de empleo privadas;
* combatir la precarización del trabajo de las personas migrantes e
* involucrar al tripartismo, de manera que los actores productivos participen en la discusión y elaboración de políticas migratorias.
Las cancillerías, los ministerios de trabajo y los de gobernación y las direcciones de migración deben trabajar de manera articulada para responder de manera integrada al fenómeno migratorio contemporáneo. Una respuesta integral sólo puede surgir de un proceso consultivo amplio donde, trabajadores y empleadores puedan dar sus aportes a este tema tan actual como relevante por las implicaciones que conlleva a nivel de derechos humanos en general, y laborales en particular así como para el desarrollo productivo.
Los Convenios de la OIT relativos al trabajo de las personas migrantes, así como el Marco Multilateral de la OIT para las Migraciones Laborales, son precisos al sostener que es mediante la consulta tripartita y la consideración de las distintas posiciones, que las decisiones políticas en este campo adquieren mayor legitimación, a la vez que garantiza una ejecución más exitosa. El diálogo social abre la vía para que la gobernabilidad democrática se fortalezca.
6. La dinámicas migratorias en nuestra región puedes tener algunos matices que las hacen distinguirse unas de otras; pero existen más similitudes que diferencias en cuanto a los retos que plantean. Por lo tanto, los esfuerzos nacionales deben engarzarse con iniciativas regionales.
El Consejo de Ministros de Trabajo de Centroamérica y República Dominicana, la Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), suscribieron recientemente, en diciembre de 2014, un Memorando de Entendimiento para reforzar la colaboración entre el SICA y la OIT, en apoyo al Consejo de Ministros de Trabajo. Su finalidad es promover una migración laboral equitativa en los países miembros del SICA, el fortalecimiento de los Ministerios de Trabajo en su abordaje y una mayor vinculación de las políticas migratorias laborales con las políticas de empleo.
El Memorando retoma los aspectos más importantes que he presentado y que considero importantes para avanzar hacia la consecución de una migración equitativa a nivel nacional, regional, hemisférico y aún más allá del continente.
Las áreas prioritarias de acción: a) el diálogo social, b) los servicios públicos de empleo, c) el desarrollo de capacidades para la atención a la persona trabajadora migrante, d) la inspección laboral; e) la Seguridad Social y su cobertura para las personas trabajadoras migrantes, en particular los mecanismos de protección social para trabajadores temporales; f) la generación de conocimientos, en temas como la identificación de necesidades de mano de obra migrante y la dinámica migratoria de mujeres y personas menores de edad; y, finalmente, g) las sinergias con otras instancias y organizaciones cuyo actuar se dirija a los mismos fines establecidos en el Memorando, como es el caso del reconocimiento de las competencias y la homologación de títulos de las personas trabajadoras migrantes, a través de la Red de Institutos de Formación Profesional de Centroamérica y República Dominicana.
7. Es incuestionable la necesidad de humanizar la migración a través del ordenamiento y de la regulación de los flujos migratorios laborales, para que migrar no sea más una obligación y se desarrolle por canales seguros; para que una persona trabajadora cuente con una oferta de trabajo previo a emprender la partida, en la cual se le reconozcan sus derechos y garantías laborales como a cualquier nacional en términos de jornada de trabajo, protección contra riesgos y accidentes laborales, libertad sindical, entre otros.
Es un honor para la OIT el haber sido invitada a integrar la Comisión de Alto Nivel para la construcción de la política migratoria laboral en Panamá. Con dicha presencia se reafirma el compromiso institucional por ayudar a incorporar, de manera plena, el enfoque del trabajo decente para las personas migrantes, en condiciones de igualdad y de no discriminación. Esta es, a nuestro juicio, la única vía para alcanzar la equidad en la dinámica migratoria que la realidad actual nos presenta.