Trabajador de la empresa Palmar Sofía de palma de aceite posando al lado de una palma y sosteniendo un palín para realizar su labor de corte de frutos.

Los productores que transforman el empleo rural en las regiones palmeras de Colombia

Desde las llanuras en Casanare hasta la costa pacífica en Tumaco, los productores palmeros están liderando una transformación profunda en las condiciones laborales del campo colombiano.

1 de agosto de 2025

Juan Carlos Caicedo es un trabajador de la palma de aceite ubicado en la zona rural de Tumaco, Nariño. Gracias al Plan Padrino, Juan Carlos accedió por primera vez a un contrato de trabajo. © OIT/ Adriana Mayorga

Bogotá (OIT Noticias) - En regiones como Casanare, La Guajira, Nariño y Santander, pequeños y medianos productores de palma de aceite le están apostando al Trabajo Decente con el acompañamiento técnico de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Cargill, Fedepalma y Trabajo Seguro.

En el marco del proyecto Laboratorio de Planificación Estratégica para la Promoción de la Formalización Laboral y la Seguridad y Salud en el Trabajo en el Sector de la Palma de Aceite, se han implementado iniciativas que contribuyen a mejorar las condiciones laborales en el sector palmero. Entre ellas se destaca el diplomado Palma Sostenible, el Plan Padrino –dirigido a pequeños productores– y el programa de asistencia técnica Palma al Día, enfocado en empresas medianas y grandes.

Estas acciones han permitido avanzar en la formalización del empleo, la adopción y mejoras de Sistemas de Gestión en Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST) y la promoción del trabajo decente en zonas históricamente marcadas por desigualdades estructurales y altos niveles de informalidad laboral en el campo colombiano.

El Plan Padrino, en particular, se ha consolidado como una estrategia de acompañamiento adaptada a los contextos rurales, facilitando el cumplimiento progresivo de la normativa laboral en las unidades productivas familiares y comunitarias.

Para visibilizar estos avances, la OIT ha documentado diversas experiencias en cuatro zonas palmeras del país, resaltando cómo el diálogo social, la cooperación entre actores tripartitos y el compromiso territorial pueden traducirse en resultados concretos en materia de derechos laborales, productividad y sostenibilidad.

Estos testimonios evidencian que la promoción del trabajo decente en el sector agroindustrial es posible cuando se articulan esfuerzos desde lo local hacia lo nacional, con una visión centrada en las personas trabajadoras y en la mejora continua de las condiciones de empleo en el campo colombiano.

Zona Central, el Magdalena Medio cosecha los resultados del trabajo decente

Un hombre posa sonriendo con el fondo de una plantación de palma de aceite.
© OIT / Adriana Mayorga
© OIT / Adriana Mayorga
Oscar Patiño es palmicultor y uno de los productores que formalizó a sus trabajadores a través del Plan Padrino.

Sabana de Torres, Santander – En esta región del Magdalena Medio, históricamente marcada por el conflicto armado, disputas territoriales y altos niveles de informalidad laboral, la promoción del trabajo decente comienza a traducirse en impactos concretos.

Gracias al acompañamiento del Plan Padrino, una estrategia apoyada por la OIT en alianza con Fedepalma y Trabajo Seguro, más de 900 trabajadores del sector palmero en Colombia han sido formalizados desde 2023. Esta iniciativa vincula a núcleos productivos consolidados como padrinos de pequeños y medianos productores, facilitando procesos de diagnóstico, planes de mejora individualizados y orientación directa sobre formalización laboral y seguridad y salud en el trabajo (SST). El enfoque integral del ser, saber y hacer permite que las familias productoras se incorporen dentro del sector y fortalezcan sus capacidades, asumiendo sus responsabilidades laborales con mayor claridad y sostenibilidad.

Uno de los casos que ilustra este impacto es el de Buenagros S.A.S., una empresa familiar con 68 hectáreas de palma de aceite. Bajo la administración de Óscar Patiño, y con el apoyo del Plan Padrino, la empresa logró formalizar a sus cinco trabajadores, implementar contratos que garantizan derechos laborales y consolidar un entorno organizacional que promueve el sentido de pertenencia y el bienestar colectivo.

En Santander, más de 1.100 productores participan en la industria palmera, generando alrededor de 30.000 empleos en 91.800 hectáreas cultivadas. En este contexto, el compromiso de actores locales con el cumplimiento normativo y la mejora continua de las condiciones laborales demuestra que es posible avanzar hacia un sector agroindustrial más justo, sostenible e inclusivo.

