Intervención de Max Puig, Ex Ministro de Trabajo de la República Dominicana, en el panel “El diálogo social y el trabajo decente”. (texto en español y francés)

Dentro del marco de la conferencia sobre el trabajo decente, realizada en Puerto Príncipe, el 9 de octubre de 2014.

9 de octubre de 2014

Hace algunos meses fui informado por el director regional de la Organización Internacional del Trabajo que esta organización, la más antigua del Sistema de las Naciones Unidas, estaba trabajando en la formulación de una propuesta para impulsar un programa de Trabajo Decente en Haití. Me solicitó si podía colaborar con el esfuerzo como ex ministro de Trabajo de mi país, la República Dominicana.

Le respondí positivamente, por muchas razones. Una de ellas, fundamental, es que soy un amigo de Haití desde hace muchos años, admiro su historia heroica historia y aspiro a que los dos pueblos que compartimos la isla de Quisqueya, La Española, Saint-Domingue o Haití podamos cooperar estrechamente para construir un futuro más justo y solidario.

Mi participación consistirá, fundamentalmente, en contar mis experiencias en el cumplimiento del programa de Trabajo Decente de la República Dominicana de 2008 a 2011, años en que asumí la función de ministro de Trabajo.

Debo precisar que asumí el compromiso con el mayor respeto y modestia.

Y esto porque no hay dos países iguales. Aunque los programas de Trabajo Decente que viene impulsando la OIT desde 1999 tienen una dimensión universal, no puede haber dos programas iguales si cada país es distinto. La República Dominicana y Haití no pueden ser una excepción.

Les hablaré, pues, de mi experiencia estando muy conciente que un programa de esta naturaleza obedece a la historia particular de cada país y de que es cada uno de ellos el que debe decidir qué programa adopta a partir del diálogo y del acuerdo de los actores fundamentales del proceso productivo y el gobierno.

Sobre esta base les referiré algunos de los elementos que considero fundamentales del programa de Trabajo Decente que se ejecutó en la República Dominicana.

A inicios de los años 90 del siglo pasado la República Dominicana fue condenada por la Organización Internacional del Trabajo por incumplimiento de las Normas Internacionales del Trabajo, especialmente en detrimento de trabajadores inmigrantes del sector azucarero provenientes de Haití.

El gobierno dominicano aceptó la condena, comprometiéndose a modificar el Código Trujillo de Trabajo, herencia de la dictadura de Rafael Trujillo que se mantuvo en vigencia 31 años después de la ejecución del tirano.

El Código de Trujillo de Trabajo fue modificado en 1992. A partir de entonces se desarrolló un proceso de fortalecimiento del ministerio de Trabajo.

En 2007 un acuerdo tripartito aprobó el Programa Nacional de Trabajo Decente de la República Dominicana. Cuando fui designado ministro de Trabajo en agosto de 2008 este programa, que implicaba la asistencia técnica y el apoyo de la OIT a este ministerio, estaba en vigor.

Desde los inicios de mi gestión se estableció un Plan Estratégico llamado a cubrir los años 2008 a 2012. Las cuatro líneas estratégicas de este plan fueron las siguientes:

1) El desarrollo de una cultura de cumplimiento de la normativa laboral;

2) El impulso a políticas de promoción de empleos;

3) La promoción de la igualdad de oportunidades y la no discriminación en el trabajo, y

4) El fortalecimiento del Sistema Dominicano de Seguridad Social.

El cumplimiento de un plan estratégico de estas características debía basarse, necesariamente, en el diálogo social entre los actores fundamentales del proceso productivo, empleadores y trabajadores.

El Programa Nacional de Trabajo Decente encajaba perfectamente con las líneas estratégicas que estábamos definiendo.

En efecto, el programa definía como su primera prioridad “promover el cumplimiento efectivo y la aplicación de las Normas Internacionales (NIT) para promover la paz laboral”.

La segunda prioridad establecida fue “fortalecer al Gobierno y a las organizaciones de empleadores y las organizaciones de trabajadores en el desarrollo de sus capacidades para la adopción y ejecución del Plan Nacional de Empleo y Trabajo Decente”.

La tercera fue “fortalecer la incidencia de las instancias tripartitas, de las Organizaciones de Empleadores (OE) y de las Organizaciones de Trabajadores (OT), en la formulación y ejecución de una política de desarrollo sociolaboral”.

En pocas palabras, durante los tres años que actué como Ministro de Trabajo el Programa Nacional de Trabajo Decente sirvió como soporte fundamental para cumplir con el Plan Estratégico definido por el ministerio.

En algunos aspectos, logramos avances notables. En otros no fue posible progresar al ritmo que hubiésemos deseado. En cuanto se refiere al fortalecimiento de las capacidades del ministerio y de las organizaciones representativas de empleadores y trabajadores los logros fueron importantes.

