Discurso de Virgilio Levaggi durante la entrega del informe de la Alta Comisión de la Política Pública de Empleo al Presidente de Panamá, 2014

27 de noviembre de 2014

Excelentísimo Señor Presidente de la República de Panamá,
Sr. Ministro de Trabajo y Desarrollo Social,
Estimada Susana (Pinilla, CAF),
Sr. Tomás Bermúdez (BID)
Sra. Presidente de CONEP,
Sres. Representantes de CONATO y CONUSI,
Autoridades, Señoras y Señores:

Dado que el desarrollo del talento humano es la base del bienestar compartido, las sociedades que optan por modelos inclusivos de crecimiento económico requieren de instituciones y políticas adecuadas. Como bien lo señaló la Conferencia Internacional del Trabajo 2008, que fuera presidida por Panamá: “la educación, la formación profesional y el aprendizaje permanente son los pilares fundamentales de la empleabilidad, el empleo de los trabajadores y el desarrollo empresarial sostenible”. Son también factores vitales para el desarrollo personal, el acceso a la cultura y el ejercicio de la ciudadanía activa.

Las competencias individuales y las capacidades sociales no sólo moldean las ventajas competitivas de una nación y las oportunidades de movilidad ascendente de sus habitantes; sino que actúan como poderosos catalizadores de desarrollo e innovación.

Algunos de los principales desafíos que los países enfrentan en el campo de la formación son:

a) desajuste entre la oferta y la demanda de competencias;
b) participación insuficiente de las organizaciones de empleadores y trabajadores en el diseño y ejecución de políticas educativas;
c) baja calidad y pertinencia de la formación;
d) acceso limitado de grupos vulnerables a oportunidades de formación;
e) débil coordinación entre las instituciones que conforman el sistema de educación y formación profesional.

En el diagnóstico realizado por la Alta Comisión se encontraron retos similares. Así, la brecha entre las competencias de las personas dispuestas a trabajar y las que demandan las empresas, constituye un desafío para la productividad de la economía panameña como para la equidad de la democracia en Panamá.

Que las propuestas educativas de un país tomen en cuenta la prospección de los mercados de trabajo, en un contexto cambiante como el contemporáneo, es poner los bueyes delante de la carreta y ello es bueno pues permitirá araren la dirección correcta si el norte es el bien común de la Nación y su gente.

Me alegré mucho cuando el Ministro Carles, entonces designado, me explicó que la administración Varela buscaba colocar en el centro de la política pública el tema del empleo y en particular el desarrollo del talento humano. Un acierto del Ministro fue haber convocado a los protagonistas del mundo del trabajo y de la formación –ministerio de educación, empleadores, trabajadores, universidades entre otras instituciones públicas y privadas– para diseñar, en conjunto, propuestas para responder al desafío que representa el déficit de competencias.

El informe que hoy se entrega, “Aumentar el empleo, la productividad y la inclusión social con más y mejor formación técnica y profesional”, recoge con precisión la aspiración no solo del gobierno sino de la sociedad panameña.

La OIT y otros organismos internacionales hemos apoyado con entusiasmo el proceso; pero fueron las panameñas y los panameños que participaron en él, quienes articularon la estrategia que hoy se alcanza, Sr. Presidente. Me siento particularmente honrado, al igual que mis colegas Ramírez y Martínez, de haber podido acompañar a sus compatriotas en una tarea apasionante. Ha sido valioso el apoyo del PNUD, el BID y la CAF.

Las soluciones en el campo del empleo y la formación no se pueden elaborar sin tener en cuenta la realidad institucional, económica y social de cada nación. No hay respuestas talla única.

La estrategia que la Alta Comisión propone es holística. Con buen criterio sus miembros optaron por hacer propuestas que atacan las causas y no sólo los síntomas del problema. Además se cumplió el plazo de tres meses al cual nos comprometimos con Ud. Sr. Presidente.

Lo que se entrega hoy es una estrategia para transformar de manera integral el sistema de educación y formación técnica para el trabajo. No paliativos ni remedios temporales. Se proponen reformas sustantivas que pueden cambiar la trayectoria de ese sistema para bien de la gente trabajadora y emprendedora, quienes son los más en Panamá.