Zona Oriental, liderazgo femenino en los llanos

Maní, Casanare– En las amplias llanuras del oriente colombiano, donde el cultivo de palma de aceite convive con la industria petrolera y la ganadería, la formalización laboral enfrenta retos particulares. La alta rotación de personal entre sectores ha sido históricamente un obstáculo para garantizar empleos estables y protegidos.

A pesar de estos desafíos, la experiencia de Cultivadora Palmazul S.A.S., una empresa liderada por cuatro mujeres de la familia Nossa Bernal, refleja cómo el compromiso y la capacitación pueden traducirse en transformaciones reales en el entorno laboral. Con el acompañamiento del Plan Padrino y el diplomado Palma Sostenible, Palmazul ha logrado formalizar a sus trabajadores, fortalecer el cumplimiento de la normativa laboral e introducir mejoras concretas en seguridad y salud en el trabajo.

El diplomado Palma Sostenible: Programa de formación para el trabajo decente, diseñado por la OIT en alianza con la Universidad Industrial de Santander (UIS) y Fedepalma, ha sido una herramienta clave para el fortalecimiento de capacidades en el sector. Con 120 horas de formación, el programa abordó temas como los derechos fundamentales en el trabajo, la normativa internacional y nacional, y la planificación estratégica para el cumplimiento. Más de 190 personas han sido certificadas, incluyendo liderazgos femeninos como los de Palmazul, que hoy aplican este conocimiento en sus unidades productivas.

Dos mujeres sonrientes posando en una plantación de palma de aceite.
© OIT / Adriana Mayorga
© OIT / Adriana Mayorga
Adriana y Macela Nossa son hermanas y administran la empresa Palmazul, su unidad productiva familiar fue beneficiaria del Plan Padrino.

María Teresa y Marcela, abogadas; Gilma, psicóloga; y Adriana, ingeniera agrónoma, lideran esta empresa familiar con enfoque técnico y compromiso social. Cada una aporta desde su especialidad a la implementación de contratos formales, al fortalecimiento del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo (SG-SST) y a la generación de entornos laborales seguros e inclusivos. Su experiencia demuestra el papel transformador del liderazgo femenino en el sector agroindustrial.

En Casanare, el sector palmero cuenta con más de 150 productores y 61.000 hectáreas cultivadas, generando alrededor de 20.000 empleos. En este contexto, iniciativas como el Plan Padrino, impulsado por la OIT y Fedepalma, fortalecen las capacidades de los productores para avanzar en la formalización laboral y consolidar el trabajo decente como base del desarrollo rural sostenible.

Zona Suroccidental, perseverancia en el pacífico tumaqueño

Tumaco, Nariño – En el extremo suroccidental de Colombia, Tumaco —conocido como la “Perla del Pacífico”— se extiende entre mar, ríos y manglares. En estas tierras fértiles, cultivos como el café, el cacao, el plátano y la palma de aceite han sostenido por generaciones a las comunidades rurales, marcadas por una historia de resistencia y reconstrucción.

Durante décadas, esta región ha enfrentado el impacto del conflicto armado. Además, el sector palmero en particular sufrió una grave crisis a causa de la Pudrición del Cogollo (PC), enfermedad que afectó miles de hectáreas cultivadas a inicios de los años 2000. Sin embargo, productores y trabajadores han liderado una recuperación ejemplar, con el acompañamiento técnico de la OIT y sus aliados, que ha permitido reactivar la producción con un enfoque centrado en el trabajo decente.

Dos hombres posando, uno de ellos sosteniendo un racimo de palma de aceite, ubicados en una plantación híbrida.
© OIT / Adriana Mayorga
© OIT / Adriana Mayorga
Carlos Torres, propietario de Palmar Sofía y Juan Carlos Caicedo, trabajador de la misma empresa participaron en el programa Plan Padrino para la formalización laboral.

Carlos Torres, productor local, trabajador y propietario de Palmar Sofía S.A.S., es uno de los más de 500 palmicultores que, junto a más de 7.000 trabajadores, están reconstruyendo la industria palmera en Nariño. Con 15 hectáreas de cultivo, su empresa ha logrado formalizar a dos trabajadores externos y a sí mismo como parte activa de la fuerza laboral.

Luego de incorporarse al programa, Carlos también logró vincularse a sí mismo y a su familia al sistema de seguridad social afiliándose como un trabajador más de su unidad productiva. Puesto que, además de administrar su empresa, también trabaja su tierra.

