El trabajo infantil en la agricultura
4 de abril de 2013
Es importante señalar que el trabajo agrícola es, junto con la construcción y la minería, uno de los sectores más peligrosos para trabajar a cualquier edad y en cualquier lugar del mundo. En México, aproximadamente un tercio del total de 3.64 millones de los trabajadores registrados de entre 5 y 17 años de edad trabaja en este sector **.
Una gran parte de ellos son indígenas y muy a menudo se ven involucrados, de manera estacional, en la siembra y cosecha de distintos cultivos como la caña de azúcar, el café, las hortalizas y las frutas. Estos niños y niñas trabajan en fincas rurales y plantaciones, a menudo de sol a sol, plantando y cosechando cultivos, fumigando herbicidas, manipulando herramientas peligrosas y expuestos a múltiples riesgos, a la vez que contribuyen al suministro de gran parte de los alimentos y bebidas que consumimos o se exportan, o bien que se utilizan para fabricar otros productos.
Conviene subrayar que no todas las tareas que los niños y niñas realizan en la agricultura son nocivas para ellos, o se podrían considerar como "trabajo infantil por abolir" según los Convenios fundamentales de la OIT.
Las tareas adaptadas a la edad de los niños y niñas, que no interfieren con su escolaridad ni con su tiempo libre y que no afectan su desarrollo e integridad, pueden ser consideradas como parte de su entorno rural.
De hecho, hay diferentes tipos de experiencia laboral, que no es peligrosa y que puede resultarles positiva, al proporcionarles calificaciones prácticas y sociales para su ulterior trabajo como adultos, ya sea o no en el sector agrícola. O bien son parte de la educación,como sucede en el contexto de los pueblos indígenas.
Es necesario entender que los cuerpos y mentes de los niños, niñas y adolescentes están todavía en proceso de crecimiento y desarrollo, y por lo tanto la exposición a riesgos laborales puede ser más dañina y con consecuencias más devastadoras que resultan, incluso, en discapacidades permanentes o la muerte.
Pero además, la agricultura es un sector en el que muchos niños y niñas no tienen acceso a la educación por la carencia de escuelas en zonas rurales o la existencia de escuelas de irregular calidad y dificultades para retener a los maestros en las zonas más alejadas, así como barreras idiomáticas y culturales en relación con los niños y niñas indígenas. A esto se añaden bajas tasas de asistencia escolar, altas tasas de deserción y bajos niveles de rendimiento y progreso educativos, especialmente ligados a la población migrante.
Una gran parte de ellos son indígenas y muy a menudo se ven involucrados, de manera estacional, en la siembra y cosecha de distintos cultivos como la caña de azúcar, el café, las hortalizas y las frutas. Estos niños y niñas trabajan en fincas rurales y plantaciones, a menudo de sol a sol, plantando y cosechando cultivos, fumigando herbicidas, manipulando herramientas peligrosas y expuestos a múltiples riesgos, a la vez que contribuyen al suministro de gran parte de los alimentos y bebidas que consumimos o se exportan, o bien que se utilizan para fabricar otros productos.
Conviene subrayar que no todas las tareas que los niños y niñas realizan en la agricultura son nocivas para ellos, o se podrían considerar como "trabajo infantil por abolir" según los Convenios fundamentales de la OIT.
Las tareas adaptadas a la edad de los niños y niñas, que no interfieren con su escolaridad ni con su tiempo libre y que no afectan su desarrollo e integridad, pueden ser consideradas como parte de su entorno rural.
De hecho, hay diferentes tipos de experiencia laboral, que no es peligrosa y que puede resultarles positiva, al proporcionarles calificaciones prácticas y sociales para su ulterior trabajo como adultos, ya sea o no en el sector agrícola. O bien son parte de la educación,como sucede en el contexto de los pueblos indígenas.
Es necesario entender que los cuerpos y mentes de los niños, niñas y adolescentes están todavía en proceso de crecimiento y desarrollo, y por lo tanto la exposición a riesgos laborales puede ser más dañina y con consecuencias más devastadoras que resultan, incluso, en discapacidades permanentes o la muerte.
Pero además, la agricultura es un sector en el que muchos niños y niñas no tienen acceso a la educación por la carencia de escuelas en zonas rurales o la existencia de escuelas de irregular calidad y dificultades para retener a los maestros en las zonas más alejadas, así como barreras idiomáticas y culturales en relación con los niños y niñas indígenas. A esto se añaden bajas tasas de asistencia escolar, altas tasas de deserción y bajos niveles de rendimiento y progreso educativos, especialmente ligados a la población migrante.