Décimo Primera Mesa Redonda de Políticas de la OEA: Juventud, Trabajo Decente y Prosperidad Humana en Las América.
5 de noviembre de 2008
1. “Los Jefes de Estado y de Gobierno elegidos de las Américas estamos comprometidos a fomentar la prosperidad, los valores y las instituciones democráticas y la seguridad de nuestro Hemisferio”. Así comienza la I Cumbre de las Américas (Miami 1994) y la última (Mar del Plata 2005) concluye: “(…) los Jefes de Estado y de Gobierno del Hemisferio reafirmamos el papel fundamental que otorgamos a la creación de trabajo decente para cumplir con nuestros compromisos de enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática” (…).
La importancia de generar más y mejores trabajos parece componente esencial de cualquier esfuerzo por construir una prosperidad que merezca el calificativo de humana. Más aún en la búsqueda de tal prosperidad, hoy en las Américas ante la crisis global de los mercados financieros y su impacto en la economía real, resulta clara la centralidad del trabajo decente.
2. Ella ha estado en la agenda de las 7 últimas Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericanos. El concepto aparece en el proceso de las Cumbres de las Américas en Nuevo León (2004) y es desarrollado en Mar del Plata. También está presente en las reuniones de los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y del Caribe con sus pares europeos, desde 2004 (Guadalajara) hasta este año (Lima).
Los Ministros de Trabajo de las Américas, en sus Conferencias en el ámbito de la OEA, desde 2003 (Salvador de Bahía) hasta la del año pasado (Puerto España), han profundizado en el trabajo decente. En el primer foro de Ministros de Trabajo de Iberoamérica, el pasado setiembre en Sonsonate, se analizaron las implicaciones del trabajo decente respecto de la juventud.
Dichos ministros, en espacios tripartitos (con empleadores y trabajadores), han profundizado en las consecuencias prácticas del trabajo decente en el MERCOSUR, en la Comunidad Andina (2004), en el SICA (2005) y en el CARICOM (2006). En la Conferencia Regional de los Estados Americanos miembros de la OIT (Brasilia 2006) se acordó una Década de Promoción del Trabajo Decente en las Américas 2006-2015.
La fecha de esta Agenda coincide con la de los Objetivos del Milenio. Por ello resulta pertinente recordar lo dicho por el Primer Ministro de Bahamas, el pasado setiembre: “We believe that efforts to achieve the Millennium Development Goals, and ultimately create a society for all, must be carried out in tandem with steps to achieve full employment and decent work for all”.
En la Conferencia de Brasilia se destacaron los Programas Nacionales de Trabajo Decente como herramientas para contribuir con el progreso en el Hemisferio. En la Américas existen estos programas en Argentina, Bahamas, Bolivia, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana y 25 más en el resto del mundo.
3. El trabajo ha sido, es y debe seguir siendo componente sustantivo del contrato social capaz de fundar sociedades de hombres y mujeres libres. El trabajo decente parece ser el sustento adecuado de la gobernabilidad democrática en la globalización. A propósito resulta de interés la “Declaración sobre la Justicia Social para una Globalización Equitativa”, sancionada por los Estados Miembros de la OIT el pasado junio, sobre la que ha se ha referido el Ministro Salamín, quien presidió la Conferencia Internacional del Trabajo que la aprobó.
El concepto trabajo decente, aportado por el Director- General de la OIT, Juan Somavia (1999), procura sintetizar el que las sociedades sean capaces de dar empleo, habitación, alimentación, educación, protección social e ingresos adecuados a sus miembros. En una palabra: prosperidad. Parafraseando al Presidente Oscar Arias, quien señalara “El trabajo decente se encuentra en el corazón de la paz” (2006), podría decirse que el trabajo decente se encuentra en el corazón de la prosperidad humana.
El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo: no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso digno y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social ni aquél que excluye el diálogo social. Trabajo decente es aquella ocupación productiva que es justamente remunerada y que se ejerce en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana.
4. La probable pérdida de puestos de trabajo y desmejoramiento de las condiciones laborales para millones de hombre y mujeres en las Américas, como consecuencia de la crisis financiera global, es una posibilidad que no puede ser marginal en una agenda interamericana que se propone asegurar el futuro de sus ciudadanos mediante la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad medioambiental.