Gracias al apoyo del Plan Padrino, Palmar Sofía S.A.S. ha logrado integrar en su gestión principios fundamentales del trabajo decente, implementar contratos formales y fortalecer la seguridad y salud en el trabajo, consolidándose como un modelo para las pequeñas unidades productivas del Pacífico. Esta experiencia refleja cómo el acompañamiento técnico, adaptado a las realidades locales, puede facilitar avances concretos en condiciones laborales y derechos en el ámbito rural.

Zona Norte, equidad en La Guajira

Barrancas, La Guajira – En medio de sabanas áridas y extensas llanuras, los cultivos de palma comienzan a perfilar un nuevo horizonte productivo en el sur de La Guajira. Aunque es una de las regiones con menor extensión palmera del país, con cerca de 2.400 hectáreas cultivadas y 700 empleos generados, los productores locales han demostrado una notable capacidad de adaptación e innovación.

Una mujer y un hombre posan abrazados, sonriendo junto a un árbol.
© OIT / Juliana Ceron
© OIT / Juliana Ceron
Mario Gómez y Yaletzy Liñán son esposos y propietarios de la unidad productiva Portacelli, gracias al Plan Padrino, lograron la formalización de sus trabajadores.

Uno de los casos más representativos es el de Portacelli, una unidad productiva administrada por Mario Gómez y liderada por Yaletzy Liñán, quien pasó de dedicar la mayor parte de su tiempo a las labores del hogar a asumir un papel protagónico en la dirección empresarial. Con el acompañamiento del Plan Padrino, esta empresa familiar ha logrado formalizar a sus seis trabajadores —incluyendo a una persona migrante y un integrante de un pueblo indígena de la zona —, mejorar las condiciones de contratación y fortalecer las medidas de prevención en seguridad y salud en el trabajo.

El liderazgo de Yaletzy ha sido fundamental para impulsar el cumplimiento normativo en un entorno tradicionalmente masculino. Su participación en la administración, la organización del trabajo y la toma de decisiones no solo ha fortalecido la equidad de género, sino que ha abierto camino para otras mujeres rurales que buscan incidir en las dinámicas productivas de sus comunidades.

La experiencia de Portacelli pone de relieve cómo el acompañamiento técnico y formativo en el marco del proyecto liderado por la OIT puede contribuir a fortalecer capacidades locales, promover la igualdad de oportunidades y consolidar una cultura de trabajo decente en territorios con condiciones adversas.

Desde el 2023, en alianza con Cargill y la OIT, el Plan Padrino ha facilitado la formalización de 904 trabajadores, la capacitación de 866 personas en cumplimiento normativo y la vinculación de 159 pequeños productores a procesos de acompañamiento directo.

Estas cifras, que en el periodo entre 2020 y 2025 ya superan los 1.800 trabajadores formalizados, reflejan el impacto creciente del modelo del Plan Padrino que, desde la ruralidad, apuesta por dignificar el empleo y avanzar hacia un sector palmero más inclusivo y sostenible.

Un futuro sostenible para la palma de aceite en Colombia

Las historias recogidas en las zonas palmeras del país evidencian una transformación en curso dentro de la industria del aceite de palma. A nivel global, el sector enfrenta una presión creciente por adoptar modelos de producción que no solo sean ambiental y económicamente sostenibles, sino también socialmente responsables. En Colombia, donde persisten brechas en el acceso a derechos laborales y secuelas del conflicto armado, avanzar hacia el trabajo decente en las zonas rurales continúa siendo una prioridad en la que confluyen pequeños y grandes productores, organizaciones de trabajadores, exportadores y entidades regionales y nacionales.

Iniciativas como el Plan Padrino y el diplomado Palma Sostenible: Programa de formación para el trabajo decente, lideradas por la OIT en alianza con actores del sector, han demostrado ser herramientas eficaces para fortalecer las capacidades locales, formalizar el empleo y consolidar una gestión laboral basada en la prevención, la legalidad y el respeto por los derechos fundamentales.

Estas experiencias muestran que el diálogo social, la formación técnica y el acompañamiento territorial pueden generar cambios estructurales, incluso en contextos históricamente marcados por la informalidad. Allí donde antes predominaban relaciones laborales inestables, hoy emergen prácticas más responsables, inclusivas y sostenibles.

El futuro del sector palmero dependerá de su capacidad para consolidar estos avances a escala. Apostar por el trabajo decente no es solo una vía ética: es una condición necesaria para garantizar la competitividad, la trazabilidad y la sostenibilidad de la palma colombiana en los mercados internacionales.