La trampa del empleo sumergido en América Latina

Durante los últimos años América Latina consiguió tener una situación de crecimiento económico con reducción histórica del desempleo. Sin embargo, en esta región aún hay más de 100 millones de personas que sólo consiguen trabajo en la economía sumergida o informalidad, en esa zona turbia de las economías donde se perpetúa la pobreza y se potencia la desigualdad. Por Elizabeth Tinoco

30 de septiembre de 2013

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Los últimos datos disponibles sitúan la informalidad en 47,7% del empleo no agrícola en América Latina. La tasa abarca una realidad heterogénea, e incluye países como Brasil, que concentra la mayor parte de la población activa, donde es de 38,4%, Costa Rica con 33,6%, o Argentina con 46,9%, así como México con 54,2%, Colombia con 56,8%, Perú con 68,8%, u Honduras con 70,7%.

En todos los países latinoamericanos está presente la informalidad laboral. Hay una gran cantidad de personas atrapadas en empleos de mala calidad, con ingresos bajos, inestables, sin perspectivas, sin derechos ni protección social. Es un obstáculo importante para cumplir la meta de inclusión social en la región.

Es una situación que también existe en otras regiones. Datos difundidos recientemente indican que el tamaño de la economía sumergida en países como España y Portugal, donde se verifica la existencia de este tipo de empleo no registrado, podría ser cercano al 20% del PIB. Preocupa que esta situación se agrave aún más con la crisis.

El crecimiento económico es esencial para generar más empleos de mejor calidad, pero no es suficiente. Incluso si la región creciera a 4% anual, un nivel alto que por cierto ya no será alcanzado este año de incertidumbre, se necesitarían al menos 55 años para reducir los niveles de informalidad a la mitad. Este es un plazo demasiado largo, reñido con las aspiraciones de desarrollo de nuestros países.

Por lo tanto para reducir el trabajo sumergido hay que poner en práctica políticas y acciones deliberadas que complementen el crecimiento económico.

El primer paso es mejorar la medición y el diagnóstico de un fenómeno complejo y heterogéneo que con frecuencia se desarrolla en forma subterránea y que tiene características diferentes según el territorio, el sector, el grupo de población o la edad en que se presente.

¿Qué trabajadores son informales? Las cifras disponibles nos indican, por ejemplo, que en América Latina hay altas tasas de informalidad entre los trabajadores por cuenta propia (83%), los trabajadores domésticos (77,9%), los empleadores (36,3%) e incluso los salariados en las empresas (29,3%).

Casi 80% del empleo en esta región es generado por el sector privado. Hay unas 58,8 millones de personas que tienen un negocio, pero la gran mayoría, 48 millones, son unidades unipersonales, y otras 8,5 millones son micro y pequeñas empresas con menos de cinco empleados. En ambos casos, predomina la informalidad.

En la lucha contra la informalidad, es crucial revisar las normas y estándares para facilitar el cumplimiento por parte de empresas y trabajadores. También son relevantes las estrategias de incentivos para la formalización, de manera que sea considerada como buen negocio.

Y desde luego, mejorar la capacidad de la administración pública para la inspección del cumplimiento de las leyes. Educación y formación de los trabajadores, innovación y desarrollo tecnológico, simplificación de trámites, articulación productiva, acceso a mercados, también son esenciales.

El tema de la productividad es de la mayor importancia. Uno de los principales problemas que enfrenta la región es un nivel bajo de productividad. Desde 2000 la productividad aumentó 10% en la región, bastante inferior al 85% registrado en Asia emergente.

Este combate a la informalidad debemos realizarlo conscientes de que vivimos una realidad muy dinámica: cada año se incorporan al mercado de trabajo latinoamericano unas 5 millones de personas, la mayoría jóvenes. Esto significa que de aquí al 2020 habrá que generar unos 40 millones de empleos formales, solamente para que no empeore la situación actual.

Los datos en cuanto a la presencia de la informalidad en esta región son elocuentes. En momentos en los cuales la situación económica es positiva es importante que los países pongan en marcha los motores de la formalización.


Por Elizabeth Tinoco
Directora Regional de la OIT para América Latina y el Caribe