Día Internacional de la Mujer
No dejar a ninguna mujer atrás: ¿cómo podemos contribuir desde las estadísticas del trabajo?
"Para alcanzar el desarrollo sostenible y promover la inclusión de las mujeres en la sociedad, especialmente en el mundo del trabajo, es necesario contar con información de calidad que permita visibilizar su situación laboral", destaca Marcela Cabezas, de OIT, en este artículo.
11 de marzo de 2024
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Marcela CabezasEspecialista Regional en Estadísticas del Trabajo para América Latina y el Caribe, de OIT.
No Dejar a Nadie Atrás es la promesa central y transformadora de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Esta representa un compromiso inequívoco de los estados miembros de las Naciones Unidas para erradicar la pobreza en todas sus formas, poner fin a la discriminación y la exclusión, y reducir las desigualdades y vulnerabilidades que obstaculizan el desarrollo de las personas y los países. Una causa importante de que las personas, y particularmente las mujeres, se queden atrás son las formas persistentes de discriminación, incluida la discriminación de género.
Para alcanzar el desarrollo sostenible y promover la inclusión de las mujeres en la sociedad, especialmente en el mundo del trabajo, es necesario contar con información de calidad que permita visibilizar la situación laboral de las mujeres. Ello permitirá a los estados y sus sociedades construir políticas públicas dirigidas a superar las brechas existentes y promover el trabajo decente para todas. De ahí que las estadísticas sean una herramienta que permite avanzar en esa dirección.
En el caso de las estadísticas del trabajo existe un largo camino recorrido. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) está a punto de cumplir 105 años de existencia. La Conferencia Internacional de Estadísticas del Trabajo (CIET) de la OIT, instancia que produce las normas internacionales de las estadísticas del trabajo, acaba de cumplir a fines del año pasado 100 años. Es decir, desde muy temprano la comunidad de estados que conforman la OIT tuvo claridad de la necesidad de contar con mediciones que permitieran dar cuenta de los avances en el mundo del trabajo.
A lo largo de estos 100 años los avances en la medición de los fenómenos en este ámbito han sido notorios. Sin embargo, durante varias décadas los progresos estuvieron concentrados en las formas más típicas del trabajo/empleo, como, por ejemplo, las ocupaciones remuneradas con jornadas completas relacionados con la industria o la construcción. En estas formas más típicas o estandarizadas del mundo del trabajo los hombres han estado mayoritariamente representados. Por tanto, puestos de trabajo más “atípicos”, en los que las mujeres participan con mayor frecuencia, no eran visibles o contaban con mediciones de menor calidad o de menor avance técnico.
En la XIX CIET del 2013, se produce un cambio en el marco conceptual de las estadísticas del trabajo que ha permitido visibilizar las distintas formas de trabajo presentes en el mundo laboral, entregando claridad conceptual para la definición de los límites de cada una de ellas. De esta forma, se hace una clara distinción entre el trabajo a cambio de una remuneración o beneficio económico y el trabajo sin pago (o remuneración). Se diferencia al interior de los trabajos sin remuneración: el trabajo de producción para el autoconsumo (bienes o servicios), el trabajo voluntario y el trabajo en formación no remunerado. Además, se insta a los países a medir no sólo el “trabajo tradicional” orientado al mercado, que dice relación con el trabajo a cambio de una remuneración (ahora denominado “trabajo en la ocupación”), sino también a contar con mediciones del trabajo sin remuneración, el que está especialmente concentrado en mujeres. Así, por ejemplo, actividades como el trabajo de cuidados (sin pago, ya sea en forma de autoconsumo o voluntario) ahora cuentan con un marco conceptual inicial que permite visibilizar un trabajo realizado frecuentemente por mujeres.
En el caso de América Latina, las estadísticas oficiales del mercado laboral, que están basadas en encuestas de fuerza de trabajo o en encuestas de hogares con importantes módulos de fuerza de trabajo, están incorporando con paso acelerado las nuevas normativas mencionadas. Crecientemente, este nuevo marco conceptual del mercado del trabajo ha ido permeando otro tipo de encuestas, esenciales a la hora de medir formas de trabajo menos típicas. Un claro ejemplo, son las encuestas de uso del tiempo, fundamentales para las estadísticas de género. Este es el caso, por ejemplo, de la II ENUT de Chile, que recolectó información durante el III y IV trimestre del 2023 y que incorpora cabalmente el marco establecido en la XIX CIET.
A pesar de los grandes avances en esta última década en términos de medición de las problemáticas laborales de las mujeres, restan desafíos muy importantes. Por ejemplo, continuar trabajando en la operativización de la medición de brechas salariales más precisas entre hombres y mujeres con el fin de saber cuánto nos falta para lograr la plena igualdad salarial a trabajo de igual valor, una meta inspirada en el Convenio 100 de la OIT. Otro desafío se relaciona con precisar los criterios conceptuales y de medición del trabajo de cuidados. De hecho, la CIET (2023) estableció la necesidad de generar un grupo de trabajo para estos efectos, el que delineará la propuesta que se discutirá en la próxima CIET (2028).
La OIT continúa trabajando en la generación de normas, en la producción de herramientas y asistiendo técnicamente a los países, para contar con estadísticas cada vez más precisas que permitan dar cuenta de la actividad laboral de las mujeres y de su contribución al desarrollo de los países.
No podemos olvidar que todo este esfuerzo de medición tiene por objeto visibilizar la situación de las mujeres en el mundo del trabajo y producir evidencia que permita elaborar políticas públicas más efectivas para no dejar a ninguna mujer atrás.