En tal tarea la juventud tiene un rol central, como lo dijera el Presidente de El Salvador: “Promover el trabajo decente para los jóvenes es optar por fortalecer la democracia, apoyar la cohesión social y contribuir al crecimiento económico” (2008).
5. Cabe recordar lo que señalara la Presidenta Bachelet para su país: “Chile desea subrayar que la Democracia, el buen gobierno, la estabilidad política deben estar asociadas con el desarrollo económico y con la creación de trabajo decente y con políticas claras de inclusión social”.
El desarrollo humano, que podría ser otra forma de llamar a la prosperidad humana, consiste en un proceso de expansión de las opciones y de las capacidades individuales para lograr la realización personal.
El desarrollo humano es más amplio que la combinación de progreso social y crecimiento económico pues incorpora dimensiones como la ampliación de la democracia, la protección del medio ambiente y la promoción de los derechos de las personas. El crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para promover el desarrollo humano y el trabajo, en particular el trabajo decente, es un puente entre dicho tipo de crecimiento y tal desarrollo, una correa de transmisión entre las cifras macroeconómicas y la mesa donde la gente come o no.
Estudios realizados por la OIT y el PNUD muestran la importante correlación positiva entre trabajo decente y desarrollo humano. Uno reciente en Honduras (país que ocupa el puesto 115 en el Índice de Desarrollo Humano) ha encontrado que quienes cuentan con trabajo decente tienen un desarrollo al nivel del país que ocupa el puesto
77 en dicho Índice y aquellos sin trabajo decente (desempleados y subempleados) al nivel de los países que ocupan los puestos entre 128 y 130, en el mismo Índice.
6. Estoy seguro que nuestros Jefes de Estado y de Gobierno, el próximo abril, darán a nuestras sociedades alternativas que contribuyan con la afirmación de la democracia política, la democracia social y la democracia económica y por ello la Cumbre de Puerto España será un hito en la historia de cooperación interamericana en favor de la prosperidad en el Hemisferio.
La OIT, que en abril de 2009 cumplirá 90 años, está muy honrada de poder ser parte del proceso de las Cumbres de las Américas.
Vídeo de las palabras de Virgilio Levaggi, Director de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y la República Dominicana (11' 33'')
La importancia de generar más y mejores trabajos parece componente esencial de cualquier esfuerzo por construir una prosperidad que merezca el calificativo de humana. Más aún en la búsqueda de tal prosperidad, hoy en las Américas ante la crisis global de los mercados financieros y su impacto en la economía real, resulta clara la centralidad del trabajo decente.
2. Ella ha estado en la agenda de las 7 últimas Cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericanos. El concepto aparece en el proceso de las Cumbres de las Américas en Nuevo León (2004) y es desarrollado en Mar del Plata. También está presente en las reuniones de los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y del Caribe con sus pares europeos, desde 2004 (Guadalajara) hasta este año (Lima).
Los Ministros de Trabajo de las Américas, en sus Conferencias en el ámbito de la OEA, desde 2003 (Salvador de Bahía) hasta la del año pasado (Puerto España), han profundizado en el trabajo decente. En el primer foro de Ministros de Trabajo de Iberoamérica, el pasado setiembre en Sonsonate, se analizaron las implicaciones del trabajo decente respecto de la juventud.
Dichos ministros, en espacios tripartitos (con empleadores y trabajadores), han profundizado en las consecuencias prácticas del trabajo decente en el MERCOSUR, en la Comunidad Andina (2004), en el SICA (2005) y en el CARICOM (2006). En la Conferencia Regional de los Estados Americanos miembros de la OIT (Brasilia 2006) se acordó una Década de Promoción del Trabajo Decente en las Américas 2006-2015.
La fecha de esta Agenda coincide con la de los Objetivos del Milenio. Por ello resulta pertinente recordar lo dicho por el Primer Ministro de Bahamas, el pasado setiembre: “We believe that efforts to achieve the Millennium Development Goals, and ultimately create a society for all, must be carried out in tandem with steps to achieve full employment and decent work for all”.
En la Conferencia de Brasilia se destacaron los Programas Nacionales de Trabajo Decente como herramientas para contribuir con el progreso en el Hemisferio. En la Américas existen estos programas en Argentina, Bahamas, Bolivia, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y República Dominicana y 25 más en el resto del mundo.
