Sin protección social, hay desigualdad

La protección social cuando no podemos trabajar por enfermedad, invalidez, accidentes en el trabajo, enfermedades profesionales, maternidad, cuando ya no tenemos edad para trabajar o cuando no encontramos trabajo, es clave para evitar la pobreza y asegurar el bienestar individual y social. #SinDesigualdad

21 de abril de 2014



Sólo el 20 por ciento de la población mundial tiene una protección social adecuada, y más del 50 por ciento no tiene asegurada ningún tipo de cobertura.

Desde la fundación de la OIT en el año 1919, la seguridad social ha sido un elemento fundamental del mandato de la Organización y, por consiguiente, uno de sus ámbitos principales de actividad normativa. En la Declaración de Filadelfia (1944) se instó a la OIT a «fomentar, entre todas las naciones del mundo, programas que permitan […] extender las medidas de seguridad social para garantizar ingresos básicos a quienes los necesiten y prestar asistencia médica completa» […]. El reconocimiento universal de la seguridad social como un derecho inherente a todas las personas se consagró posteriormente al incluirse el derecho a la seguridad social en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en 1948 , en el Pacto International de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en 1966 , y en otros muchos tratados internacionales y regionales de derechos humanos. A pesar de la importancia de su papel y sus funciones, la seguridad social todavía dista mucho de ser una realidad para la gran mayoría de la población mundial, que carece de acceso a la protección de la seguridad social o apenas lo tiene.

La OIT promueve la Iniciativa del Piso de Protección Social, que supone asegurar un nivel universal un nivel básico de protección social, garantizando a toda persona una seguridad básica de ingresos y un acceso universal y asequibilidad a servicios sociales esenciales en las áreas de salud, agua y saneamiento, educación, alimentos y vivienda.