Fotografía de 4 jóvenes saliendo de la escuela. Bogotá, Colombia

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Jóvenes y trabajo en América Latina: cifras, factores estructurales y desafíos de política

"Esta generación de jóvenes es crucial, ya que está redefiniendo el futuro del trabajo. Por ello, es urgente priorizar acciones para apoyarlos", destaca Juan Jacobo Velasco, de OIT Cono Sur, en este artículo.

2 de septiembre de 2025

Luis Córdova/OIT © Jóvenes saliendo de la escuela. Bogotá, Colombia
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    Juan Jacobo Velasco
    Oficial Nacional de Información Laboral. OIT Cono Sur

La transición hacia la postpandemia impactó con fuerza a los trabajadores de América Latina, sobre todo a los más jóvenes, afectando tanto sus posibilidades de acceder a un trabajo como a que estos sean de calidad. En el marco del Día Internacional de la Juventud, que se conmemoró el 12 de agosto, resulta oportuno reflexionar sobre los hallazgos del reciente estudio regional de la OIT “Juventud en cambio: Desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe”, que presenta cifras, análisis y testimonios de los jóvenes de la región para comprender mejor la situación actual y los retos que se avecinan.

Los datos muestran que las tasas de participación y ocupación de los jóvenes entre 15 y 24 años son 20 puntos porcentuales menores que las de los adultos, independientemente de la fase del ciclo económico. A su vez, la tasa de desocupación de los jóvenes en este rango etáreo es tres veces superior a la de los adultos, mientras que la tasa de informalidad de los jóvenes en la región es 1,3 veces mayor, revelando brechas de empleo, participación e informalidad, junto con varias otras dimensiones de la calidad de empleo, que son permanentes y estructurales, pero que se exacerban durante las crisis, como la del COVID-19.

Los datos muestran que las tasas de participación y ocupación de los jóvenes entre 15 y 24 años son 20 puntos porcentuales menores que las de los adultos, independientemente de la fase del ciclo económico.

A esta realidad se suma el desafío de los y las jóvenes que no participan en el mercado laboral. Por cada tres jóvenes que trabajan, uno no estudia ni trabaja remuneradamente. Esta situación tiene un fuerte sesgo de género: dos tercios de estos jóvenes son mujeres que, en su mayoría, asumen tareas de cuidado dentro de sus hogares, prácticamente sin posibilidad de acceder a un trabajo remunerado.

Detrás de estas cifras existen factores estructurales que afectan a los jóvenes. Las políticas para facilitar su inserción laboral son escasas, en parte porque los jóvenes tienen limitadas posibilidades de organización, lo que les impide influir en la elaboración de políticas y en los cambios institucionales. Además, como muchos jóvenes de la región ingresan al mercado laboral de manera informal, suelen permanecer en esa condición a lo largo de su vida productiva, lo que implica menores ingresos y condiciones de trabajo precarias.

Por otra parte, América Latina enfrenta un inminente cambio demográfico. En las próximas cuatro décadas, las personas mayores de 50 años serán mayoría en la región. Este cambio se debe a decisiones personales y familiares que afectan la natalidad e impactan en cómo los jóvenes prospectan su vínculo con los sistemas productivos formales. La transición demográfica también repercutirá en los sistemas y tiempos de cuidado, que tradicionalmente recaen en las mujeres. Sin embargo, una mayor conciencia entre los jóvenes sobre la necesidad de equilibrar el uso del tiempo entre hombres y mujeres podría abrir oportunidades para una distribución más equitativa.

Esta generación de jóvenes es crucial, ya que está redefiniendo el futuro del trabajo. Por ello, es urgente priorizar acciones para apoyarlos.

Otros desafíos importantes emergen del avance acelerado de las nuevas tecnologías y la valoración que los jóvenes tienen del mundo del trabajo. La irrupción tecnológica plantea diversos riesgos como que la inserción laboral de los jóvenes pudiera ralentizarse si son parcial o totalmente desplazados por las tecnologías, lo que abre un debate crucial para el futuro de la región. Por otro lado, activar la motivación de los jóvenes respecto del trabajo es central, particularmente en aquellos más pobres, que no perciben en el mundo laboral oportunidades suficientemente viables. La capacidad para motivar a estos jóvenes a participar laboralmente será determinante para la estabilidad de América Latina.

Esta generación de jóvenes es crucial, ya que está redefiniendo el futuro del trabajo. Por ello, es urgente priorizar acciones para apoyarlos. Las empresas tienen un rol clave para el presente y futuro del empleo juvenil, y su inversión en este grupo es vital para generar mejores negocios y contribuir a la paz social.

El apoyo de las organizaciones de trabajadores y empleadores para darles una voz a los jóvenes se vuelve crucial. A su vez, la inversión en la institucionalidad y en políticas laborales, como son los sistemas de aprendizaje que faciliten e incentiven la inserción de los jóvenes al mercado laboral, seguirán teniendo un creciente impacto positivo en las economías y sociedades de América Latina, en la medida que mejoren su calidad y escala.

Finalmente, el diseño de los sistemas y políticas de cuidados será esencial para la relación de los jóvenes con el mercado laboral, en particular para las mujeres. Un fuerte diálogo social, que aborde desafíos como la creciente gravitación de las nuevas tecnologías y su impacto en el empleo, será indispensable para garantizar un futuro laboral inclusivo y con más trabajo decente para los y las jóvenes.

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