3. El trabajo ha sido, es y debe seguir siendo componente sustantivo del contrato social capaz de fundar sociedades de hombres y mujeres libres. El trabajo decente parece ser el sustento adecuado de la gobernabilidad democrática en la globalización. A propósito resulta de interés la “Declaración sobre la Justicia Social para una Globalización Equitativa”, sancionada por los Estados Miembros de la OIT el pasado junio, sobre la que ha se ha referido el Ministro Salamín, quien presidió la Conferencia Internacional del Trabajo que la aprobó.
El concepto trabajo decente, aportado por el Director- General de la OIT, Juan Somavia (1999), procura sintetizar el que las sociedades sean capaces de dar empleo, habitación, alimentación, educación, protección social e ingresos adecuados a sus miembros. En una palabra: prosperidad. Parafraseando al Presidente Oscar Arias, quien señalara “El trabajo decente se encuentra en el corazón de la paz” (2006), podría decirse que el trabajo decente se encuentra en el corazón de la prosperidad humana.
El trabajo que dignifica y permite el desarrollo de las propias capacidades no es cualquier trabajo: no es decente el trabajo que se realiza sin respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, ni el que no permite un ingreso digno y proporcional al esfuerzo realizado, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, ni el que se lleva a cabo sin protección social ni aquél que excluye el diálogo social. Trabajo decente es aquella ocupación productiva que es justamente remunerada y que se ejerce en condiciones de libertad, equidad, seguridad y respeto a la dignidad humana.
4. La probable pérdida de puestos de trabajo y desmejoramiento de las condiciones laborales para millones de hombre y mujeres en las Américas, como consecuencia de la crisis financiera global, es una posibilidad que no puede ser marginal en una agenda interamericana que se propone asegurar el futuro de sus ciudadanos mediante la promoción de la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad medioambiental.
En tal tarea la juventud tiene un rol central, como lo dijera el Presidente de El Salvador: “Promover el trabajo decente para los jóvenes es optar por fortalecer la democracia, apoyar la cohesión social y contribuir al crecimiento económico” (2008).
5. Cabe recordar lo que señalara la Presidenta Bachelet para su país: “Chile desea subrayar que la Democracia, el buen gobierno, la estabilidad política deben estar asociadas con el desarrollo económico y con la creación de trabajo decente y con políticas claras de inclusión social”.
El desarrollo humano, que podría ser otra forma de llamar a la prosperidad humana, consiste en un proceso de expansión de las opciones y de las capacidades individuales para lograr la realización personal.
El desarrollo humano es más amplio que la combinación de progreso social y crecimiento económico pues incorpora dimensiones como la ampliación de la democracia, la protección del medio ambiente y la promoción de los derechos de las personas. El crecimiento económico es condición necesaria pero no suficiente para promover el desarrollo humano y el trabajo, en particular el trabajo decente, es un puente entre dicho tipo de crecimiento y tal desarrollo, una correa de transmisión entre las cifras macroeconómicas y la mesa donde la gente come o no.
Estudios realizados por la OIT y el PNUD muestran la importante correlación positiva entre trabajo decente y desarrollo humano. Uno reciente en Honduras (país que ocupa el puesto 115 en el Índice de Desarrollo Humano) ha encontrado que quienes cuentan con trabajo decente tienen un desarrollo al nivel del país que ocupa el puesto
77 en dicho Índice y aquellos sin trabajo decente (desempleados y subempleados) al nivel de los países que ocupan los puestos entre 128 y 130, en el mismo Índice.
6. Estoy seguro que nuestros Jefes de Estado y de Gobierno, el próximo abril, darán a nuestras sociedades alternativas que contribuyan con la afirmación de la democracia política, la democracia social y la democracia económica y por ello la Cumbre de Puerto España será un hito en la historia de cooperación interamericana en favor de la prosperidad en el Hemisferio.
La OIT, que en abril de 2009 cumplirá 90 años, está muy honrada de poder ser parte del proceso de las Cumbres de las Américas.
Vídeo de las palabras de Virgilio Levaggi, Director de la OIT para Centroamérica, Haití, Panamá y la República Dominicana (11' 33'')