Isabella Barrantes Sauceda, una joven de 16 años nacida en Medellín y residente en el municipio de Puerto Boyacá, es el ejemplo real de resiliencia y pasión por superarse en un entorno poco amigable. A pesar de haber sido diagnosticada con artrogriposis múltiple congénita, una enfermedad huérfana que limita la movilidad de sus extremidades inferiores y parte de un brazo, Isabella nunca ha permitido que su condición defina lo que puede o no puede alcanzar en la vida.
Cursando el décimo grado en la Institución Educativa Liceo Pestalozzi, Isabella ha encontrado en SENATIC, programa en alianza entre el SENA, el MinTIC y la OIT, una puerta abierta hacia un futuro prometedor. Cursa en la línea de articulación con la media el programa de formación en programación de hardware y software, y ve esta formación como la clave para adquirir habilidades que le permitirán conseguir un buen empleo en el futuro. Su determinación de aprender y crecer es evidente, no solo en el aula, sino también en su vida cotidiana.
En su hogar, Isabella comparte la vida con sus padres, Walter y Marina. Su padre, antes paramédico, ahora administra un pequeño restaurante de comida rápida junto a su madre, quien se encarga de la cocina. Aunque el negocio aún no tiene nombre, Isabella contribuye en lo que puede, cuidando y ayudando en su tiempo libre. A pesar de las dificultades físicas, su deseo de apoyar a su familia nunca ha disminuido.
Isabella es una joven polifacética: toca la guitarra, el ukelele, pinta y canta canciones en inglés, con "Bajo el mismo sol" de Álvaro Soler como su favorita. A lo largo de su vida ha enfrentado numerosos desafíos, incluida la discriminación en la escuela por parte de sus compañeras. A pesar de esto, encontró apoyo en los niños de su clase y, a lo largo del tiempo, se ha ganado el cariño y el respeto de la comunidad. Hoy, es muy conocida en su pueblo, no solo por su talento, sino también por su fortaleza interior.
Ha pasado por 21 cirugías, pero cada una de ellas la ha hecho más fuerte. Isabella nunca deja de recordar que "las personas con discapacidad son capaces de hacer muchas cosas", un mensaje que comparte con orgullo, pese a que "hay persona que nos consideran como errores humanos" dice con voz de incomprensión. Su visión a futuro no se limita solo al ámbito tecnológico, pues también sueña con vivir del arte, una pasión que ha cultivado desde pequeña, primero en la Casa de la Cultura, donde aprendió guitarra y piano durante siete años, y luego a través de tutoriales en línea que la ayudaron a seguir perfeccionando su talento.
Para Isabella, el programa SENATIC es una gran oportunidad no solo para ella, sino para todos los jóvenes que deseen ampliar sus conocimientos y transmitir lo aprendido a futuras generaciones. Su historia es un testimonio de que los límites están en la mente, y que con esfuerzo, perseverancia y el apoyo adecuado, cualquier obstáculo puede ser superado.
"Gracias a SENATIC, hoy sé que puedo alcanzar mis sueños y construir un futuro mejor, tanto en las tecnologías como en el arte. No importa cuántas veces la vida me haya puesto a prueba, siempre me levantaré con más fuerza", concluye con una sonrisa llena de esperanza y gratitud.