Discurso de Virgilio Levaggi durante la instalación de la Alta Comisión para definir la Política Pública de Empleo-Panamá, 2014

6 de agosto de 2014

Abundan indicadores del progreso panameño, durante la última década: una de las tres economías de mayor crecimiento en Latinoamérica; un ascenso vertiginoso en los índices de competitividad; auténtico imán de inversión extranjera directa; quizás la plaza financiera más sólida de la región; proyectos masivos de infraestructura, entre otros.

Sin embargo persisten tareas inaplazables para transitar del crecimiento de la economía a una estrategia de desarrollo que merezca el calificativo de humano.

Para recorrer dicho camino hay tres brechas que deben ser adecuadamente ponderadas:

a) Brecha de productividad. Si bien ha subido el número de habitantes con educación superior, el nivel formativo general no ha aumentado a la velocidad requerida, lo cual ha llevado a una ausencia de personal adecuadamente calificado en sectores de alto crecimiento. Cuatro de cada diez empresarios consultados, en 2013, señalaron dificultades para llenar las vacantes disponibles. Además, gran parte de las asimetrías en calidad de vida entre las zonas urbana y rural del país surgen de diferencias de productividad que impactan, por ejemplo, en la generación de bienes y servicios con mayor valor a agregado.
Esta es una brecha que su administración, Señor Presidente, está dispuesta a enfrentar.
b) Brecha de protección. En los establecimientos urbanos -de 5 o menos trabajadores- la cobertura de la protección social llega a 6 de cada 10 asalariados; sin embargo esta brecha en el área rural es mayor. Además, 4 de cada 10 empleos continúan siendo informales.
Esta es otra brecha que su administración, Señor Presidente, está dispuesta a enfrentar.
c) Brecha territorial. A nivel nacional la pobreza afecta a una de cada cuatro familias panameñas; pero en el área rural la proporción llega al 44 por ciento.
Esta es otra brecha que su administración, Señor Presidente, también está dispuesta a enfrentar.
Estas brechas son llamadas de alerta, recordatorios de que -si lo que se busca es desarrollo humano- la estrategia para su consecución requiere ajustes que garanticen un crecimiento económico alto y, también, políticas públicas y decisiones privadas que tomen en cuenta a los segmentos de población que se encuentran rezagados y sin participar plenamente en la construcción del progreso común ni gozar de sus beneficios.

Un modelo de desarrollo que merezca el calificativo de humano pone a la gente primero. Ese modelo genera bienestar compartido y, por ello, es sustento adecuado para la cohesión social y la gobernabilidad democrática.

Panamá tiene, sin duda, un futuro promisorio; pero para que el progreso común se asiente sobre una sólida base de legitimidad social necesita garantizar a sus ciudadanos una distribución más equitativa en el acceso a las oportunidades para participar en él.

Como representante de la OIT en los países del Istmo, Haití y República Dominicana celebro que su gobierno, Señor Presidente, quiera colocar en el centro de sus prioridades la generación de empleo productivo y trabajo decente. En ello el desarrollo del talento humano es crucial.

Invertir en las personas, en sus competencias para el trabajo y para la vida, no solo es bueno para la competitividad del país, sino también para la construcción de relaciones sociales más armoniosas.

Nuestra convicción, en OIT, es que la educación, la formación y el aprendizaje permanente no solo contribuyen de manera significativa a promover los intereses de las empresas y la economía, sino que también propician el desarrollo personal, el acceso a la cultura y a la ciudadanía plena. Esta doble dimensión del desarrollo del talento de las personas es una de las claves para el impulso de un crecimiento económico incluyente.

El desarrollo del talento humano – por medio de la educación, la práctica y la formación – es por lo tanto fundamental para crear mayores oportunidades para que mujeres y hombres obtengan un trabajo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad humana; un trabajo en el que se respeten los derechos laborales fundamentales, permita el acceso a la seguridad social, se nutra del diálogo social y sea justamente retribuido. En fin, un trabajo que pueda ser calificado como decente.

Un desarrollo que merezca el calificativo de humano debe generar trabajo decente.

Este tipo de trabajo es adecuado criterio orientador para los esfuerzos que buscan un desarrollo del talento que esté a la altura de los desafíos de una economía globalizada.

