La historia que no termina: un padre, un sueño y un legado que sigue vivo en SENATIC y la OIT

El recuerdo de un hijo alegre, soñador y lleno de futuro permanece vivo en la voz de su padre, quien hoy transforma el dolor en un mensaje de esperanza para otros jóvenes.

10 de abril de 2026

© OIT

Bogotá (OIT Noticias) Osman de Jesús Barrios no habla de su hijo en pasado. Habla de él como si todavía estuviera ahí, en la casa, ayudando, riendo, haciendo bromas. Como si en cualquier momento fuera a entrar por la puerta con esa sonrisa que lo caracterizaba y que llenaba de luz todo su mundo.

Johan Barrios Meza nació en septiembre de 2008, en Barranquilla, la misma ciudad donde su padre ha construido su vida. Desde niño fue alegre, extrovertido, “tomador de pelo”, como lo recuerda Osman con una mezcla de orgullo y nostalgia. “Él era mi buen amigo”, dice.

A los cinco años, su madre se lo confió a Osman, y desde entonces construyeron una relación profunda, cotidiana, de esas que se tejen en los pequeños detalles: cocinar juntos, conversar, compartir el día a día. Johan creció en el hogar de su padre, rodeado también por su hermana Adaluz, de 14 años, y sus otras hermanas, hijas de la actual compañera sentimental de Osman.

“Yo siempre quise que fuera un muchacho de bien”, cuenta su padre, quien trabaja como mototaxista y fue reconocido en dos ocasiones como el mejor padre del salón de clases durante los años en que Johan estudió en el colegio América Latina Fe y Alegría de Barranquilla y Johan, por supuesto, iba en ese camino.

Le gustaba aprender, construir, desarmar y armar objetos. Tenía una inclinación natural por el trabajo manual, por la albañilería, por entender cómo funcionaban las cosas. Amaba las motos, compartir con sus amigos, y soñaba en grande: quería estudiar mecánica diésel en otro país, quizás en Canadá.

Su paso por el proyecto SENATIC marcó una nueva etapa en su vida. Allí encontró una conexión entre la tecnología y su pasión por la metalmecánica. “Estaba feliz el día de su graduación”, recuerda Osman. “Quería aplicar todo lo aprendido en lo que le gustaba hacer”.

Johan se graduó el 5 de diciembre de 2025. Seis días después, el 11 de diciembre, su vida se apagó de manera prematura. La noticia dejó un vacío profundo en su familia, en sus compañeros y en su comunidad educativa, en todo aquel que llegó a conocerlo.

Sus amigos lo despidieron con profunda tristeza, fue un momento que Osman describe como “muy emotivo y conmovedor”. Parecía un mal sueño, nadie podía creer lo que estaba pasando. Johan era un joven noble: pacífico, leal, amable, juicioso.

Hoy, Osman habla desde el dolor, pero también desde la fe. “Eso se lo dejo a Dios”, dice, mientras intenta darle sentido a una ausencia que transformó su vida por completo. “Mi hijo era mi motor”.

El silencio de la casa, los espacios vacíos, los recuerdos, todo pesa. “A veces me duele hasta el cuerpo de la tristeza”, confiesa. Pero en medio de ese duelo, también hay una decisión: seguir adelante por quienes quedan, por su hija Adaluz, quien hoy desde la misma institución educativa donde se graduó su hermano, continúa el camino de SENATIC, y claro está, por el legado de Johan.

Por eso, Osman convierte su historia en un mensaje para otros jóvenes...

Que estudien, que no pierdan el tiempo. Que luchen por sus metas. Que sean personas de bien. Yo a mi hijo lo quería ver en una buena oficina, trabajando, saliendo adelante.

Durante el evento de certificación de sus compañeros, Osman recibió el diploma de Johan como homenaje póstumo, el que conmovió a los presentes. En medio de un profundo respeto, los más de 650 asistentes se unieron en un minuto de silencio, honrando su memoria y reconociendo el legado de un joven que soñó con salir adelante a través del conocimiento.

El día de su despedida, la huella de Johan se hizo visible en cada rostro: sus amigos y compañeros llegaron vestidos con camisetas blancas impresas con su fotografía, como una forma de acompañarlo en su adiós. Bajo la imagen, una frase sencilla y profunda resumía el sentimiento de todos: “Te recordaremos por siempre en nuestros corazones”. Fue un gesto colectivo, silencioso y poderoso, que convirtió el dolor en reminiscencia compartida y en un homenaje que difícilmente se borrará.

Te recordaremos por siempre en nuestros corazones

Johan ya no está, pero su historia continua en la memoria de todos. En cada joven que decide formarse, en cada oportunidad que se aprovecha, en cada sueño que se persigue. Porque hay vidas que, aunque breves, dejan una huella que no se borra. Y la de Johan, sin duda, es una de ellas.

Un hombre adulto, contextura delgada y expresión serena está de pie frente a un fondo iluminado con tonos azules. Viste una camiseta negra y sostiene con ambas manos un diploma en posición vertical, a la altura del pecho. El documento corresponde al Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y está a nombre de Johan Barrios Meza. El hombre mira a la cámara con una expresión que transmite orgullo y emoción. El entorno sugiere un escenario de evento o ceremonia, con iluminación profesional y un ambiente formal.
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Osman de Jesús Barrios, padre de Johan Barrios

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