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Solidaridad en el sistema de pensiones de Chile: que vivir más no sea un castigo para las mujeres
La reforma previsional de Chile (marzo 2025) impulsa la equidad de género en las pensiones, destacando la necesidad de avanzar en igualdad laboral para reducir desigualdades.
21 de marzo de 2025
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Fabio BertranouDirector de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina
Desde hace más de 25 años, la Organización Internacional del Trabajo, basada en su mandato histórico de promoción de los principios y derechos fundamentales en el trabajo, viene trabajando con gobiernos, empleadores y trabajadores en diversos ámbitos para promover un principio esencial para la construcción de los sistemas multipilares de pensiones. Estos se basan en principios de no discriminación, igualdad de género y capacidad de respuesta a necesidades especiales.
Con el fin de garantizar la igualdad de género, el diseño de los sistemas de pensiones debe considerar, entre otros, mecanismos de solidaridad entre hombres y mujeres, con estructuras de financiamiento, criterios de elegibilidad y condiciones en las que son brindadas las prestaciones que permitan contrarrestar las desigualdades asociadas a las diferencias en expectativa de vida y aquellas que surgen en el mercado laboral. Estas desigualdades están estrechamente vinculadas con la mayor longevidad y la interrupción de las trayectorias laborales de las mujeres como consecuencia de sus funciones reproductivas o de sus responsabilidades de cuidado.
Desde su creación en 1981, el sistema de capitalización individual, y luego el pilar de ahorro previsional individual en el marco del sistema de pensiones con la reforma de 2008, presentaba inequidades históricas que eran compensadas solo parcialmente con otros mecanismos como el Bono por Hijo y la Pensión Básica Solidaria (que posteriormente en 2022 se transformara en la Pensión Garantizada Universal). Los beneficios previsionales continuaban castigando a las mujeres quienes, en igualdad de condiciones que los hombres, recibían un 11% menos de pensión.
La reciente reforma del sistema de pensiones en Chile, ha logrado un avance concreto y sensible en materia de no discriminación e igualdad de género al adoptar un mecanismo que incorpora solidaridad de género, al introducir la compensación por diferencias de expectativas de vida.
En términos prácticos, el sistema operaba bajo la lógica de que, dado que las mujeres viven más años en promedio, su ahorro debía distribuirse en un período más largo, resultando en una pensión mensual menor. La reciente reforma del sistema de pensiones en Chile aprobada por el Congreso en febrero de 2025 y cuyo decreto fue promulgado el 20 de marzo del mismo año, ha logrado un avance concreto y sensible en materia de no discriminación e igualdad de género al adoptar un mecanismo que incorpora solidaridad de género, al introducir la compensación por diferencias de expectativas de vida. Esta medida permite que hombres y mujeres que se pensionen a la misma edad, con el mismo ahorro e igual grupo familiar, reciban la misma pensión, eliminando la penalización que históricamente han enfrentado las mujeres por vivir más años.
Por supuesto, la mayor expectativa de vida de las mujeres no es el único factor que explica la mayor pensión que reciben los hombres en comparación con las mujeres. Estas diferencias son también el resultado de otros factores que afectan las trayectorias laborales y la capacidad de hombres y mujeres de contribuir a los fondos de pensiones.
Uno de ellos refiere a las diferencias en la participación laboral. Las mujeres suelen tener trayectorias laborales más interrumpidas y con menos años de cotización debido a responsabilidades de cuidado no remuneradas, como el cuidado de hijos y familiares. Asimismo, la persistencia de brechas salariales en que las mujeres tienen, en promedio, remuneraciones menores que las de los hombres, debido a la discriminación salarial y/o la segregación ocupacional, lo que se traduce en menores aportes a sus fondos de pensiones.
La división sexual del trabajo asigna a las mujeres más tareas domésticas y de cuidado, limitando su capacidad para trabajar y cotizar de manera continua y en empleos mejor remunerados y con mayor estabilidad.
Finalmente, los roles género tradicionales también están relacionados con los patrones de participación y de remuneraciones. La división sexual del trabajo asigna a las mujeres más tareas domésticas y de cuidado, limitando su capacidad para trabajar y cotizar de manera continua y en empleos mejor remunerados y con mayor estabilidad.
El mecanismo de compensación que introduce la reforma previsional en Chile representa un avance sustancial y un verdadero cambio de paradigma en la protección de la vejez, al fortalecer principios como la no discriminación y la solidaridad dentro del sistema. No obstante, el futuro de las pensiones para las mujeres seguirá dependiendo en buena medida de la posibilidad de adoptar un programa transformador en materia de género en el mundo del trabajo.
Garantizar igualdad de oportunidades en el acceso y la permanencia en el empleo, así como condiciones laborales equitativas para hombres y mujeres, avanzar en una distribución social de los cuidados y reconocer previsionalmente estas labores, son elementos que han demostrado ser eficaces para construir trayectorias previsionales justas y sostenibles en un contexto de igualdad de condiciones económicas y sociales.
*El autor agradece los comentarios de Guillermo Montt, Especialista en Protección Social, de la Oficina de la OIT para el Cono Sur de América Latina
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