Fotografía de 4 jóvenes saliendo de la escuela. Bogotá, Colombia

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Más allá de los NINIs: repensando las políticas sociolaborales para incluir a una juventud menos visibilizada

El término NINI proviene del inglés NEET (Not in Education, Employment or Training), acuñado en el Reino Unido a fines de los años noventa. Pero su traducción al español es más bien una simplificación del concepto, que no refleja plenamente el contexto latinoamericano, donde muchas personas jóvenes realizan actividades productivas no remuneradas, tareas de cuidado o trabajo para autoconsumo.

14 de mayo de 2026

Luis Córdova/OIT © Jóvenes saliendo de la escuela. Bogotá, Colombia
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    Juan Jacobo Velasco
    Oficial Nacional de Información Laboral. OIT Cono Sur

En América Latina, el debate sobre los llamados NINIs —personas jóvenes que Ni estudian Ni trabajan— suele estar cargado de estigmatizaciones: se les asocia con la apatía, la falta de interés o la desconexión del sistema educativo y productivo. Sin embargo, detrás de esa etiqueta hay realidades mucho más diversas y profundas, que requieren un nuevo enfoque si queremos construir políticas sociolaborales más inclusivas.

Cabe destacar que la relevancia de la discusión sobre este grupo se refleja en la Meta 8.6 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), vinculada a reducir considerablemente la proporción de personas jóvenes que no están empleadas y no cursan estudios ni reciben capacitación, y que se operacionaliza a través del indicador 8.6.1, que da cuenta de la proporción de personas jóvenes (entre 15 y 24 años) que no cursan estudios, no están empleados ni reciben capacitación.

En ese sentido, el indicador 8.6.1. proporciona una medida de las personas jóvenes que están fuera del sistema educativo, no tienen formación y no tienen empleo, y por lo tanto sirve como una medida más amplia de los potenciales ingresantes en el mercado laboral juvenil que el desempleo juvenil.

Un cambio de mirada sobre los NINIs

El término NINI proviene del inglés NEET (Not in Education, Employment or Training), acuñado en el Reino Unido a fines de los años noventa. Pero su traducción al español es más bien una simplificación del concepto, que no refleja plenamente el contexto latinoamericano, donde muchas personas jóvenes realizan actividades productivas no remuneradas, tareas de cuidado o trabajo para autoconsumo.

Es decir, la idea de que las personas jóvenes “no trabajan”, limita la realidad del concepto de trabajo, en un sentido más amplio, que incluye tanto el trabajo remunerado como el no remunerado. Esto ha sido parte de los aspectos cuestionados por grupos de jóvenes y organizaciones de la sociedad civil, entre otros, por el carácter peyorativo de la denominación NINIs.

Por eso, el reciente informe de la OIT “Juventud en cambio: Desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe” utiliza una denominación más adecuada: las personas jóvenes que no estudian ni trabajan remuneradamente. Esta denominación implementa la misma medición del indicador que ha venido siendo usada internacionalmente.

La mayor precisión conceptual del término que se escogió usar en dicho informe permite visibilizar a quienes, aunque no generen ingresos, contribuyen de manera significativa en sus hogares y comunidades. Según el informe, alrededor del 70% de quienes no estudian ni trabajan de forma remunerada son mujeres jóvenes, en su mayoría dedicadas al cuidado de niños, personas mayores o familiares enfermos. Detrás de los números, se esconde una fuerte dimensión de género y una desigualdad estructural que condiciona las oportunidades laborales femeninas desde edades tempranas.

Un fenómeno estructural, no coyuntural

En América Latina, una de cada cinco personas jóvenes pertenece a este grupo. Si bien durante la pandemia esta proporción aumentó, con el regreso a la presencialidad volvió a los niveles previos. Esto demuestra que se trata de un fenómeno estructural, no de una crisis temporal.

Una de las causas se encuentra en el aumento sostenido de la deserción escolar, especialmente antes de completar la educación secundaria. Existe una correlación directa entre el abandono escolar y la probabilidad de convertirse en personas jóvenes que no estudian ni trabajan remuneradamente. Fortalecer la educación como mecanismo de retención y como puente hacia el empleo decente sigue siendo un elemento clave para reducir la exclusión juvenil.