La estrategia es práctica: cinco lineamientos y 19 acciones puntuales. Es una hoja de ruta precisa para el cambio. Establece un mecanismo institucional participativo para su implementación y seguimiento. Su eje es la articulación entre el mercado de trabajo, sus necesidades y actores, y el mundo de la educación y la formación. Su objetivo final: beneficiar a la gente. A las Marías y a los Josés que, en Panamá, buscan progresar.

La estrategia es realista: la mayoría de los cambios dependen de la voluntad política del gobierno y de los actores implicados.

La estrategia es innovadora: se nutre de las mejores prácticas internacionales y de la experiencia acumulada en Panamá, logrando conciliar de manera equilibrada los objetivos de productividad y competitividad, con los de inclusión social y equidad.

La estrategia es viable: Con la dedicación suficiente, se podrá ejecutar en un par de años. La OIT seguirá -como hasta ahora- comprometida con Panamá y dispuesta a continuar trabajando, hombro a hombro, en la realización de las importantes transformaciones que la Comisión propuso y que el país requiere.

Para la OIT ha sido un honor acompañar este proceso.

Hemos encontrado en los integrantes de la comisión a personas capaces y comprometidas con su país.

Hemos encontrado en la secretaría técnica a un equipo de profesionales talentosos y altamente motivados.

Un especial agradecimiento a Isabel Atencio, quien apoyó la preparación del informe, así como a Rorix Núñez, director de cooperación internacional del MITRADEL quien gestionó con diligencia las actividades programadas. Obviamente ambos fueron exitosos porque supieron liderar equipos de trabajo, integrados por personas de buena voluntad y buen nivel profesional.

Ministro Carles, agradezco su acompañamiento personal al proceso y su orientación para llevar la nave a buen puerto.

Sr. Presidente:

Hay otra razón para esta convocatoria en esta Casa de Gobierno: la suscripción del Programa Nacional de Trabajo Decente (2015-2019) que establece el marco de la cooperación de la OIT en Panamá.

Lo suscriben CONEP en representación de los empleadores del país, CONATO y CONUSI en representación de los trabajadores del país y MITRADEL en representación del gobierno nacional.

El Programa es evidencia de que su gobierno ha logrado recuperar la credibilidad para esa valiosa herramienta democrática que es el diálogo social.

El Programa es evidencia que las máximas organizaciones de los actores del mundo productivo están dispuestas a trabajar en una agenda de progreso común sin negar las diferencias que pueden o podrán tener.

El Programa evidencia que esa “vieja dama” que es la OIT, cerca de cumplir cien años, puede seguir siendo útil para sus Estados miembros.

Doña Elisa, don Julio, don Genaro y el Sr. Ministro han dado un ejemplo del talante democrático de la panameñidad y, para la OIT, ello demuestra la íntima vinculación que existe entre la generación de trabajo decente y el fortalecimiento de la gobernabilidad de los pueblos y de la globalización misma.

El Programa de Trabajo Decente para Panamá ha sido negociado por los actores tripartitos para avanzar en la generación de más y mejores empleos en el país, en los que se respeten los derechos fundamentales en el trabajo, especialmente, que permitan el acceso a la protección social y que prosperen en un ambiente de diálogo. Los actores tripartitos no han descuidado incluir temas como el combate contra el trabajo infantil, en los que su país viene logrando importantes logros, o la migración laboral equitativa, que confiamos ver en la agenda de la Cumbre de las Américas 2015.

El Programa de Trabajo Decente para Panamá es una herramienta de trabajo para poner a la gente primero. Está orientado hacia la obtención de resultados, medibles que impliquen cambios positivos en la vida laboral de las personas. Define prioridades y ello permite que la cooperación de la OIT con sus constituyentes tripartitos se pueda focalizar y, así, resultar más exitosa.

En la OIT creemos, Señor Presidente, que:

¡Con trabajo decente se pone primero a la gente!