Entrevista
Agustín Muñoz, Ex-Director Regional de OIT: "El diálogo social es clave para avanzar en justicia social"
El exdirector regional de la OIT para América Latina y el Caribe analiza los principales desafíos laborales que enfrenta la región, el impacto del trabajo decente y la importancia de fortalecer el diálogo tripartito para lograr avances sostenibles en empleo, pensiones y equidad de género, entre otros.
24 de enero de 2025
SANTIAGO (OIT Noticias).- Agustín Muñoz es politólogo, especialista en temas laborales y académico chileno. Fue Director de la Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe entre 2002 y 2004, y previamente Director Regional Adjunto (2000-2002). Con una trayectoria marcada por su compromiso con la justicia social y el diálogo tripartito, Muñoz reflexiona en esta entrevista, sobre los principales desafíos que enfrentó la región durante su gestión, las transformaciones del mundo del trabajo y el rol de la OIT en la actualidad.
Durante su gestión en la OIT, ¿cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentó América Latina y qué aprendizajes considera relevantes para el presente?
América Latina, en los años 90 y principios de los 2000, estaba saliendo de un período turbulento. Veníamos de dictaduras militares, guerras civiles en América Central y un profundo deterioro del tejido social y laboral. En ese contexto, la democracia empezó a consolidarse como un valor central en la región, pero con un gran desafío: la justicia social.
Uno de los problemas más críticos era la brecha entre el derecho y la realidad. Muchos países afirmaban tener códigos laborales avanzados, pero en la práctica estos no se aplicaban, y en algunos casos, los sindicalistas enfrentaban persecuciones o incluso asesinatos. A esto se sumaban las crisis económicas recurrentes, como el efecto tequila en México, la crisis argentina, el impacto del 11 de septiembre y la posterior caída de Lehman Brothers. Estas crisis golpeaban directamente el empleo y la pobreza, lo que convirtió al desempleo y la informalidad en problemas prioritarios para la OIT.
La pobreza tenía rostro de mujer y de juventud. Muchas mujeres y jóvenes estaban en una situación de exclusión del mercado laboral formal, lo que nos llevó a promover políticas específicas para atender estos sectores. Desde la OIT, impulsamos iniciativas de medición y seguimiento de estos temas a través de publicaciones como "Panorama Laboral", que permitió a los gobiernos contar con datos precisos para la toma de decisiones.
A más de dos décadas de ese período, América Latina sigue enfrentando altos niveles de desigualdad, informalidad y brechas de género en el empleo. ¿Qué medidas deberían adoptar los países para avanzar en materia de trabajo decente?
La desigualdad ha sido, y sigue siendo, un problema estructural en América Latina. A finales de los 90, el índice de Gini de la región era alarmante, con niveles que posicionaban a América Latina como la más desigual del mundo. Si bien la pobreza se ha reducido en algunos períodos, persisten brechas importantes, especialmente para mujeres y jóvenes.
El camino para enfrentar estos desafíos sigue siendo el mismo: el diálogo social. Pero no un diálogo superficial, sino uno genuino, donde las partes se sienten con voluntad de alcanzar consensos sostenibles. Esto es clave en temas urgentes como los salarios, las pensiones y el empleo. La OIT, con su estructura tripartita, ha demostrado que es posible generar acuerdos entre gobiernos, empleadores y trabajadores cuando hay disposición real.
La OIT, con su estructura tripartita, ha demostrado que es posible generar acuerdos entre gobiernos, empleadores y trabajadores cuando hay disposición real.
Además, hay que fortalecer la formación de los actores sociales. Empresarios, sindicatos y gobiernos deben contar con las herramientas necesarias para entender los desafíos del mundo laboral y negociar soluciones efectivas. Hoy, uno de los temas emergentes es la migración laboral. Chile, por ejemplo, ha pasado de ser un país emisor a convertirse en un destino para muchos migrantes, lo que implica la necesidad de políticas laborales inclusivas y reguladas.
El concepto trabajo decente es clave, y surge como una respuesta a los déficits de la globalización. En los años 90, la globalización avanzó rápidamente en términos económicos, pero no en términos sociales. Frente a esto, la OIT, bajo el liderazgo de Juan Somavia, posicionó el trabajo decente como un eje fundamental para garantizar que el crecimiento económico fuera acompañado de justicia social.
En el caso de Chile, ¿cuáles son los principales desafíos laborales actuales y cómo podría la OIT contribuir a enfrentarlos?
Chile enfrenta desafíos laborales complejos. La reforma de pensiones es uno de los más urgentes y ha evidenciado la importancia de contar con un diálogo efectivo entre los actores políticos y sociales. Es fundamental que el debate se enfoque en el bienestar de la población y no quede entrampado en diferencias ideológicas.
Otro tema clave que veo es la regulación del trabajo en la era digital. El teletrabajo, por ejemplo, ha traído ventajas, como mayor flexibilidad, pero también ha generado nuevas dificultades, como la desconexión entre trabajadores y sus colectivos laborales. Esto tiene un impacto en la organización sindical y en la capacidad de negociación colectiva, por ejemplo.
La información y la sensibilización son herramientas poderosas para generar cambios sostenibles.
Además, la inteligencia artificial y la automatización están transformando el mundo del trabajo de formas que aún no podemos dimensionar completamente. La formación será clave para que los trabajadores puedan adaptarse a estos cambios y evitar un aumento en las desigualdades.
La OIT debe seguir desempeñando un papel activo en estos debates, no solo facilitando el diálogo tripartito, sino también fortaleciendo su presencia en los espacios de toma de decisión. La información y la sensibilización son herramientas poderosas también para generar cambios sostenibles.
Para finalizar, ¿qué mensaje daría a los jóvenes que desean incidir en las políticas laborales de la región?
Les diría que no pierdan la capacidad de soñar con una sociedad más justa, pero que también comprendan que los cambios requieren compromiso, diálogo y construcción colectiva. La justicia social no se logra de un día para otro, es un proceso que exige esfuerzo y participación.
La OIT ha sido, y seguirá siendo, un actor clave. Pero su éxito dependerá, en gran parte, de la capacidad de las nuevas generaciones para seguir impulsando un mundo del trabajo más inclusivo y sostenible.
También los animaría a formarse y a involucrarse en los espacios de decisión. El futuro del trabajo dependerá de cómo enfrentemos los desafíos actuales, y para eso necesitamos nuevas generaciones con visión, preparación y disposición al diálogo.
La OIT ha sido, y seguirá siendo, un actor clave en esta transformación. Pero su éxito dependerá, en gran parte, de la capacidad de las nuevas generaciones para tomar la posta y seguir impulsando un mundo del trabajo más inclusivo y sostenible.
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