Awá: gente de la montaña. A través de la OIT, se escucha la voz y la memoria de un pueblo que avanza y cree
En el corazón de la selva húmeda del Pacífico nariñense, el programa La Comunidad: Mi Causa, impulsado por el Ministerio de Trabajo y la OIT, fortalece la esperanza de Gilder Alirio Nastacuas Caicedo, gobernador Awá, quien sueña con una juventud libre de violencia y fiel a sus raíces.
13 de noviembre de 2024
Infancia entre Ríos y Montañas
Gilder Alirio Nastacuas Caicedo, de 31 años, creció entre los vientos y el frescor de la montaña, al lado de sus hermanas y hermanos, aprendiendo desde niño a mirar la tierra como se mira el rostro de un ancestro. Recuerda con nostalgia, pasar los fines de semana en los ríos: el agua fría sobre la piel, la risa de sus primos y amigos, y las caminatas en silencio, observando las frutas silvestres, cada planta, cada raíz. “Recogíamos las frutas que crecían silvestres sin que nadie las sembrara, averiguando sus nombres como quien encuentra una parte de sí mismo”, relata con un brillo melancólico en su voz.
En aquellos años, Gilder Alirio escuchaba a su padre contar sobre los secretos de la siembra: el maíz crecía robusto, y el aroma de la yuca y el plátano se mezclaba con la brisa. Sin embargo, con el tiempo, aquellos recuerdos han sido desgarrados por la distancia. “Hoy, la tierra ya no quiere dar sus frutos como antes. Los jóvenes ya no se sientan con los mayores para escuchar las historias. Es como si el espíritu de la montaña se estuviera yendo de a poco”.
Gobernador de una Comunidad en Resistencia
Hoy, como gobernador del resguardo indígena Awá de la zona Telembí, en Barbacoa Nariño, Gilder lidera una comunidad que lucha por resistir los embates del olvido y la violencia. En su papel, se ha convertido en un pilar para los jóvenes Awá, una guía que los protege de los constantes coqueteos de los grupos armados. “Los jóvenes deben encontrar en la comunidad una razón para quedarse, para resistir, para reconstruir. Pero es difícil”, comenta con voz de incertidumbre.
Cada día, las promesas vacías de los reclutadores acechan a los jóvenes, quienes son seducidos por el camino del conflicto. Gilder sabe que esos cantos de guerra solo traen pérdidas y dolor a la tierra que tanto ama. Con la fortaleza que le da el programa La Comunidad: Mi Causa, trabaja incansablemente para construir un presente donde la formación en el campo, el conocimiento de la siembra, y el amor por la tierra, sean las semillas que arraiguen a los jóvenes en su herencia.
La Nostalgia del Presente
La vida de Gilder en la comunidad de Las Palmas, adonde llegaron cuando él tenía 13 años, marcó un cambio brusco. Dejó atrás la libertad de la montaña y la conexión con los ancestros para enfrentar un nuevo territorio, alejado de los ríos y de los días de pesca. Los años han pasado, y Gilder observa con tristeza cómo las costumbres se desvanecen.
Hoy, en las noches, echa de menos aquellos encuentros en los que los ancianos que compartían recuerdos, y los jóvenes aprendían sin darse cuenta.
La Siembra de Esperanza en la Comunidad Awá
Como líder, Gilder trabaja para que la comunidad prospere, para que los 18 pueblos que la conforman puedan recuperar su autosuficiencia. Las huertas de pancoger –donde crecen caña, chiro, plátano, yuca y maíz– representan una posibilidad de independencia, tanto alimentaria como económica. El programa La Comunidad: Mi Causa ha traído apoyo crucial en esa tarea, pero él sabe que todavía falta mucho. La sostenibilidad de la producción es fundamental para asegurar el bienestar de su gente.
Con el corazón puesto en el futuro de sus dos pequeñas hijas, Gilder sueña con una comunidad fortalecida, donde las nuevas generaciones puedan hablar su lengua Awapit, tejer sus tejidos ancestrales, y mantener viva la cultura Awá. “Queremos formar docentes que enseñen nuestra lengua y nuestras tradiciones, que nuestros jóvenes sean orgullosos de ser Awá”, afirma.
Un Legado de Esperanza
Aunque el camino es incierto y las sombras del conflicto persisten, Gilder Alirio Nastacuas Caicedo no pierde la esperanza. Su liderazgo se ha convertido en luz, una resistencia silenciosa que crece como una raíz antigua en la profundidad de la montaña. Bajo su gestión, la comunidad Awá de Telembí comienza a encontrar fuerza en sus propias manos, y en la esperanza de que los jóvenes no tendrán que elegir entre el exilio o la violencia, sino que podrán ser guardianes de su tierra, de su identidad y de su futuro.
“Queremos que la montaña nos devuelva lo que alguna vez nos dio: libertad y paz. Y vamos a trabajar juntos, por cada joven, por cada niño y niña, hasta que la montaña vuelva a reconocernos como al árbol, parte de su materia.”