Un programa piloto de Administración del Trabajo se cumplió con éxito en la zona turística del Este de la República Dominicana. Se mejoraron los procedimientos de aplicación de la legislación laboral. Se creó un nuevo sistema para la elaboración de las estadísticas laborales. Se reforzó la formación de los inspectores de Trabajo y de los jueces laborales. Se desarrollaron talleres con comunicadores sociales en diferentes ciudades con el propósito de difundir la normativa laboral. Se consolidó la planificación de políticas, planes y proyectos del ministerio de Trabajo.

Para lograr estos objetivos se propició la coordinación interinstitucional y se trabajó siempre sobre la base del diálogo social. Esto permitió el reforzamiento y, en algunos casos, incluso el relanzamiento de órganos tripartitos como el Consejo Consultivo del Trabajo (CCT), la Comisión Nacional de Empleo (CNE), el Comité Nacional de Salarios (CNS) y el Consejo Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional (CONSSO).

El cumplimiento de estos propósitos contribuyó al desarrollo de una cultura de cumplimiento de los derechos laborales, que era uno de los objetivos fundamentales del Plan Nacional de Trabajo Decente.

En la República Dominicana solo el 30 por ciento de la población económicamente activa tiene un empleo asalariado dependiente y más del 55 por ciento desarrolla actividades por cuenta propia o se desenvuelve en el mundo de la llamada informalidad. Esto explica la importancia que se le otorgó a la creación de empleos como segunda línea estratégica de nuestro plan.

Nos propusimos contribuir a lograr más y mejores empleos. Entendimos que para lograr este objetivo debíamos procurar al mismo tiempo tener más y mejores empresas, empresas cuyos responsables respeten y promuevan el respeto a las normativas laborales y procuren establecer las remuneraciones más adecuadas posibles dentro del contexto en que se desenvuelven.

Insistimos en colocar el empleo en el centro de las políticas públicas recalcando que, en definitiva, la mejor política social es el empleo decente.

Critiqué el rol secundario al que son relegados la mayoría de los ministerios de Trabajo en los distintos países, reclamando que el ministerio de Trabajo de mi país pasara a formar parte del equipo económico del gobierno.

Cada vez que fue necesario solicité a la OIT los expertos necesarios para abordar problemas sobre los que empresarios y trabajadores no lograban ponerse de acuerdo. Recuerdo que el ministerio a mi cargo pudo contar con especialistas en el tema de los métodos para fijar los salarios mínimos.

Durante la gestión que encabecé también pude contar con un sólido respaldo en todo lo concerniente a la promoción de la igualdad de oportunidades y la no discriminación en el trabajo. Los ministerios de Trabajo y de la Mujer se asociaron para impulsar políticas de equidad de género. La solicitud de ratificación del convenio 189 sobre el trabajo doméstico asalariado fue hecha conjuntamente por estos dos ministerios. El apoyo también se hizo presente con relación a las políticas de promoción de los trabajadores y trabajadoras afectados por algún nivel de discapacidad.

La República Dominicana estableció un nuevo sistema de seguridad social en el año 2001. Este sistema está todavía en construcción y nuestro país requiere de asesoría y transmisión de experiencias en la materia. Al respecto digo lo mismo que ya dije antes: siempre contamos con el apoyo que requerimos dentro del marco del Plan Nacional de Trabajo Decente.

No vayan ustedes a pensar que no hubo dificultades y que todo fue un jardín de rosas. En realidad, hubo muchos contratiempos. Las resistencias vinieron de las más diversas direcciones.

Lo importante es que las afrontamos a través del diálogo, que se convirtió en una de nuestras más preciadas herramientas de trabajo.

En definitiva, nunca nadie hace nada solo. Considero que solo mediante la colaboración y la cooperación, y la más amplia participación de los distintos actores, se podrán alcanzar mayores niveles de equidad e integración social, generando esto un sentido de comunidad.

Estoy convencido de que no basta con crear empleo. Considero que la creación de trabajo decente es la mejor estrategia de crecimiento del empleo.

¿Cómo hacerlo? Creo que no hay recetas. El diálogo social representa apenas un camino para procesar los diferentes intereses y lograr consensos básicos en una sociedad.

Los campesinos dominicanos dicen que nadie sabe mejor cuánto pesa la carga como el que la lleva encima. Son los propios haitianos y haitianas los llamados a construir su diálogo social y a establecer el programa de trabajo decente que consideren adecuado a su momento y circunstancias.

De lo que sí estoy seguro es que el diálogo social y el propósito de crear trabajo decente representarán un paso importante en la construcción de ciudadanía y en el establecimiento de un Haití mejor para todos y todas.

