Un pedazo más pequeño de la tarta para los trabajadores

El Informe Mundial sobre salarios 2012/2013 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) se centra en analizar cómo han evolucionado las tendencias de la distribución del ingreso nacional entre trabajo y capital en los últimos años y el impacto que esta relación ha tenido sobre datos macroeconómicos como el consumo, las exportaciones y la inversión.

15 de mayo de 2013

Joaquín Nieto, Director de la Oficina de la OIT para España

Los salarios promedio reales han aumento a nivel mundial un 3% en 2007, 2,1% en 2010 y 1,2% en 2011. Han crecido, pero a un ritmo menor que antes de la crisis. Lo han hecho de manera diferente entre regiones. En la última década, los salarios reales – ajustados para reflejar el poder adquisitivo – se han duplicado en Asia, casi triplicado en Europa Oriental y Central, puesto que partían de una base muy baja tras el hundimientote la economía en el decenio de 1990, y aumentado de 15% en América Latina. Sin embargo, en las economías desarrolladas, el incremento fue de sólo 5%.

Desigual reparto de la renta

¿Estos aumentos salariales en relación a qué, son suficientes o insuficientes? De hecho, cuando se comparan las tendencias salariales en todo el mundo con las tendencias en la producción laboral o con respecto a las rentas del capital los datos que se arrojan dejan de ser positivos. Durante gran parte del último siglo se daba una participación estable del trabajo en la renta, a medida que un país aumentaba su PIB aumentaba la participación del trabajo y del capital en tasas parecidas, y los salarios crecían paralelamente a la productividad, aumentado así el poder de compra de los hogares y estimulando la actividad económica.

No obstante, y tal como recoge el informe, desde el decenio de 1980, la mayoría de los países han experimentado una tendencia a la baja de la participación de ingresos del trabajo, lo que significa que se ha destinado una proporción menor de la renta anual a la remuneración de la mano de obra y una proporción mayor a las rentas del capital. En 16 economías desarrolladas, entre ellas la española, la proporción media del trabajo disminuyó de 75 % del ingreso nacional a mediados de los años 1970 a 65 % en los años previos a la crisis.

Y de hecho ya hace más de quince años que en los países se ha roto el eslabón entre salarios y productividad laboral. Entre 1990 y 2011 la productividad laboral promedio en las economías desarrolladas aumentó el doble que los salarios promedio.

Este desigual reparte se ha dado a nivel mundial, sobre todo en los países que han registrado un estancamiento de los salarios, pero también en aquellos en los que los salarios reales han aumentado de manera importante. El propio informe lo define en estos términos “un pedazo más pequeño de la torta para los trabajadores alrededor del mundo”.

Además de la creciente desigualdad de ingreso en términos de distribución funcional -el ingreso nacional entre trabajo y capital-, se observa también un aumento de la desigualdad personal de ingresos con una brecha creciente entre el 10 por ciento superior y el 10 por ciento inferior de los asalariados, y la proporción de ocupados con salarios más bajos también ha aumentado.

Las causas principales que lo explican son cambios tecnológicos, desplazamiento en la composición del empleo desde sectores intensivos en mano de obra hacia sectores más intensivos en capital, la globalización y el creciente papel de los mercados financieros, y la declinación del poder de negociación de los trabajadores.

No se puede superar la recesión por la vía de los recortes

Cuando se analiza el impacto de esta tendencia entre capital-trabajo sobre los datos macroeconómicos, se señala que se ha abierto el riesgo de deprimir el consumo interno más de lo que aumenta las exportaciones, habiéndolo mantenido de manera temporal y ficticia por el endeudamiento. Esta lógica está teniendo no solamente consecuencias negativas sobre la estabilidad económica y el crecimiento, sino que socava las bases y fundamentos de la cohesión social.

“Reequilibrio” es el término usado por la OIT en este informe para el desarrollo de un crecimiento equitativo. ¿Qué se quiere decir con ello?

En primer lugar, se plantea la necesidad de una acción coordinada en política y salir la visión de que los países pueden superar de la recesión por la vía de los recortes. Se señala además la necesidad de apostar por políticas que promuevan una conexión entre el crecimiento de la productividad y el crecimiento de las remuneraciones de las y los trabajadores.

En segundo lugar, conseguir un fortalecimiento de las instituciones que fijan los salarios, como la negociación colectiva, que han sufrido un importante debilitamiento.

Finalmente, desarrollar otras políticas para conseguir reequilibrar la redistribución de ingresos: una regulación del sistema financiero, una revisión del sistema de tributación y un sistema de seguridad social adecuado.