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Nuevas dimensiones se suman a las brechas estructurales de género
En América Latina y el Caribe las mujeres han sufrido con mayor intensidad la pérdida de puestos de trabajo provocadas por la pandemia, explica en este artículo la especialista regional en economía laboral de OIT Américas, Roxana Maurizio.
La crisis provocada por la pandemia está ampliando las brechas de género en los mercados de trabajo en América Latina y el Caribe. Observamos como han aparecido nuevas dimensiones que se suman a los desafíos estructurales que teníamos antes del impacto de la COVID-19 en la región.
La recesión económica de una magnitud y extensión sin precedentes se tradujo en fuertes reducciones en el empleo. En este contexto, las mujeres han sufrido con mayor intensidad la pérdida de puestos de trabajo.
En parte, esta pérdida de empleos de las mujeres se debe a la mayor presencia en sectores económicos fuertemente afectados como, por ejemplo, los de hotelería y restaurantes, y en otras actividades de servicios y del sector de hogares.
La mayor incidencia de la informalidad entre las mujeres también explica la fuerte caída del empleo femenino. La informalidad afecta a 1 de cada 2 mujeres en la región. En sectores económicos altamente feminizados como, por ejemplo, el de trabajo doméstico, la tasa de informalidad alcanza al 80 a 90 por ciento. A diferencia de crisis previas, en ésta la pérdida de empleo estuvo explicada mayormente por lo sucedido con los puestos informales, lo que se contrajeron aún con mayor intensidad que las ocupaciones formales.
Dadas las escasas alternativas laborales en este contexto tan crítico como consecuencia del shock de oferta asociado a las medidas de confinamiento, inicialmente las pérdidas de puestos de trabajo se tradujeron no sólo en transiciones hacia el desempleo sino mayormente en un nivel sin precedentes de salidas de la fuerza de trabajo.
Se estima que en 2020 alrededor de 12 millones de mujeres salieron del mercado de trabajo.
Las fuertes salidas de la fuerza de trabajo podrían revertir tendencias previas como la creciente incorporación de la mujer en el mundo del trabajo. En la mayoría de los países de la región la pandemia ha generado retrocesos significativos en el camino ascendente recorrido previamente por la oferta laboral femenina. En algunos de ellos, la tasa de participación retrocedió 15 o 20 años.
Adicionalmente, es esencial mencionar las crecientes dificultades de conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades familiares en un contexto en el cual los servicios educativos y de cuidado se han visto profundamente alterados por las medidas sanitarias para el distanciamiento y reducción de la movilidad de las personas.
Dado que la pérdida de empleo ha sido más intensa entre las trabajadoras informales, se produjeron contracciones significativas en los ingresos laborales que no han podido ser compensadas plenamente por las políticas de transferencias implementadas en los países de la región, generando situaciones económicas muy críticas, tanto a nivel personal como familiar. Los hogares con jefatura femenina y con niños, niñas y adolescentes a cargo han sido los más afectados.
Por lo tanto, la crisis sanitaria y económica no solo ha visibilizado las brechas de género estructurales en los mercados de trabajo de América Latina y el Caribe, sino que las ha exacerbado. El desafío es doble. Por un lado, recuperar las fuertes pérdidas en materia laboral como consecuencia de la pandemia. Por otro, esta situación demanda, aún con más fuerza que antes, de un conjunto integral y coherente de medidas que apuntalen la inserción y permanencia de las mujeres en puestos de trabajo decentes.
Para ello se requiere retomar y fortalecer un proceso de formalización que debe atender las especificidades de ciertos sectores y las mayores restricciones que enfrentan las mujeres para insertarse en un puesto de trabajo de calidad.
Por otra parte, vuelven a cobrar importancia las políticas laborales que deben acompañar a las políticas productivas para robustecer la recuperación económica con generación de empleo. Un aspecto clave es la combinación de programas laborales proactivos focalizados en las mujeres, con estrategias de mayor transversalidad de la perspectiva de género en todo este conjunto de políticas.
En este sentido, la crisis ha puesto en evidencia que se requiere ampliar el abanico de oportunidades de empleo para las mujeres, especialmente en el contexto de transición digital y de intensificación de los procesos de mayor digitalización y automatización de la producción.
La región enfrenta un fuerte retraso tecnológico, conectividad limitada y desajustes entre las calificaciones requeridas y las habilidades de los trabajadores. Estos déficits deben ser resueltos para promover el crecimiento económico y la inserción de los países de la región en las cadenas globales de suministro.
Para aprovechar las oportunidades laborales para las mujeres en la transición digital debe garantizárseles acceso a las nuevas tecnologías como también a programas de formación adecuados.
El avance en la construcción de sistemas de cuidados de amplia cobertura resulta un pilar fundamental si queremos avanzar en materia de igualdad de género, no sólo porque facilita la conciliación entre las tareas de producción y de reproducción sino porque es una fuente de nuevos puestos de trabajo y de ingresos, especialmente para las mujeres.
Finalmente, hoy más que antes, la crisis está desafiando a la región a buscar fórmulas para revertir el impacto desigualador y a dar pasos significativos en las mejoras distributivas. Un aspecto central en este camino es la reducción de las brechas de género. Para ello es necesario tomar medidas que eliminen toda forma de discriminación por género, amplien el abanico de oportunidades de empleo decente y garanticen la participación efectiva de las mujeres en los procesos de diálogo social.