Representantes de países latinoamericanos debaten en Uruguay sobre realidad rural
El seminario "Políticas de mercado de trabajo y pobreza rural", fue organizado por la Oficina Regional de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación para América Latina y el Caribe (FAO), con la colaboración de la OIT y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
12 de octubre de 2012
Montevideo, Uruguay.- Los días 10 y 11 de octubre en las instalaciones del Hotel Balmoral, autoridades de los ministerios de Trabajo y Seguridad Social y Ganadería, Agricultura y Pesca; legisladores, funcionarios de seguridad social, representantes de trabajadores y empleadores y delegados de diferentes países participaron del seminario "Políticas de mercado de trabajo y pobreza rural", que fue organizado por la Oficina Regional de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación para América Latina y el Caribe (FAO), con la colaboración de la Organización Internacional del Trabajo(OIT) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
El ministro de Trabajo, Eduardo Brenta y el subsecretario de Ganadería, Enzo Benech dieron inicio al evento acompañados de la coordinadora residente del Sistema de Naciones Unidas en Uruguay, Susan McDade. En esta instancia se presentaron los resultados de una investigación realizada en 12 países de América Latina, sobre sus respectivos mercados de trabajo rural, con especial atención en la calidad del empleo.
El estudio – presentado por el consultor de FAO, Emilio Klein - revela que la pobreza rural viene disminuyendo desde 1980 a la fecha en toda América Latina. Pasó de 60% (1980) a 53% (2010). Pero la disminución fue muy lenta, inferior al 1% por año. Las características del mercado de trabajo rural explican en parte el mal desempeño y se considera que el problema está en la distribución.
En cuanto al impacto de las políticas públicas en la pobreza rural, el informe revela que las personas pobres en Uruguay en su área rural alcanzan el 18%. De las personas ocupadas en las áreas rurales, el 53% se dedica a la agricultura y el 47% a labores no agrícolas. En Brasil, en tanto, la relación es 70%-30% y en Chile 60%-40%.
En cuanto al porcentaje de asalariados del sector rural, en Uruguay alcanza el 61% y en Chile el 65%. Ambos países registran los valores más altos de la región. No hay datos cuantitativos sobre los asalariados temporales agrícolas en nuestro país, pero la información cualitativa indica que se trata de un porcentaje alto.
El 46% de los pobres rurales de Uruguay se ocupa en el sector agrícola y el 54% en el no agrícola. Este es un dato destacado por los especialistas, ya que en la mayoría de los países los pobres se dedican a la agricultura. En Uruguay, el 9% de las personas que trabajan en agricultura son pobres, mientras que el 13% del sector no agrícola lo son. En Brasil representa el 53% y en Paraguay el 73% (agrícola), cifras sensiblemente mayores.
El analista dijo que el crecimiento del sector seguramente favoreció en la baja de los índices de pobreza, y recordó que tanto Uruguay como Chile registran indicadores muy bajos a nivel país. De las personas pobres ocupadas en el área rural, el 10% son asalariados y el 14% productores. En cuanto a la informalidad, Uruguay logró un incremento del 145% (1992-2009) de los puestos cotizantes de asalariados agropecuarios.
En lo que refiere a trabajo infantil, todos los países incluidos en el informe registran avances importantes. En 20 años cayó a la mitad producto de las fuertes políticas que se impulsaron en la región.
En materia de participación de la mujer en el empleo rural regional, los indicadores son bajos y su presencia entre los asalariados agrícolas también es reducido (excepto en cultivos de agroexportación).
El diagnóstico indica que se registra una mayor participación de la mujer en mercados de trabajo no agrícolas y una notoria presencia en tareas informales y temporales. Al igual que en el sector urbano, los hogares rurales donde las mujeres son jefas, tienen mayores niveles de pobreza, y se verificó que es poca la gente que trabaja en los hogares pobres.
El informe recomienda una mayor presencia de políticas públicas en el sector rural, visiblemente inferiores a las del sector urbano; mayor participación de los Ministerios de Trabajo para fiscalizar el cumplimiento de la ley laboral; adecuación de la normativa pensando sobre todo en el trabajo temporal; más capacitación y educación para el trabajo; regularización del empleo (contrato y seguridad social); divulgación de los derechos de los trabajadores y diálogo social en procura de mejoras en las relaciones laborales.
Asimismo el estudio hace foco en la necesidad de trabajar para la erradicación de trabajo infantil, el aumento de la presencia femenina en el mercado formal y la certificación laboral de procedimientos.
El ministro Eduardo Brenta, se refirió a la necesidad de fortalecer las capacidades de los trabajadores ante la presencia de coyunturas recesivas. En este sentido, aludió a la importancia de la formación de las personas para mejorar su desempeño y oportunidades. Recordó que a partir de 2008 comenzó a funcionar el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), donde funciona un programa específico para trabajadores rurales que no solo apunta al empleo, sino también a eliminar la limitación de la oferta educativa en el sector.
"El sector rural tiene indicadores muy positivos para los trabajadores, lo que confluye en un descenso significativo de la pobreza rural, pero también presenta otros desafíos crecientes como la persistencia de sectores, en algunos casos de trabajadores no dependientes (por cuenta propia o propietarios de pequeñas extensiones de tierra) donde subsisten niveles de pobreza importantes en los que se debe trabajar", manifestó.
En tanto, el subsecretario de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech, aludió al trabajo mancomunado de los distintos ministerios para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores rurales. Hizo especial énfasis en el vínculo que mantiene su secretaría de Estado con la de Trabajo. El jerarca dijo que la suba del precio de los commodities y el cambio en el valor de la tierra ayudaron a que la gente en el campo viva mejor, pero aseguró que aún resta mucho por hacer.
