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Paz y resiliencia a través del trabajo decente

Paz y resiliencia a través del trabajo decente

La pandemia de la COVID-19 ha acentuado la fragilidad de los Estados ya afectados por desastres y conflictos.

Aún antes de esta crisis sanitaria mundial, numerosos países registraban tasas elevadas de desempleo y pobreza, dando lugar a un aumento del riesgo de inestabilidad social. Estos factores hacen que los países afectados por la fragilidad, los conflictos o los desastres estén menos preparados para enfrentar futuras crisis.

El trabajo decente ha demostrado ser el cimiento de sociedades resilientes y pacíficas. En el contexto de la pandemia de la COVID-19, es más necesario que nunca.

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Trabajadores de la construcción en Mauritania © OIT

Un mundo más frágil

Es así como 1.600 millones de personas se encuentran en peligro inmediato de perder sus medios de subsistencia a causa de la pandemia de COVID-19.

Pero incluso antes del brote de la pandemia,  aproximadamente 2.000 millones de personas en el mundo sufrían las consecuencias de desastres y conflictos. Cuando las personas viven permanentemente al borde de una crisis – cuando aún una emergencia imprevista puede llevarlos al borde del abismo – nosotros decimos que viven en una situación frágil, o bajo condiciones de fragilidad.

Para aquellos que se encuentran atrapados en situaciones de fragilidad, la pandemia de la COVID-19 representa una amenaza más para su supervivencia y reduce su capacidad de afrontar crisis futuras.

Colectores de agua en la arena del río seco Fiherenana en Tulear, Madagascar. © OIT / Marcel Crozet

El círculo vicioso de la fragilidad

El término “frágil”, tradicionalmente ha sido utilizado para describir países o regiones afectadas por guerras o por conflictos armados, pero hoy día es utilizado más ampliamente para describir una situación donde los factores sociales, políticos, económicos, medioambientales y de seguridad se juntan para crear una vulnerabilidad constante o recurrente.

Las situaciones de fragilidad raramente son causadas por un único evento. Por lo general, en una sociedad frágil existen inestabilidades preexistentes o emergentes que son exacerbadas por una conmoción o una catástrofe graves, desencadenando una serie de crisis. En particular, desde la perspectiva del mundo del trabajo, la fragilidad significa que los trabajadores y los empleadores dejan de tener acceso o de proporcionar trabajo decente, lo cual agrava las vulnerabilidades existentes. La fragilidad se entiende mejor como un círculo vicioso.

El camino hacia la resiliencia

Resiliencia es el contrario de fragilidad.

Una sociedad resiliente se puede adaptar y recuperar ante catástrofes como desastres, pandemias, crisis económicas y conflictos. Una sociedad resiliente está preparada y puede mitigar los peores impactos de una crisis y reconstruir de manera que favorezca el desarrollo económico y social. Una sociedad resiliente encontrará su camino de vuelta hacia la paz y la estabilidad más pronto que tarde.

Cuando sobreviene un desastre o un conflicto, la comunidad internacional ofrece ayuda humanitaria a fin de reducir al mínimo la pérdida de vidas humanas, además de hacer frente a las pérdidas materiales, económicas y medioambientales. Pero después que una sociedad ha quedado debilitada por este tipo de eventos, es más vulnerable que nunca a nuevas crisis y amenazas. Es por este motivo que las actividades a favor del desarrollo no pueden ser tratadas como separadas de los esfuerzos humanitarios o incidentales.

La OIT tiene 100 años de experiencia en la coordinación con gobiernos, organizaciones de empleadores y trabajadores, así como otros organismos de las Naciones Unidas, para ayudar a las sociedades en la transición del estado de crisis hacia una fase de desarrollo, respaldadas  por una visión a largo plazo y la voluntad de “reconstruir mejor” tras la crisis. 

Un nuevo camino para una comunidad en Myanmar © OIT / Marcel Crozet

El mandato de la OIT

Desde sus orígenes, la OIT ha comprendido que la justicia social y el trabajo decente son la fundamentales para la paz duradera y la estabilidad. En 2017, la OIT se dotó de una norma internacional del trabajo actualizada para orientar a sus mandantes en la gestión de los problemas del mundo del trabajo en situaciones de crisis.

