Historia de vida

Un superheróe anónimo pinta desde lo alto su futuro

El Futuro es de los Jóvenes promueve los talentos y las actitudes excepcionales de aquellos participantes que sorprenden por su elevada capacidad de soñar.

11 de octubre de 2022

Rubén Márquez Meneses, participante de El Futuro es de los Jóvenes

Bogotá - Rubén Márquez Meneses, es un joven extraordinario que sorprende por su vitalidad, alegría y enorme entusiasmo a la hora de emprender una tarea. Con sus 19 años, hace parte de El Futuro es de los Jóvenes; programa liderado por el Ministerio del Trabajo, en cooperación con la Organización Internacional del Trabajo - OIT. Dicho programa tiene el objetivo de brindar a sus más de 600 participantes, orientación vocacional y socioemocional, siendo estas, herramientas prácticas para la construcción de sus proyectos de vida, en aras de generar oportunidades de empleo y autoempleo para la urgente estabilización económica de las víctimas del conflicto armado.

Rubén nació en San José de Cúcuta, capital de Norte de Santander, el 25 de Julio del 2003, ciudad donde actualmente reside. Es el mayor de tres hermanos. Su familia que por cierto, es muy unida, goza de la compañía permanente de Francisco y Emilia María, sus padres; quienes lo apoyan y acompañan en todas las actividades diarias. En días corrientes se levanta con la luz del alba a eso de las cinco, para emprender su misión académica, la que asume con buen ánimo en el colegio Juan Bautista Scalabrini; allí sus compañeritos lo esperan cada mañana, siempre alegres de verlo, al tiempo de ingresar a las aulas donde cursan el séptimo grado. Rubén se destaca por ser muy aplicado y cumplido con sus deberes escolares.

Se ha sabido ganar el aprecio y la admiración de los profesores, ya que aún al enfrentar los indecibles obstáculos que le plantea su discapacidad múltiple, no refrena el deseo de aprender. Sale adelante con todas las obligaciones y supera con su actitud entusiasta las circunstancias adversas, pues para él simplemente no existen las barreras.

Su casa construida con paredes de tabla, está ubicada en el barrio Scalabrini, en un humilde sector a las afueras de Cúcuta sobre la Comuna 7, donde misioneros scalabrinianos de origen italiano, al ver la gran cantidad de personas que llegaban a la ciudad desplazadas por el conflicto armado y, sin ninguna posesión, decidieron fundar el barrio en el año 2000, para darle albergue en sus terrenos a las familias que huían de las zonas afectadas por la guerra

En los momentos de descanso, bajo el caluroso techo de zinc e inmerso en la sana quietud de la tarde, Rubén se dedica, en compañía de sus dos hermanas y de su hermano materno, a desarrollar actividades divertidas. Cantar canciones, dibujar y colorear sus propios monachos, los que bosqueja con el simple propósito didáctico de señalar las diferentes partes humanas e irlas mencionando. Ama asistir a fiestas, recibir regalitos, salir de paseo e ir descubriendo lugares nuevos, su espíritu aventurero lo lleva puesto en el corazón.

Francisco su padre, quien tiempo atrás se dedicaba a las labores de la construcción, hoy debe permanecer en casa a causa de una cefalea crónica que maneja con paciencia y que le impide hacer muchas cosas, además de haber perdido paulatinamente la capacidad de ver. Rubén le sirve de lazarillo cuando se hace necesario. Tiempo atrás, Emilia María, mamá de Rubén, llegó al barrio en condición de desplazada, acompañada de Francisco. Juntos venían de Tibú, un pequeño municipio cercano a la frontera con Venezuela, región de Norte de Santander. Las circunstancias de vida llevaron a la pareja a engrosar las cifras de desplazamiento forzada y salir en busca de un lugar de paz, con oportunidades laborales para levantar a la familia.

Rubén llegó al mundo en buenas condiciones, pero al cabo de unos pocos días de nacido, notaron que en el pequeño bebé algo no estaba funcionando bien. Luego de múltiples exámenes, los galenos le diagnosticaron con un déficit cardiopulmonar, así que presa de su fragilidad, fue operado a corazón abierto. El éxito de la delicada cirugía le ha permitido hoy volar alto con sus sueños. Son muchos los proyectos que dibuja en la pizarra de su futuro, como el de ser un gran futbolista, por que ama ver el fútbol, conducir un camión o ser profesor artístico.


“Desde que a Rubén lo llamaron para hacer parte del programa El Futuro es de los Jóvenes, donde recibe Orientación Socioemocional; ha avanzado en muchos aspectos de su vida, el déficit de atención ha disminuido, tiene más amigos con quienes disfruta de ser otro adolescente que participa en igualdad de condiciones con los demás.


Sus habilidades cognitivas se fortalecen cada día y de ello dan crédito sus hermanos, ya que notan mayor cuidado y motricidad en la ejecución de sus actividades artísticas, comprende con claridad las ideas, recuerda con detalle aspectos del pasado. En Rubén, es indudable, el manejo del lenguaje ahora ha mejorado, ya que con su delgada y sutil voz logra articular palabras y forma oraciones con un mejor sentido lingüístico y coherencia gramatical.

Rubén con su tez morena, su cuerpo delgado como el del valeroso Quijote, sus cejas sobrepobladas y su mirada expresiva revestida de esperanza, aguarda con paciencia el trasplante de médula ósea que pronto llegará. Con la misma paciencia se sienta cada tarde a dibujar siluetas mágicas bajo el fogoso techo de zinc que lo cubre, así colorea su inocente esperanza. Entonces saca punta con el tajalápiz y pinta con el color rojo su capa de superhéroe, aquella que le permite elevar la imaginación y desde lo alto ver el porvenir. Con ello confirma que, así como para él es posible volar, también para otros jóvenes el futuro es posible