Nace la primera Casa de Partería de Quibdó, Colombia: hacia el reconocimiento de este oficio como un trabajo
En 2023, casi 36.000 partos en Colombia fueron atendidos por parteras, según el DANE. Sin embargo, la mayoría de estas trabajadoras comunitarias ejercen sin salario, seguridad social ni condiciones dignas. En ese contexto, la apertura de la primera Casa de Partería de Quibdó, Chocó, se convierte en un hito: un camino hacia el reconocimiento de la partería como un trabajo de cuidado comunitario esencial.
6 de septiembre de 2025
Bogotá (OIT Noticias) - En el tercer piso de la Secretaría de Salud de Quibdó, se abrirán las puertas de la primera Casa de Partería en el municipio. El espacio representa mucho más que cuatro paredes: es la culminación de un camino que ASOREDIPAR Quibdó ha recorrido durante 15 años para visibilizar y dignificar la partería tradicional en el Pacífico colombiano.
Fundada en 2010, ASOREDIPAR Chocó agrupa hoy a más de 1.500 miembros, en su mayoría mujeres afrodescendientes e indígenas. Se extiende por 30 municipios del Chocó y es reconocida como un faro en territorios apartados donde son ellas quienes pueden brindar la primera respuesta ante un parto. “Las parteras hemos sido invisibles para la sociedad, pero siempre hemos estado ahí, trayendo niños al mundo”, recuerda Shirley Maturana, coordinadora de ASOREDIPAR Quibdó.
La organización nació con un objetivo claro: reducir la morbimortalidad materna en el departamento con mayor incidencia de pobreza extrema en Colombia (44,9 % en 2024) y con la tasa de desempleo más alta del país (27,7 % en Quibdó). Allí, según cifras oficiales, el 11,6 % de los partos en 2024 fueron atendidos por parteras, lo que ubica a Chocó como el cuarto departamento del país con mayor participación de este oficio ancestral.
Pero detrás de esos números está la precariedad: menos del 15 % de las parteras tradicionales en Colombia están afiliadas al sistema de seguridad social.
Las parteras no se pensionan, no tienen Seguridad Social, y muchas envejecen sin reconocimiento después de 30 o 50 años de trabajo.
Shirley Maturana, coordinadora de ASOREDIPAR Quibdó
Para cambiar ese panorama, la OIT, con recursos de la Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Asdi y en alianza con el Ministerio de Igualdad y Equidad, acompañó a ASOREDIPAR Quibdó en un proceso de fortalecimiento organizativo como parte del Sistema Nacional de Cuidado del país.
Se aplicaron metodologías de economía social y solidaria que permitieron planear un Centro de Atención Integral de Partería Ancestral, que hoy se materializa en la primera Casa de Partería del municipio de Quibdó. Allí no solo se brindará atención durante el embarazo y postparto con el Cuidado de los 1.000 días, sino también formación para nuevas generaciones de parteras semilla, talleres comunitarios sobre salud sexual y reproductiva, lactancia materna y prevención de violencias, así como la promoción de las Farmazoteas familiares, pequeños viveros medicinales que refuerzan la autonomía sanitaria y económica de estas trabajadoras esenciales.
Permítanme subrayar el papel crítico y amplio de las parteras. Ellas no solo salvan vidas en el momento del parto, sino que también previenen y promueven la salud sexual y reproductiva a lo largo de toda la vida. Por eso, es esencial que la profesión tenga estatus, reconocimiento y liderazgo en nuestras sociedades.
Gisela Strand, Especialista en Políticas de Igualdad de Género de Asdi
La casa de partería y las Farmazoteas no son solo un logro local: son parte de una discusión nacional sobre la dignificación del cuidado comunitario. Un informe reciente de la OIT analizó diez organizaciones en Cesar, La Guajira, Valle del Cauca y Chocó, y encontró un patrón común: mujeres sosteniendo la vida sin salario, sin seguridad laboral y sin protección social. El estudio, insumo clave para el recién aprobado CONPES 4143 de la Política Nacional de Cuidado, mostró que en zonas con escasa presencia estatal o de mercado, son las comunidades las que se organizan para ofrecer servicios de cuidado infantil, atención a mayores o personas con discapacidad y alimentación comunitaria. En todos los casos, el cuidado aparece como la única oferta real, pero también como la más invisible en términos de derechos.
