Las mujeres desempeñan importantes funciones en la economía rural como agricultoras, asalariadas y empresarias. También velan por el bienestar de los miembros de sus familias, al encargarse, entre otras cosas, del abastecimiento de alimentos y del cuidado de niños y ancianos. El trabajo no remunerado que llevan a cabo las mujeres de zonas rurales, en particular en los hogares pobres, con frecuencia incluye la recogida de leña y la búsqueda de agua. Las mujeres de comunidades indígenas y locales a menudo también son depositarias de conocimientos tradicionales, que resultan decisivos para garantizar los medios de vida, la resiliencia y la cultura de sus comunidades. Sin embargo, las mujeres del ámbito rural topan con restricciones a la hora de dedicarse a actividades económicas a causa de la discriminación por motivos de género y las convenciones sociales, una participación excesiva en el trabajo no remunerado, y un acceso a la educación, la atención sanitaria, los bienes inmuebles y los servicios financieros y de otra índole caracterizado por la desigualdad.