También destacó las mejoras en viviendas y citó como ejemplo la labor que realiza MEVIR (Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural) en conjunto con el Ministerio de Vivienda, quienes recientemente entregaron la vivienda número 25 mil. "El cambio de vida de la gente se logra con políticas diferenciadas", añadió.
El ministro de Trabajo, Eduardo Brenta y el subsecretario de Ganadería, Enzo Benech dieron inicio al evento acompañados de la coordinadora residente del Sistema de Naciones Unidas en Uruguay, Susan McDade. En esta instancia se presentaron los resultados de una investigación realizada en 12 países de América Latina, sobre sus respectivos mercados de trabajo rural, con especial atención en la calidad del empleo.
El estudio – presentado por el consultor de FAO, Emilio Klein - revela que la pobreza rural viene disminuyendo desde 1980 a la fecha en toda América Latina. Pasó de 60% (1980) a 53% (2010). Pero la disminución fue muy lenta, inferior al 1% por año. Las características del mercado de trabajo rural explican en parte el mal desempeño y se considera que el problema está en la distribución.
En cuanto al impacto de las políticas públicas en la pobreza rural, el informe revela que las personas pobres en Uruguay en su área rural alcanzan el 18%. De las personas ocupadas en las áreas rurales, el 53% se dedica a la agricultura y el 47% a labores no agrícolas. En Brasil, en tanto, la relación es 70%-30% y en Chile 60%-40%.
En cuanto al porcentaje de asalariados del sector rural, en Uruguay alcanza el 61% y en Chile el 65%. Ambos países registran los valores más altos de la región. No hay datos cuantitativos sobre los asalariados temporales agrícolas en nuestro país, pero la información cualitativa indica que se trata de un porcentaje alto.
El 46% de los pobres rurales de Uruguay se ocupa en el sector agrícola y el 54% en el no agrícola. Este es un dato destacado por los especialistas, ya que en la mayoría de los países los pobres se dedican a la agricultura. En Uruguay, el 9% de las personas que trabajan en agricultura son pobres, mientras que el 13% del sector no agrícola lo son. En Brasil representa el 53% y en Paraguay el 73% (agrícola), cifras sensiblemente mayores.
El analista dijo que el crecimiento del sector seguramente favoreció en la baja de los índices de pobreza, y recordó que tanto Uruguay como Chile registran indicadores muy bajos a nivel país. De las personas pobres ocupadas en el área rural, el 10% son asalariados y el 14% productores. En cuanto a la informalidad, Uruguay logró un incremento del 145% (1992-2009) de los puestos cotizantes de asalariados agropecuarios.
En lo que refiere a trabajo infantil, todos los países incluidos en el informe registran avances importantes. En 20 años cayó a la mitad producto de las fuertes políticas que se impulsaron en la región.
En materia de participación de la mujer en el empleo rural regional, los indicadores son bajos y su presencia entre los asalariados agrícolas también es reducido (excepto en cultivos de agroexportación).
El diagnóstico indica que se registra una mayor participación de la mujer en mercados de trabajo no agrícolas y una notoria presencia en tareas informales y temporales. Al igual que en el sector urbano, los hogares rurales donde las mujeres son jefas, tienen mayores niveles de pobreza, y se verificó que es poca la gente que trabaja en los hogares pobres.
El informe recomienda una mayor presencia de políticas públicas en el sector rural, visiblemente inferiores a las del sector urbano; mayor participación de los Ministerios de Trabajo para fiscalizar el cumplimiento de la ley laboral; adecuación de la normativa pensando sobre todo en el trabajo temporal; más capacitación y educación para el trabajo; regularización del empleo (contrato y seguridad social); divulgación de los derechos de los trabajadores y diálogo social en procura de mejoras en las relaciones laborales.
Asimismo el estudio hace foco en la necesidad de trabajar para la erradicación de trabajo infantil, el aumento de la presencia femenina en el mercado formal y la certificación laboral de procedimientos.
El ministro Eduardo Brenta, se refirió a la necesidad de fortalecer las capacidades de los trabajadores ante la presencia de coyunturas recesivas. En este sentido, aludió a la importancia de la formación de las personas para mejorar su desempeño y oportunidades. Recordó que a partir de 2008 comenzó a funcionar el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional (INEFOP), donde funciona un programa específico para trabajadores rurales que no solo apunta al empleo, sino también a eliminar la limitación de la oferta educativa en el sector.
"El sector rural tiene indicadores muy positivos para los trabajadores, lo que confluye en un descenso significativo de la pobreza rural, pero también presenta otros desafíos crecientes como la persistencia de sectores, en algunos casos de trabajadores no dependientes (por cuenta propia o propietarios de pequeñas extensiones de tierra) donde subsisten niveles de pobreza importantes en los que se debe trabajar", manifestó.
En tanto, el subsecretario de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech, aludió al trabajo mancomunado de los distintos ministerios para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores rurales. Hizo especial énfasis en el vínculo que mantiene su secretaría de Estado con la de Trabajo. El jerarca dijo que la suba del precio de los commodities y el cambio en el valor de la tierra ayudaron a que la gente en el campo viva mejor, pero aseguró que aún resta mucho por hacer.
También destacó las mejoras en viviendas y citó como ejemplo la labor que realiza MEVIR (Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural) en conjunto con el Ministerio de Vivienda, quienes recientemente entregaron la vivienda número 25 mil. "El cambio de vida de la gente se logra con políticas diferenciadas", añadió.