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Trabajo doméstico remunerado y participación laboral de las mujeres: el desafío silencioso

El trabajo doméstico remunerado sigue siendo precario y su lenta recuperación refuerza la necesidad de incluirlo en políticas de cuidado para avanzar en igualdad.

4 de abril de 2025

Trabajadora doméstica © OIT
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    Juan Jacobo Velasco
    Oficial Nacional de Información Laboral. OIT Cono Sur

En los últimos años se ha producido un creciente reconocimiento y profesionalización del Trabajo Doméstico Remunerado (TDR) a través de cambios en los marcos legales para equiparar sus derechos y mejorar sus condiciones laborales. No obstante, el TDR es todavía una de las ocupaciones con menores salarios, mayores niveles de informalidad y menor cobertura de la seguridad social. Además, en América Latina y el Caribe esta categoría ocupacional muestra un rezago significativo respecto a los niveles de prepandemia. Este fenómeno es especialmente notorio en países como Chile, Uruguay y Costa Rica, donde en 2024, la ocupación del TDR es un 30%, 26% y 24%, respectivamente, menor a los niveles registrados en 2019.

Esta realidad refleja la interrelación de diversos factores que afectan la participación y ocupación laboral de las mujeres. Por una parte, el rezago del TDR sugiere un cambio estructural tanto en la demanda como en la oferta de este trabajo. En términos de demanda, la caída en los ingresos, la reorganización de las tareas de cuidado en los hogares durante la pandemia y la reducción del número de personas por hogar han impactado en la contratación de trabajadoras domésticas y, en particular, en el número de horas que trabajan. Así, las horas trabajadas de las TDRs cayeron en 2024 respecto de 2019 en 11,3% en Argentina, 9,1% en Chile y 5,6% en Uruguay. Desde la oferta podemos observar una disminución del ingreso de jóvenes a este sector y el relativo envejecimiento de las TDRs.

El trabajo doméstico remunereado es todavía una de las ocupaciones con menores salarios, mayores niveles de informalidad y menor cobertura de la seguridad social.

A su vez, esto ha implicado cambios en la modalidad de trabajo, expresados en cada vez menos trabajadoras puertas adentro o de jornada completa, dando paso a contrataciones por días y horas. Esto ha complejizado las tareas de regularización y formalización del TDR. Adicionalmente, la irrupción de la economía digital también está impactando los procesos de búsqueda de trabajo, con un creciente número de plataformas digitales que ofrecen servicios domiciliarios de limpieza de los hogares y de cuidado de personas.

Por otra parte, América Latina enfrenta hoy una crisis de los cuidados, por lo que la discusión sobre el TDR es particularmente importante. El incremento de la participación laboral de las mujeres no ha ido acompañado de una redistribución equitativa de las tareas de cuidado de la familia entre hombres y mujeres, lo que persiste incluso luego de la pandemia. A esto se añade el impacto de los cambios en la organización y en los tiempos de trabajo, el insuficiente nivel de inversiones públicas en servicios de cuidado y la concentración urbana, que demanda largos tiempos de desplazamiento, generando una presión aún mayor sobre sobre las personas ocupadas, en especial sobre las mujeres.

El incremento de la participación laboral de las mujeres no ha ido acompañado de una redistribución equitativa de las tareas de cuidado de la familia entre hombres y mujeres, lo que persiste incluso luego de la pandemia.

La responsabilidad de resolver las demandas de cuidado de niños y niñas, personas mayores, personas con discapacidad y enfermos recae sobre todo en las familias, y particularmente en las mujeres. Esto ha profundizado las desigualdades, ya que solo los hogares de mayor nivel de ingreso pueden contratar apoyo externo para enfrentar las necesidades de cuidado, mientras que la mayoría de las familias, incluidas aquellas con trabajadoras domésticas enfrentan dificultades para cubrir esta demanda. Esto limita las posibilidades de una mayor participación laboral de las mujeres y contribuye a las brechas de género en el mercado laboral. Esta realidad vuelve imprescindible la priorización, expansión y financiamiento de las políticas nacionales de cuidados, lo que tiene un impacto en la participación laboral de las mujeres, sobre todo las de menores ingresos. En particular, considerando la implicancia económica que estas políticas tienen: por cada punto porcentual de incremento de la participación de las mujeres se calcula entre 0,1% y 0,2% de incremento del PIB, junto con aumentos en la productividad y sostenibilidad del crecimiento.

El trabajo doméstico remunerado debe ser parte de una política integral de cuidados, que asuma las condiciones laborales de las trabajadoras, facilitando su profesionalización y reconocimiento social.

En ese marco, el TDR debe ser parte de una política integral de cuidados, que asuma las condiciones laborales de las trabajadoras, facilitando su profesionalización y reconocimiento social. Junto con este objetivo, los esfuerzos institucionales y de políticas deben realizar acciones complementarias para responder a las necesidades de cuidado de toda la población y no solo de parte de quienes están en condiciones de contratar los servicios de TDR. Ello debe ir de la mano con estrategias que, por una parte, den cuenta de las nuevas dinámicas del TDR, con mecanismos que garanticen mejoras en su formalización. Por otro lado, deben incluirse estrategias que aborden tanto la disminución del flujo de ingreso de jóvenes al TDR, como el posible incremento de trabajadoras migrantes a este sector, lo que requiere un abordaje integrado a nivel institucional y de políticas.

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