La Casa de Partería de Quibdó se convierte así en un ejemplo de cómo una política pública nacional puede aterrizar en lo local y cobrar sentido en diálogo con los saberes propios del territorio. Aquí, la Secretaría de Salud municipal abre sus puertas para integrar la partería ancestral al sistema público, al tiempo que se preservan prácticas como la medicina tradicional y la Farmazotea.
Se trata de recoger los saberes tradicionales en una política nacional para fortalecerlos y dignificar la labor de las parteras y reconocerla como un trabajo esencial y de cuidado
Natalia Moreno Salamanca, directora de Cuidado del Ministerio de Igualdad y Equidad
En las zonas rurales de Colombia, 9 de cada 10 mujeres realizan trabajo de cuidado no remunerado, dedicando más de 8 horas diarias, mientras los hombres apenas 3. La partería encarna esa inequidad: un oficio vital, cargado de saberes, pero ejercido en la sombra de la informalidad.
La OIT plantea que el cuidado debe abordarse desde las 5R: Reconocer, Reducir, Redistribuir, Recompensar y Representar.
No basta con reconocer y redistribuir el cuidado: hay que recompensar con trabajo decente y garantizar representación en espacios de diálogo social de las y los trabajadores del cuidado. La Casa de Partería, aunque aún no resuelve todos los vacíos, abre un camino.
Carolina Pava, oficial nacional de género de la OIT para los Países Andinos en Colombia.
“Siempre lo hemos hecho de corazón, sin nada a cambio, pero ahora necesitamos un espacio digno y seguro para atender a las gestantes”, insiste Yolanda Moreno, vicepresidenta de ASOREDIPAR Quibdó. La Casa de Partería, dicen, es más que un lugar: es una solución frente a las fronteras invisibles, la violencia y la precariedad que enfrentan día a día.
El primer paso de un largo camino
El lanzamiento de la Casa de Partería es un hito, pero no la meta. Es el inicio de un proceso mayor que busca asegurar condiciones dignas para quienes sostienen la vida en territorios apartados. Las recomendaciones internacionales apuntan a reconocer el cuidado como trabajo, garantizar protección social, crear espacios seguros y, sobre todo, dar voz a quienes han estado al margen.
Como señala Carolina Pava desde la OIT, “se debe mejorar la calidad del empleo reconociendo el cuidado como un trabajo central, incorporándolo en regulaciones salariales y promoviendo la negociación colectiva que incluya a las personas en situación de informalidad”. No se trata solo de un asunto económico: “también es fundamental invertir en servicios de cuidado accesibles y de calidad, e impulsar leyes que se articulen con las iniciativas y políticas locales de los territorios que mejoren las condiciones laborales de quienes cuidan en las comunidades”.
ASOREDIPAR Quibdó lo sabe. “La Casa de Partería es una solución a nuestras dificultades, pero seguimos firmes en la gestión para que nuestro trabajo sea reconocido de verdad”, asegura Shirley.
El reto ahora es que este espacio no se quede como un gesto simbólico, sino que se convierta en la base del Sistema de Cuidado para las parteras, que dignifique un oficio esencial y asegure que la partería ancestral siga recibiendo dignamente la vida en el Chocó. “Cuidar la vida es el más alto acto de justicia, y reconocer a las partes es reconocer que la igualdad se pare, se gesta, y se sostiene con amor, memoria y dignidad”.
Es importante no solamente reconocer el trabajo que estas mujeres están haciendo en el territorio, sino que también garantizarle sus derechos y avanzar en toda una agenda que permita el fortalecimiento de su trabajo, el reconocimiento del valor del mismo y por supuesto el posicionamiento de esta actividad dentro de una agenda más amplia de promoción de la salud, de promoción del trabajo decente y promoción de la justicia social en Colombia
Italo Cardona, director de la OIT para los Países Andinos.