Historia de vida

“No hacen falta alas”

Un participante del programa El Futuro es de los Jóvenes, con sus habilidades sociales y especial carisma, inspira a través de su increíble capacidad de superación.

11 de octubre de 2022

Yerlinson Marín Silva, participante de El Futuro es de los Jóvenes

Bogotá - Yerlinson Marín Silva, es un joven notable, en su cotidiano vivir asume que la vida es hermosa y que siempre valdrá la pena vivirla. Sin aún comprender ni desear explicarse el porqué de las cosas, incluso antes de nacer, debió comenzar a enfrentar grandes retos de superación, aquellos que determinarían a futuro su propia supervivencia. Claudia Janeth, su madre, tuvo un embarazo complicado, a lo sumo de alto riesgo.

Al cumplir los dos primeros meses de desarrollo, Claudia Janeth presentó desprendimiento de placenta, lo que anunció para ella y para Yerlinson, un embarazo con enormes dificultades y riesgos, sobre todo porque esta alteración comúnmente compromete la oxigenación que alimenta el progreso cerebral del bebé. Sumado que, para su mal, al cumplir los seis meses de gestación, El Dovio, municipio del Valle del Cauca, situado entre montañas y lugar donde Claudia vivía con Édison Marín, fue presa de incursiones por parte de los grupos armados, motivo por el cual debieron salir huyendo, convirtiéndose en desplazados y víctimas del conflicto.

Yerlinson nació en la ciudad de Cali, en marzo de 2003. Al cabo de permanecer dos meses en una máquina incubadora para proveerle soporte vital por su bajo peso, tomó fuerzas e inició su crecimiento. Debido a las dificultades que presentó en el procesamiento de aprendizaje, a los nueve años fue diagnosticado con síndrome de Silver Rusell, un trastorno congénito que afecta el crecimiento natural de la persona. Dicha condición, al cabo de su tránsito por la infancia y la adolescencia, impulsó a otros jóvenes de su entorno a generar burlas, discriminación y acoso psicológico intenso sobre su existencia, razón por la cual, Yerlinson desarrolló estrés crónico por dichos eventos traumáticos, circunstancia con la que hoy debe lidiar en centros especializados, pero siempre saca adelante sus crisis con actitud positiva y con las herramientas de autoestima y cuidado emocional que hoy maneja. Nunca se ha permitido tirar la toalla.

Claudia Janeth, cierto día, recibió por mensaje de texto una invitación para que Yerlinson hiciera parte del programa El Futuro es de los Jóvenes, y así pudiera asumir el reto de estudiar un diplomado en orientación vocacional y socio ocupacional, liderado por el Ministerio del Trabajo y la Organización Internacional del Trabajo - OIT.


“Esta oportunidad de recibir nuevos conocimientos le ha dado una nueva luz de esperanza a su vida. Nunca pensó que algún día pudiera llegar a estudiar. La experiencia lo ha fortalecido en autonomía y autoconfianza.


Para tomar sus clases se va solo para la institución educativa en transporte público, allí lo reciben sus compañeros y tutores, quienes lo apoyan y animan a avanzar y con ello obtener excelentes resultados.

Yerlinson, con su fe inamovible, le da las gracias a Dios por el increíble beneficio que tiene al hacer parte del diplomado. Con su expresión verbal levemente afectada, continúa hablando en un marcado acento valluno. Evoca Filipenses 4:13 -Todo lo puedo en cristo que me fortalece- y retoma el diálogo para contar otras cosas que adora hacer en la vida, y en verdad son muchas. Entre ellas, montar en bicicleta, ir de paseo por Palmira, Tuluá, Buga y demás municipios de la región; asistir a la iglesia, costumbre que mantiene desde niño. Asimismo, ama cantar canciones cristianas, pero mejor si es un reguetón de Redimidos, su banda preferida. También disfruta la música popular de moda y cree que en el futuro puede llegar a estudiar, si el altísimo le da la oportunidad, la carrera de publicidad o economía.

Con sus gafas formuladas, su frágil delgadez, su generosa empatía y su bella inocencia; habla sobre la complicada situación de su hermana de veintitrés años con autismo severo y epilepsia, a quien le dedica gran parte del tiempo, porque ella requiere de un cuidador permanente. Su mamá, en el oficio de la costura y su padre en su monta llantas, requieren de su apoyo para cuidar a la joven.

La historia de Yerlinson Marín, a sus escasos diecinueve años, enseña que al igual que dice Silvio Rodríguez en su canción: No hacen falta alas para hacer un sueño, vasta el buen sentido del amor inmenso, no hacen falta alas, para alzar el vuelo. De lejos este joven participante del programa El futuro de los jóvenes, desde el barrio Llanoverde de Cali, trasciende con su buena actitud. En vez de batir las alas, por que no le hacen falta, agita sus ilusiones y con ellas, alza el vuelo.