Delincuencia y juventud.

Artículo publicado en El Nuevo Diario de Nicaragua el 30 de junio; en Prensa de Panamá, El Heraldode Honduras y La Nación de Costa Rica el 1° de julio y en La Prensa Gráficade El Salvador el 10 de julio de 2011.

30 de junio de 2011

Una de las más importante consideraciones de la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad de Centroamérica es la necesidad de actuar sobre las causas de la delincuencia y la inseguridad, entre ellas, la pobreza y la falta de acceso al empleo y a la educación por parte de los sectores más vulnerables de los pueblos del Istmo.

Entre estos sectores destaca, por su número y potencialidad, el de la juventud (15 a 24 años). Para nadie es un misterio que la tasa de desocupación entre los jóvenes duplica, por lo general, la tasa que para ese indicador presenta la población adulta y, además, que es creciente el número de jóvenes que, en Centroamérica, no estudian ni trabajan.

Hace 5 años, para una investigación en Perú, se realizó una encuesta para precisar los perfiles de las o los jóvenes con más posibilidades y con menos posibilidades, respectivamente, para salir de la pobreza. El resultado fue, en ambos casos, que tales jóvenes eran mujeres urbanas, entre 20 y 24 años. Al analizar los resultados quedaba claro que una diferencia sustancial entre ambos grupos era que quienes tenían menos posibilidades estaban vinculados con la micro comercialización de drogas.

La delincuencia, usualmente asociada a la violencia, es una fuerte limitante para el progreso de la juventud y ello, a su vez, una importante hipoteca para el crecimiento económico, la inclusión social y la gobernabilidad democrática de una sociedad.

El trabajo reciente de la OIT en América Central –tanto en Nicaragua como en Honduras, Costa Rica y El Salvador, en el marco del Fondo Español para la consecución de los Objetivos del Milenio- ha puesto en evidencia las virtualidades que la promoción del empleo juvenil tiene para una estrategia integral de combate contra la pobreza y para la efectiva prevención del crimen.

Para 2015 América Latina deberá tener la mayor cantidad de jóvenes de su historia. Ello no volverá a repetirse pues el bono demográfico irá desapareciendo por la evolución negativa de la tasa de fertilidad en el Continente.

Los más de 100 millones de hombre y mujeres jóvenes que poblarán la Patria Grande deberán estar adecuadamente educados para poder insertarse ventajosamente en un mundo productivo cada vez más vinculada con la globalización y, por ende, más competitivo.

Que haya más jóvenes trabajando con mejores empleos no sólo es bueno para la seguridad en Centroamérica sino también para el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática.

En una tierra que anhela la paz -luego de violentos conflictos sociopolíticos, a fines del siglo pasado- los jóvenes son los primeros en ser reclutados por la violencia que despliegan la delincuencia y el narcotráfico, a través del dinero mal llamado fácil.

Ante tal amenaza es importante que la Estrategia de Seguridad de Centroamérica incorpore entre sus acciones el aliento a condiciones para que más jóvenes cuenten con trabajo decente así como con oportunidades para desarrollar sus capacidades emprendedoras y contribuir, así, con el desarrollo productivo de sus naciones.

Para la generación de más y mejores empleos para la juventud se presentan desafíos en la adecuada vinculación entre lo educativo y lo productivo: desde la educación escolar hasta la formación profesional así como la positiva articulación entre empresa y universidad. Como se señala en los 22 puntos del SICA para luchar contra el crimen, la educación y capacitación laboral son centrales.

El trabajo es la mejor arma para derrotar la inseguridad, no sólo en Centroamérica y es, también, la mejor arma con la que deben contar los jóvenes centroamericanos para poder ser efectivos constructores de seguridad en sus barrios, sus comunidades y sus países.