Jóvenes que repiensan su relación con el trabajo

El informe de la OIT también destaca que muchas personas jóvenes están redefiniendo su relación con el trabajo. Algunos sienten que las oportunidades disponibles no cumplen sus expectativas, lo que genera desafección. Otros optan por explorar nuevos caminos fuera del mercado laboral tradicional.

A esto se suma la alta informalidad, que afecta a las personas jóvenes 1,3 veces más que a los adultos. La informalidad suele estar asociada a bajos ingresos, inestabilidad y falta de protección social. En muchos casos, las percepciones sobre el funcionamiento de los sistemas de seguridad social refuerzan la distancia de las personas jóvenes respecto al empleo formal.

La incorporación de las personas jóvenes desde la informalidad es, además, un problema que afecta su trayectoria laboral. El “efecto cicatriz” que deja la informalidad, cuando se ingresa al mercado laboral, se traduce en que, dependiendo del país entre el 80% y 70% de las personas jóvenes se mantiene como informal cuando son adultos, lo que destaca lo gravitante de reforzar los esfuerzos de política para facilitar su incorporación al mercado laboral desde la formalidad.

El peso invisible de los cuidados

Las desigualdades de género atraviesan a las personas jóvenes. En particular, muchas mujeres jóvenes de ingresos medios y bajos están fuera del empleo remunerado debido a las responsabilidades de cuidado que asumen en sus hogares.

Un estudio conjunto de la OIT y el PNUD titulado: “Barreras persistentes para la participación laboral de las mujeres en Chile” mostró que las tareas domésticas y de cuidado siguen siendo el principal obstáculo para la inserción laboral femenina, especialmente entre las más jóvenes.

Estas mujeres, además, suelen desarrollar estrategias informales de generación de ingresos, como trabajos temporales desde el hogar, sin acceso a protección social ni formación. Reconocer este trabajo invisible es clave para diseñar políticas que respondan a sus verdaderas necesidades.

Repensar las políticas sociolaborales

Incluir a las personas jóvenes que no estudian ni trabajan remuneradamente exige políticas sociolaborales integradas y sensibles al contexto. Los programas de capacitación aislados pueden resultar insuficientes: avanzar hacia enfoques más integrados puede contribuir a una acción coordinada que abarque educación, empleo, protección social y cuidados.

Entre los elementos clave se destaca el fortalecer la educación como vía de inclusión, promoviendo habilidades técnicas y socioemocionales, modelos de educación dual y mejores vínculos entre la formación y el trabajo. A ello se suma la necesidad de ampliar los sistemas de cuidados, permitiendo que las mujeres jóvenes que hoy realizan cuidados no remunerados puedan acceder a empleos formales o trabajar de manera remunerada en los propios servicios de cuidado. Otro elemento clave es extender la formación para el trabajo a quienes están fuera del sistema formal, incluyendo personas jóvenes sin secundaria completa o con empleos informales.

A su vez, es fundamental fortalecer a las personas jóvenes como agentes que incidan en la elaboración de políticas sociolaborales. Las personas jóvenes que no estudian ni trabajan remuneradamente carecen de suficientes espacios de representación y participación, así como de organizaciones que canalicen sus demandas. Tampoco existen suficientes espacios para que en el diseño de políticas se escuchen directamente sus experiencias.

Darles voz implica reconocer su diversidad, crear canales de diálogo y visibilizar las distintas formas de contribución —remuneradas o no— que hoy permanecen fuera del radar de las estadísticas y las políticas. Por ende, se vuelve particularmente importante promover el acercamiento entre las personas jóvenes y las organizaciones de empleadores y trabajadores, impulsando la incorporación de personas jóvenes en estas organizaciones.

Hacia un futuro del trabajo inclusivo

Repensar a las personas jóvenes denominadas como NINIs —comenzando por redefinirlas como que no estudian ni trabajan remuneradamente — significa reconocer que la exclusión no es una elección individual, sino una consecuencia de estructuras sociales, económicas y culturales que debemos transformar.

Cabe señalar que ampliar las oportunidades de acceso al trabajo decente para las personas jóvenes sigue siendo un desafío relevante. Avanzar hacia desarrollar enfoques integrados en materia de educación, empleo y cuidados puede contribuir a un futuro del trabajo más inclusivo y con mayores oportunidades para todas y todos.


*Las opiniones expresadas en este blog son personales y no representan necesariamente la posición de la OIT.

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