De las alianzas entre el Ministerio del Trabajo y la OIT surge un tejedor de sueños ancestrales: la sierra nevada susurra su nombre
En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, un territorio donde las montañas y los ríos murmuran secretos lejanos, vive Néstor José Jaraba López. A sus 52 años, es la voz del pueblo Ette Ennaka, una comunidad indígena Chimila que, pese a sus múltiples adversidades, se aferra a su identidad y tradiciones.
13 de noviembre de 2024
Néstor es la cabeza visible del Sujeto de Reparación Colectiva (SRC), de la “La Comunidad: Mi Causa”, programa en alianza entre el Ministerio del Trabajo y la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su labor ha sido fundamental para el desarrollo de procesos productivos en la región, incluyendo la producción y comercialización de artesanías entre otros.
Nacido en el resguardo mayor Issa Oristuna, Néstor recuerda una infancia marcada por la simplicidad y la armonía con la naturaleza. En su memoria resuena la risa de los niños del pueblo, quienes jugaban con trompos, se entretenían con la bola de trapo y exploraban los caminos secretos de la Sierra, ajenos a los ruidos de la modernidad. En aquellos días, el silencio solo era interrumpido por el murmullo de los ancianos compartiendo la sabiduría ancestral. No había ruidos urbanos ni músicas ajenas; la sinfonía de pájaros y chicharras nocturnas era la única banda sonora de sus días.
La enfermedad era una rareza, con la gripe como única intrusa ocasional en un pueblo donde la longevidad era la norma. La abundancia de la tierra proveía todo lo necesario. La vida se sostenía del “pan coger” y la siembra, un legado de sabiduría transmitido por sus mayores, quienes inculcaban en los jóvenes la importancia de mantener viva su lengua y cultura.
Sin embargo, el tiempo y las circunstancias han cambiado. La comunidad Ette Ennaka, que una vez prosperó en esta sierra mágica, se ha visto reducida a apenas tres mil personas, enfrentando desplazamientos, hambre y desnutrición, circunstancias que han desestabilizado su equilibrio espiritual. A pesar de estas adversidades, Néstor se mantiene firme en su convicción de que ser indígena es un orgullo y un compromiso. "Lo nuestro es lo nuestro; no podemos sentirnos inferiores por ser indígenas", dice convencido. En este sentido, la relación con los gobiernos se vuelve crucial para que se reconozcan sus derechos y se busquen soluciones a sus problemáticas.
La participación de Néstor en el programa La Comunidad: Mi Causa, ha sido un catalizador para el cambio en su comunidad. A través de esta acción, ha logrado impulsar la formación y unidad, empoderando tanto a hombres como a mujeres. Con un enfoque particular en la inclusión de la mujer indígena, Néstor ha promovido la idea de "tejiendo pensamientos", resaltando las capacidades de las mujeres para transformar su entorno y mejorar su calidad de vida. Gracias a las capacitaciones y al respaldo del Ministerio del Trabajo y la OIT, las artesanías del pueblo han ganado reconocimiento, y la comunidad ahora se encuentra en el proceso de establecer medios digitales para la comercialización de sus productos.
El clima y el tiempo han impuesto desafíos a la agricultura, pero la resiliencia de Néstor y su comunidad es un gigante. Junto con proyectos de seguridad alimentaria impulsan sus perfiles productivos que incluyen galpones de pollos de engorde, gallinas ponedoras y porquerizas. También han implementado huertas caseras que alimentan tanto a sus familias como a su espíritu de autosuficiencia. Con un tractor que les permite cultivar sus tierras y un enfoque claro hacia el futuro, el pueblo Ette Ennaka está decidido a seguir avanzando.
A través de sus palabras, Néstor José Jaraba López no solo narra su historia, sino que teje un futuro de esperanza para su comunidad. La Sierra Nevada, con su esplendor y su desafío, se convierte en el telar donde las visiones de un pueblo resurgente encuentran su forma. Con cada artesanía que producen y cada acción que emprenden, los Ette Ennaka se aferran a su legado, reafirmando que la identidad indígena es un motor de cambio y dignidad.
Sin embargo, el paso del tiempo ha traído consigo vientos de cambio, algunos amargos y otros llenos de promesas. Néstor, a sus 52 años, es testigo de cómo su pueblo, otrora numeroso, se ha visto reducido. El territorio, ese vínculo sagrado con la Pachamama -Madre Tierra-, se ha estrechado hasta convertirse en una preocupación constante. "Casi no tenemos territorio", lamenta Néstor, en una frase que encierra siglos de luchas y despojos.
Néstor, guiado por la sabiduría de sus ancestros y la fortaleza de su gente, continúa liderando el camino hacia un porvenir donde sus tradiciones florezcan y su voz sea escuchada. En este rincón del mundo, la esperanza se teje con hilos de cultura, resiliencia y un profundo amor por la tierra, recordándonos que, a pesar de los desafíos, el camino hacia la autogestión y el reconocimiento es posible.