Más y mejores empleos generados por más y mejores empresas son indispensables para que en la prosperidad participen las grandes mayorías.

En el Panamá de todos, con desarrollo humano, la cantidad y la calidad del trabajo deben ir de la mano. Para ello hay que superar el desencuentro entre la oferta educativa del país y la demanda laboral en un mundo productivo en constante cambio.

Considero que la iniciativa del Ministro de Trabajo Desarrollo Laboral de convocar a una Comisión de Alto Nivel, representativa de los actores involucrados en la cuestión (tanto del sector público como del privado, tanto de los organizaciones del mundo productivo como de la educación) es una decisión en el sentido correcto.

Es importante destacar que la constitución de la Comisión indica la opción por un método para la elaboración de las políticas públicas a las que se aspira: el diálogo social que permite la participación de actores sociales e instituciones públicas y privadas vinculadas directamente al tema del empleo y de la educación para el trabajo.

En la consecución de ese objetivo, la OIT pondrá su asistencia técnica, su experiencia y su colaboración activa y apreciamos la asociación con la CAF.

El mecanismo participativo de diálogo permite a los actores sociales no sólo ser parte en la elaboración de una política, sino también garantes de que será ejecutada. Este mecanismo democrático por el que se está optando debe contribuir al fortalecimiento de la institucionalidad en el proceso de toma de decisiones trascendentes para Panamá. Un país que fortalece su institucionalidad mejora su gobernabilidad y su democracia, pues las decisiones son generadas y sustentadas por los actores sociales y las autoridades legítimamente elegidas.

La responsabilidad asignada al Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral evidencia la importancia que esta institución tiene para el desarrollo del país. En realidad, la responsabilidad del Ministerio y de los actores sociales no se agota en la elaboración de una propuesta y el seguimiento para su aprobación, la meta es su puesta en práctica.

Su opción, Señor Presidente, por una agenda de desarrollo del talento de las panameñas y de los panameños para que en el país haya pleno empleo y trabajo decente para todos es una apuesta por un estilo de desarrollo inclusivo; una apuesta por avanzar en una ruta de progreso compartido; una apuesta por poner a la gente primero.

Es, por tanto, una respuesta oportuna y adecuada a las demandas de la ciudadanía panameña y a las necesidades de su economía, de su sociedad y de su desarrollo integral.

Impulsar esta ambiciosa agenda desde el MITRADEL, en el marco de un proceso de participación público-privada y de diálogo social, es una señal positiva de madurez democrática y de confianza en la capacidad propositiva de los actores sociales y de las instituciones responsables de la educación y la formación en esta nación.

La trayectoria humana, profesional y política del Ministro Carles es un plus: una garantía de capacidad de escucha, disponibilidad al diálogo y firmeza en la defensa de los derechos humanos y de los altos valores que constituyen la esencia de la panameñidad.

Señor Presidente, Señor Ministro, Señoras y Señores:

La OIT está acá no sólo para expresar su respaldo a esta importante iniciativa sino también para manifestar nuestro reconocimiento por habernos invitados a participar en ella. Dicha convocatoria es un honor que he informado al Director General de la OIT quien ve con expectación el camino que recorreremos juntos.

Aprovecho para expresar ante este distinguido auditorio nuestro interés y compromiso de trabajar hombro a hombro con la nueva administración y con los actores sociales, constituyentes todos de nuestra organización, en el diseño e implementación de una política de empleo y de desarrollo del talento de las personas que haga de Panamá una historia de éxito en la Patria Grande.

Concluyo señalando que el trabajo ha sido, es y será componente sustantivo del contrato social que sustenta la gobernanza de las democracias. El empleo de calidad sigue siendo el medio principal para que las personas definan su identidad y su posición en la sociedad pues permite participar en la vida productiva y generar ingresos, contribuye con la formación de la autoestima y la realización personal; además es el camino idóneo para salir de la pobreza de forma definitiva.

Considero que con la tarea que hoy iniciamos en Panamá estamos adelantando la Agenda Mundial de Desarrollo Sustentable post-2015 e indicando que dicho Desarrollo pasa por la formación del talento de los ciudadanos para que se inserten ventajosamente en el mundo productivo a través del empleo, como trabajadores o emprendedores.