En un mundo de múltiples crisis, la Recomendación núm. 205 sobre el empleo y el trabajo decente para la paz y la resiliencia constituye un instrumento histórico para hacer frente a situaciones que están en la encrucijada de las iniciativas humanitarias, de consolidación de la paz, de respuesta a los desastres y de desarrollo.

1919

La OIT es fundada con el principal objetivo de hacer frente a los problemas económicos y sociales que dieron lugar a la Primera Guerra Mundial.

1944

Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, en la 26.a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, la OIT adopta su primer instrumento normativo internacional sobre la reconstrucción de los medios de subsistencia después de los conflictos (Recomendación núm. 71).

 

1969

La OIT recibe el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento de su papel fundamental durante la guerra y su trabajo en curso para alcanzar el objetivo de una paz mundial permanente.

2017

La 106.a reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo adopta la Recomendación núm. 205 sobre el empleo y el trabajo decente para la paz y la resiliencia, el único marco normativo internacional centrado en el papel del empleo y el trabajo decente para promover la paz, prevenir las crisis, posibilitar la recuperación y potenciar la resiliencia.

2019

Para celebrar los 100 años de su fundación, la Declaración del centenario de la OIT para el Futuro del Trabajo establece una hoja de ruta para un futuro del trabajo centrado en las personas, reconociendo que el trabajo decente es clave para el desarrollo sostenible, así como para reducir la desigualdad de ingresos y acabar con la pobreza, en particular en zonas afectadas por conflictos, desastres y otras emergencias humanitarias.

Un enfoque operativo: Empleos para la paz y la resiliencia

Guiado por la Recomendación núm. 205, el Programa de referencia sobre el empleo para la paz y la resiliencia crea empleos, fortalece las competencias y promueve el sector privado y el desarrollo económico local tras las crisis como caminos hacia sociedades más pacíficas y resilientes. Su enfoque modular, basado en proyectos locales se concentra en cuatro objetivos:

Activadores y multiplicadores

Cien años después de la fundación de la OIT, nuestro mundo ha cambiado mucho. Como reconoce la Recomendación núm. 205, el nuevo milenio presenta circunstancias excepcionales y plantea nuevos desafíos, muchos de los cuales favorecen o catalizan situaciones frágiles.

Acceda a más información, así como a estudios de casos, a continuación:

Trabajador en Potosí, Bolivia © OIT / Marcel Crozet

Los más afectados

Los desastres y los conflictos no tienen el mismo impacto sobre todos los grupos. Las personas que ya viven en situación de marginación o desventaja, como puede ser el caso de las mujeres, los jóvenes y las poblaciones indígenas y tribales, son las más afectadas.

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Ouely José, de 18 años, antiguo miembro de la banda de los forofos, trabaja ahora por cuenta propia y repara barcos tras recibir formación en el Centro CFTPS de Diego Suarez (Madagascar). © OIT

Los nuevos vulnerables

Además de su impacto sobre las personas que ya están marginadas o desfavorecidas, los desastres y conflictos crean nuevos grupos vulnerables, como los ex combatientes y las personas obligadas a desplazarse, quienes con frecuencia enfrentan grandes obstáculos cuando intentan reintegrarse en la sociedad.

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Retrato de un refugiado que vive en duras condiciones en el campo de refugiados de Summit, en Kenia. © OIT / Marcel Crozet

Un futuro para el trabajo decente, un futuro para la paz

Aún los desastres o conflictos más devastadores pueden deparar esperanza en el futuro. Con frecuencia, las sociedades en un contexto posterior a las crisis son más receptivas al cambio. Constatamos esto en las discusiones surgidas a causa de la pandemia de COVID-19.

La OIT está convencida de que si mantenemos una atención constante hacia el trabajo decente para todos, podemos aspirar a un mejor mañana para todos. El núcleo de la cuestión es tan evidente como lo era en 1919: en tiempos de crisis, la justicia social es el único camino para construir la resiliencia y la paz permanente.

Obtenga más información haciendo clic en los dos enlaces siguientes.

Trabajadores de la construcción en un campo de refugiados jordano. © OIT / Nadia Bseiso

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