La protección social en situaciones de crisis: por qué necesitamos replantearla
Es esencial contar con sistemas de protección social sólidos para ayudar a las personas a hacer frente a los retos cotidianos, superar las crisis y recuperarse con dignidad. En este artículo se analiza cómo la OIT está ayudando a los países a fortalecer y mantener estos sistemas, incluso en los contextos más difíciles.
13 de octubre de 2025
GINEBRA (OIT Noticias) – A medida que se multiplican las crisis mundiales –desde conflictos hasta desastres y perturbaciones climáticas–, la pregunta es cómo podemos hacer que la protección social funcione mejor en situaciones de crisis. Las reflexiones en curso de la AGNU 80 y los debates sobre el «reinicio humanitario» subrayan que nuestros enfoques de la protección social también necesitan un reinicio fundamental.
Los recientes diálogos mantenidos en la Conferencia BASIC (Better Assistance in Crises Research) celebrada en el Reino Unido y en el evento Cash Learning Partnership celebrado en Ammán revelaron un denominador común: aunque la teoría de vincular la protección social y la respuesta a las crisis es sólida, la práctica a menudo se queda corta. A pesar de la mayor conciencia de la necesidad de fortalecer los sistemas, los actores internacionales siguen diseñando intervenciones a corto plazo impulsadas por los donantes que funcionan en paralelo a los sistemas nacionales, o incluso los socavan.
Repensar el papel de los organismos de ayuda
«Con demasiada frecuencia, los organismos caen en una «trampa de competencia»: imponen soluciones externas de «mejores prácticas» en lugar de permitir que los sistemas nacionales crezcan de forma orgánica y luego luchan por salir mientras esperan a que sus homólogos alcancen un nivel de capacidad a menudo inalcanzable», afirmó Charis Reid, especialista en protección social y nexos de la OIT en Ammán.
Al hacerlo, corren el riesgo de crear dependencias que dificultan la transición a programas de protección social de titularidad nacional.
Para fortalecer verdaderamente la resiliencia, los actores internacionales deben empezar desde dentro, apoyando los sistemas nacionales desde el inicio de una crisis, y no solo después de que esta haya remitido. Esto significa integrar las intervenciones en las realidades locales, alinearlas con los programas existentes (aunque sean imperfectos) y reconocer que los elementos de los sistemas nacionales de protección social a menudo persisten incluso durante los conflictos. Los regímenes contributivos, por ejemplo, han demostrado una resiliencia sorprendente, proporcionando continuidad y una base para la recuperación.
La contribución de la OIT
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) colabora con los gobiernos y sus socios para ayudar a crear sistemas de protección social inclusivos y sostenibles que funcionen antes, durante y después de las crisis. A través de su enfoque del nexo entre la ayuda humanitaria, el desarrollo y la paz, la OIT conecta la respuesta a las crisis con el desarrollo a largo plazo mediante la promoción de la creación de empleo y los medios de vida sostenibles, ayudando a las comunidades a reconstruirse, fortalecer la paz y abordar las causas profundas de la inestabilidad a través del empleo decente y productivo.
En Jordania, la OIT ayuda a los trabajadores informales, incluidos los refugiados, a inscribirse en los planes de la Corporación Nacional de Seguridad Social mediante subvenciones a las cotizaciones, lo que proporciona protección a largo plazo y ayuda a corto plazo.
En el Líbano, la OIT apoya el diseño de programas inclusivos dirigidos por el Gobierno, como la Prestación Nacional por Discapacidad, que atienden tanto a los nacionales como a los refugiados en un mismo marco.
En el Estado de Palestina, la OIT aboga por que la financiación de los donantes se canalice a través del programa nacional de transferencias monetarias, un sistema que se ha reforzado y auditado y que podría prestar apoyo humanitario si se financiara adecuadamente.
Estos ejemplos demuestran que es posible –y necesario– armonizar los objetivos humanitarios, de desarrollo y de paz mediante sistemas de protección social de propiedad nacional.
Crear sistemas más sólidos desde el principio para la recuperación
Si queremos lograr un impacto sostenible, debemos cambiar nuestra mentalidad y nuestro lenguaje para enmarcar los sistemas de protección social de manera que resuenen con las prioridades nacionales, como una inversión en la estabilidad económica, el fomento de la confianza de los ciudadanos y la recuperación a largo plazo.
También debemos afrontar las realidades prácticas: la financiación internacional debe fluir cada vez más a través de los sistemas nacionales y las intervenciones deben incluir vías claras para la transición a la propiedad del gobierno. Toda respuesta a una crisis debe fortalecer, y no marginar, las instituciones que permanecerán cuando la crisis termine.
La colaboración con los sistemas nacionales durante las crisis puede ser lenta y compleja, pero es esencial, ya que la protección social no es un complemento de la respuesta a las crisis, sino la base de la seguridad económica, la dignidad y la recuperación.