Puerto Príncipe, 9 de octubre de 2014.

INTERVENTION DE MAX PUIG, EX MINISTRE DU TRAVAIL DE LA REPUBLIQUE DOMINICAINE, DANS LE PANEL « LE DIALOGUE SOCIAL ET LE TRAVAIL DECENT» DANS LE CADRE DE LA CONFERENCE SUR LE TRAVAIL DECENT TENUE À PORT-AU PRINCE LE 9 OCTOBRE 2014.

Cela fait quelques mois le directeur régional du Bureau International du Travail m’a fait part de l’intention de cette organisation, la plus ancienne du système des Nations Unis, de travailler dans la formulation d’une proposition pour impulser un programme de travail décent en Haïti. Il m’a alors demandé si en tant qu’ancien ministre du Travail en République dominicaine, je pouvais collaborer à cet effort en partageant mes expériences.

Ma réponse a été positive pour plusieurs motifs. Une des raisons fondamentales est que je suis un ami d’Haïti depuis de très longues années, que j’admire son histoire héroïque et que j’aspire à ce que les deux peuples qui partagent l’ile de Quisqueya, La Española, Saint-Domingue ou Haïti, puissent coopérer de manière étroite à la construction d’un futur plus juste et solidaire.

Ma participation consiste principalement à décrire mes expériences de l’exécution du programme de Travail Décent de 2008 a 2011, période où j’étais Ministre du travail.

J’ai assumé cet engagement non sans préciser que je le ferai avec le plus grand respect et modestie.

Et cela parce qu’il n’y a pas deux pays semblables. Bien que les programmes de travail décent promus par l’OIT depuis 1999 soient d’une dimension universelle, il ne peut pas y avoir deux programmes semblables si chaque pays est fondamentalement différent l’un de l’autre. Dans ce sens la République dominicaine et Haïti ne sont pas une exception.

Je vous parlerai donc de mes expériences tout en étant tout à fait conscient qu’un tel programme obéit à l’histoire particulière de chaque nation et que c’est à chacune d’elles de décider quel programme adopter à partir du dialogue et des accords entre les principaux acteurs du processus de production et le gouvernement.

C’est sur cette base que je vous ferai part de ce que je considère comme les éléments fondamentaux du Programme de Travail Décent en République dominicaine.

Au début des années 1990, la République dominicaine avait été condamnée par l’OIT pour irrespect aux normes internationales du travail au détriment des travailleurs migrants haïtiens du secteur sucrier

A cette époque le gouvernement dominicain accepta la condamnation et s’engagea à modifier le code du travail qui datait du temps de la dictature de Rafael Trujillo et qui a survécu 31 ans après la mise a mort du tyran.

Le Code Trujillo du Travail a été modifie en 1992. A partir de ce moment là et les années qui suivirent s’engagea un processus de renforcement du ministère du Travail

En 2007, un accord tripartite approuva l’instauration d’un Programme national de travail décent en République dominicaine. Lorsque je fus désignée ministre du Travail en 2008 ce programme, qui impliquait une assistance technique et l’appui de l’OIT à ce ministère, était en vigueur.

Dès les débuts de ma gestion un plan stratégique fut mis en route couvrant les années 2008 a 2012. Les quatre lignes stratégiques de ce plan étaient les suivantes :
1. Développement d’une culture destinée à faire appliquer les normes du travail ;
2. Impulsion de politiques de promotion de l’emploi ;
3. Politique d’égalité de chances et de non discrimination de l’emploi ;
4. Renforcement du système dominicain de sécurité sociale.

L’accomplissement d’un plan stratégique avec ces caractéristiques prend forcément sa source dans le dialogue social entre les acteurs fondamentaux du processus productif, les employeurs et les travailleurs.

Le Programme National de Travail Décent approuvé au préalable s’ajustait parfaitement aux lignes du plan stratégique que nous étions en train de définir.

En effet, la première priorité de ce programme était de “ promouvoir l’accomplissement effective et l’application des Normes Internationales du Travail (NIT) pour promouvoir la paix sociale.

La seconde priorité établie était le “ renforcement du gouvernement et des organisations d’employeurs et de celles de travailleurs pour développer leur capacité pour l’adoption et l’exécution du Plan national d’emploi et travail décent ”.

La troisième était de renforcer l’incidence des instances tripartites des organisations d’employeurs et des organisations de travailleurs dans la formulation et l’exécution d’une politique de développement socioprofessionnel

En peu de mots, pendant les trois années de mon passage au Ministère du travail le Programme National de Travail Décent a servi de support fondamental au plan stratégique défini par le ministère.
Sur certains points nous avons obtenu des avances notoires. Sur d’autres nous n’avons pas pu progresser au rythme souhaité. En ce qui concerne le renforcement des capacités du ministère et des organisations représentatives d’employés et de travailleurs les acquis ont été substantiels.

