Discurso en la inauguración del Seminario internacional "Formación Profesional: hacia una economía carbono neutral"

22 de noviembre de 2011

Señor Alfio Piva, Vicepresidente de la República
Señor Olman Segura, Presidente del INA
Señora Shirley Benavides, Gerenta del INA
Señoras y señores

1. Costa Rica se ha propuesto una meta ambiciosa: ser carbono-neutro en el 2021.

En el pasado los costarricenses se pusieron metas que parecían imposibles:
  • Preservar y proteger una cuarta parte del territorio en parques y reservas forestales era ambicioso.
  • Eliminar el ejército como institución permanente era ambicioso.
  • Conseguir índices de salud europeos en una economía basada, en aquel entonces, en café y banano era ambicioso.
Pese a la magnitud de los desafíos hubo éxito.

Hoy, el INA y la OIT se unen para apoyar al gobierno y a los actores sociales en procura de una nueva conquista: ser carbono-neutrales en el
bicentenario de vuestra independencia.

2. Algunos podrían preguntarse, qué tiene que ver la OIT con este tema.
¿Qué rol juega el trabajo decente en la transición hacia una economía más verde?

La respuesta es simple.

En el centro de una economía más verde debe estar el ser humano. No basta con reducir las emisiones de carbono, es indispensable reducir también la pobreza y la desigualdad. La economía que queremos es menos intensiva en carbono, pero también más inclusiva en oportunidades de ascenso
social.

El trabajo decente es justamente el eslabón que permite unir y potenciar las dos dimensiones rezagadas del modelo de desarrollo actual: la ambiental y la social.

El paradigma de trabajo decente aboga por un sistema de producción más justo y sostenible; por una globalización al servicio de la gente. Abordar el cambio climático y disminuir el vínculo entre crecimiento económico y consumo de energía basado en combustibles fósiles requiere transformaciones que ofrecen oportunidades para la generación de trabajos con eficacia ecológica y escaso nivel de emisiones: más y mejores trabajos.

3. Sería un error analizar las transformaciones en la producción y el consumo, necesarias para una economía menos carbono-intensiva, sin entrar a considerar sus implicaciones en la organización del trabajo, la competitividad de las empresas y en las fuentes de ingreso de los trabajadores.

La viabilidad política de las reformas necesarias dependerá sin duda de su impacto en la gente. Dichas reformas tendrán que pasar los mecanismos deliberativos y decisorios de toda democracia. Contar con estrategias inteligentes para abordar la dimensión social y laboral de la transición hacia una economía más verde será indispensable para viabilizar los cambios
requeridos.

Hacer de la transición verde una transición justa exige políticas y estrategias proactivas. Uno de los desafíos principales radica en la preparación adecuada y oportuna de empresas y trabajadores. Esta es sin duda una de las preocupaciones centrales de la OIT. Se necesita capacitar en “competencias verdes” a todos los niveles de los trabajadores y,
también, a los empresarios.

4. El cambio en la forma de producir genera inevitablemente ganadores y perdedores. Unos sectores productivos nacen y se expanden mientras que otros se contraen o desaparecen. Lo mismo sucederá con los empleos.

El balance neto en cada país dependerá de la pertinencia y coherencia de la estrategia adoptada. El éxito no será producto del azar sino del acierto en el diseño y ejecución de políticas públicas y en la toma de decisiones privadas adecuadas. También dependerá de otros factores como la capacidad de innovación y adaptación del sistema productivo y de los trabajadores.

No hay recetas únicas de aplicación universal para garantizar una transición exitosa y justa hacia una economía verde; sin embargo existen algunas líneas generales de acción que podrían coadyuvar procesos de adaptación en condiciones más favorables para empresas y trabajadores.

En el caso de las empresas, deben estimular la adopción de tecnologías y procesos productivos más limpios. Para ello es necesario que las señales que el empresario reciba, tanto del mercado como del Estado, sean consistentes. Esto requiere influir en los patrones de consumo de modo que, por la vía de la demanda, se premien conductas y procesos productivos sostenibles. La regulación del Estado debe reforzar esa tendencia. Los impuestos, por ejemplo, pueden jugar un rol fundamental desestimulando la producción carbono-intensiva y favoreciendo la innovación y el uso de tecnologías más verdes. Las políticas sectoriales pueden convertirse también en una poderosa herramienta para impulsar el desarrollo de actividades productivas con menor huella de carbono y mayor potencial para la generación de trabajo decente. En casos necesarios, se podrían considerar medidas temporales que minimicen el costo del ajuste en sectores sensibles, especialmente aquellos intensivos en empleo.

Para los trabajadores será vital el fortalecimiento de programas de formación a lo largo de la vida y de recalificación. Ello permitirá un mejor alineamiento entre la oferta y demanda de competencias en la nueva economía. Los sistemas nacionales de educación y formación jugarán un rol determinante en la velocidad y eficiencia de la transición. Uno de los servicios clave en este contexto es el de prospección laboral. Otras demandas legítimas de los trabajadores tienen que ver con la introducción de sistemas de protección social inclusivos y la tutela efectiva de los derechos laborales. El empleo verde debe ser trabajo decente y por ende debe respetar los derechos de los trabajadores.

5. En el diseño de estrategias tanto a nivel de empresa, industria o país, es vital el diálogo social. Este constituye el medio idóneo para la construcción de soluciones que incorporen de manera equilibrada las necesidades e intereses de los protagonistas principales del mundo del trabajo; empleadores, trabajadores y gobiernos.

Celebro la visionaria decisión del Estado Costarricense de colocar en el centro de su agenda el tema de la economía verde. Agradezco al INA la alianza establecida con OIT para impulsar juntos las acciones que desde el mundo del trabajo son necesarias para hacer realidad esta ambiciosa meta.

Promover el desarrollo a escala comercial de proyectos de energía renovable puede llevar a una transformación económica con creación de puestos de trabajo. Sectores que tendrán especial importancia en términos de impacto ambiental, económico y en el empleo son el suministro de energía, en particular la energía renovable, edificios y construcción, transporte, industrias básicas, agrícolas y forestales.

Creo valioso que se considere la importancia de alentar la generación de empleos verdes no sólo por razones éticas sino también como parte de la respuesta a la crisis económica global.