Mujer afrodescendiente tocando el abdomen de una mujer indígena embarazada recostada en una cama dentro de una vivienda con paredes de madera. Un ventilador y telas colgadas son visibles en el fondo rústico.

A propósito del Día Internacional de la Mujer

Radiografía del cuidado comunitario en Colombia: OIT advierte sobre la amplia brecha en derechos laborales que tienen las mujeres en el sector

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), publicado en el Día Internacional de la Mujer, analizó 10 organizaciones de cuidado comunitario en cuatro departamentos de Colombia. El factor común: la ausencia de derechos laborales y la concentración masiva de mujeres en el trabajo de cuidados.

7 de marzo de 2025

Partera tradicional de la Red interétnica de partería afro e indígena tradicional del Chocó, Colombia, Asorediparchocó, una de las organizaciones que hizo parte del estudio. © OIT/ Laly Malagón

Bogotá (OIT Noticias) La economía del cuidado podría generar 381 millones de empleos a nivel mundial, el 11,5% del total, según la OIT. En Colombia, esta actividad recae principalmente en las mujeres, quienes dedican 7,46 horas diarias al cuidado no remunerado, frente a las 3,07 horas de los hombres. Estas cifras cobran relevancia con el informe “Una mirada a las experiencias territoriales de cuidado comunitario en Colombia”, que detalla cómo, en zonas con escasa presencia estatal o del mercado, las comunidades se organizan para ofrecer servicios de cuidado infantil, atención a personas mayores o en condición de discapacidad, y alimentación comunitaria, todo sin seguridad laboral, salario digno ni protección social.

El estudio, liderado por el Ministerio de Igualdad y Equidad y la OIT, mapeó diez experiencias de cuidado en cuatro departamentos de Colombia: Cesar, La Guajira, Valle del Cauca y Chocó que fueron insumo clave para la construcción del recientemente aprobado CONPES 4143 de la política nacional de cuidados. Según el informe, el cuidado comunitario suele ser la única oferta de servicios en estos territorios, surgiendo de procesos organizativos alternativos ante la insuficiencia o ausencia del Estado.

Una de las principales conclusiones del informe que se alinea con lo dispuesto en la resolución sobre trabajo decente y economía del cuidado de la OIT, es que el cuidado garantiza la sostenibilidad de la vida y es esencial para realizar cualquier otro trabajo. En La Guajira, la demanda de estos servicios creció tras la firma del proceso de paz, impulsada por un *baby boom* que permitió a muchos excombatientes formar familias y reincorporarse a la vida productiva. Un ejemplo es la cooperativa Coompazcol, conformada por excombatientes de las FARC, que trabaja junto a las Juntas de Acción Comunal de Conejo y veredas aledañas bajo modelos de liderazgo colectivo y trabajo asociado.

El estudio también subraya la importancia de un enfoque interseccional, étnico e intercultural en las políticas de cuidado
Carolina Pava, oficial nacional de Género para Colombia de la OIT

Asoredipar (Chocó) y Asoparupa (Buenaventura) brindan atención materno-infantil en comunidades afrodescendientes e indígenas sin acceso a salud, mientras que Josa Constructoras de Paz, un grupo de 250 mujeres arhuacas, concibe el cuidado como un proceso integral que incluye la protección del territorio, el medio ambiente y la cultura, a través de prácticas como el tejido de mochilas y el cuidado colectivo de niños, niñas y personas mayores.

El CONPES de la política nacional de cuidados nos permite avanzar en la consolidación de una sociedad cuidadora, donde el derecho a cuidar y a ser cuidado se garantice en condiciones dignas. Es el inicio de una transformación profunda en nuestra manera de entender y organizar el cuidado en Colombia.
Natalia Moreno, directora de Cuidado del Ministerio de Igualdad y Equidad

Desde la OIT, la especialista regional de género y no discriminación, Paz Arancibia, enfatiza que “la distribución del cuidado recae desproporcionadamente en las mujeres, limitando su inclusión económica y participación laboral, lo que agrava las desigualdades de género. Agrega que el informe evidencia la urgencia de diseñar políticas que reconozcan, redistribuyan y reduzcan el trabajo de cuidados no remunerado, al tiempo que se recompensa el trabajo de cuidado remunerado con empleos decentes y representación de los trabajadores en los espacios de diálogo social. “El trabajo y el cuidado no son mercancías; todas las personas deben poder cuidar, ser cuidadas y ejercer el autocuidado”, advierte Arancibia.

El informe recomienda integrar y fortalecer este sector dentro del Sistema Nacional de Cuidado, asignar financiamiento estatal suficiente para hacerlo sostenible y articularlo con la economía social y solidaria capaz de ofrecer servicios de cuidado basados en la cooperación y la gobernanza democrática mientras se mejoran las condiciones laborales para quienes cuidan. Una propuesta que coincide con la agenda gubernamental de fortalecimiento de la economía popular.

Garantizar los derechos fundamentales en el trabajo es clave para lograr trabajo digno y justicia social, promoviendo la igualdad de género y la inclusión de todas las personas trabajadoras”
Paz Arancibia, especialista regional de género y no discriminación de OIT Américas