Un programme pilote d’Administration du travail c’est déroulé avec succès dans la zone touristique situe à l’est de la République dominicaine. Les procédures d’application de la législation du travail ont été améliorées. Un nouveau système d’élaboration des statistiques de l’emploi a été mis en place. La formation des inspecteurs du travail et des juges du travail a été renforcée. Des ateliers avec des communicateurs sociaux ont pris place dans différentes villes pour faire connaitre les normes du travail. La planification des politiques, des plans et des projets du Ministère du travail se sont trouvés consolidées.

Pour atteindre ces objectifs la coordination entre institutions a été privilégiée et le travail s’est toujours effectué sur la base du dialogue social. Cela a permis de renforcer et même dans certain cas de relancer des organismes tripartites comme le Conseil Consultatif du Travail (CCT), la Commission Nationale de l’Emploi(CNE) et le Comité National des Salaires (CNS), ainsi que le Conseil National de la Sécurité et de la Santé du Travail (CONSSO)

Avoir atteint ces buts a contribué au développement d’une culture de respect des droits du travail, qui était l’objet fondamental de Plan National de Travail Décent.
En République dominicaine 30% seulement de la population économiquement active dépend d’emplois salariés dépendants et plus de 55 % sont des travailleurs individuels et sont dans ce que l’on appelle le secteur informel. Cela explique l’importance de la création d’emplois comme deuxième ligne stratégique de notre plan stratégique.

Notre but était de contribuer a la création de plus et de meilleurs emplois. Pour atteindre cet objectif il fallait en même temps compter sur plus d’entreprises et sur de meilleures entreprises, dont les responsables respectent et fassent la promotion des normes du travail et soient a même d’établir les rémunérations les plus justes possibles dans leur secteur.

Nous avons insisté sur le fait que l’emploi doit être au centre des politiques publiques car en définitive la meilleure politique sociale c’est l’emploi décent.

J’ai critiqué le rôle secondaire auquel est relégué la majorité de ministères du Travail dans le monde en réclamant que dans mon pays il fasse partie de l’équipe économique du gouvernement.
Chaque fois que cela a été nécessaire j’ai demandé à l’OIT les experts compétents pour aborder les problèmes litigieux entre patrons et travailleurs ; par exemple, le ministère a pu compter sur des spécialistes des méthodes à employer pour fixer les salaires minimums par secteurs.

Durant ma gestion j’ai pu également reçu un solide soutien en tout ce qui concerne la promotion de l’égalité d’opportunités et la non discrimination dans le travail. Les ministères du Travail et de la Femme se sont associés pour promouvoir des politiques d’équité de genre. La demande de ratification de la convention 189 sur le travail domestique salarié a été menée de façon conjointe par ces deux ministères. Nous avons également bénéficié de ce soutien en ce qui concerne la promotion des travailleurs et travailleuses affectés par une incapacité physique.

La République dominicaine a établi un nouveau système de sécurité sociale en 2001. Ce système est encore en construction et mon pays a encore besoin de conseils et des transferts d’expériences sur ce plan. Je le répète, chaque fois que nous avons eu besoin de soutien dans le cadre du Plan National de Travail Décent nous l’avons obtenu.

N’allez pas penser qu’il n’y a pas eu de difficultés et que tout a été un jardin de roses. En réalité nous avons eu beaucoup de contretemps et il y a eu des résistances dans toutes les directions.
Ce qui est important c’est l’esprit avec lequel nous les avons affronté a travers le dialogue, qui est devenu notre outil de travail le plus précieux.

En définitive, on ne fait jamais rien tout seul. C’est seulement grâce à la collaboration, la coopération et la plus large participation de tous les acteurs que l’on peut atteindre une plus grande équité et une intégration sociale qui engendre un sentiment de communauté.

Je suis convaincu qu’il n’est pas suffisant de créer des emplois mais que la création d’emplois décents est la meilleure des stratégies possibles.
Comment le faire? Je crois qu’il n’y a pas de recettes. Le dialogue social est seulement un des chemins pour traiter les différents intérêts et obtenir des consensus fondamentaux dans la société.

Les paysans dominicains disent que personne ne connait mieux le poids de la charge que celui qui la porte. Ce sont les Haïtiens et les Haïtiennes qui sont appelés à construire leur dialogue social et à établir le programme de travail décent qu’ils considèrent adaptés au moment et aux circonstances.

Ce dont je suis convaincu c’est que le dialogue social et le propos de créer du travail décent sont une avance importance dans la construction de citoyenneté et l’édification d’un meilleur pays pour tous les Haïtiens et Haïtiennes.

Port-au-Prince, le 9 octobre 2014.