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Crecimiento de la productividad

Alarmante descenso del crecimiento de la productividad laboral en los Estados árabes, pero las reformas políticas pueden impulsar la recuperación

Un nuevo informe de la Oficina Regional de la OIT para los Estados Árabes analiza los principales obstáculos al crecimiento de la productividad en la región desde la década de 1950, y ofrece recomendaciones para elevar la productividad y lograr una rápida recuperación económica y del empleo.

Comunicado de prensa | 29 de marzo de 2022
BEIRUT (OIT Noticias) – Un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presenta el más amplio análisis de los datos y tendencias de la productividad laboral en la región de los Estados árabes desde la década de 1950 hasta la fecha.

El informe, elaborado por la Oficina Regional de la OIT para los Estados Árabes y la Oficina de Actividades para los Empleadores de la OIT, analiza los principales obstáculos para el crecimiento de la productividad en la región, y ofrece recomendaciones para aumentar la productividad para una rápida recuperación económica y del empleo.

La productividad del trabajo se refiere a la medición de la producción económica de un país, un sector o una empresa mediante el cálculo de la cantidad de producto interior bruto (PIB) real producido por el trabajo durante una unidad de tiempo específica. Se trata de un importante indicador económico que está estrechamente relacionado con el crecimiento económico, la competitividad y el nivel de vida de una economía.

Investigadores de alto nivel de cuatro continentes componen el grupo de investigación que ha elaborado el informe, titulado Crecimiento de la productividad, diversificación y cambio estructural en los Estados Árabes (en inglés). El estudio abarca la región de los Estados Árabes del Golfo y Oriente Medio, que comprende Bahrein, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, el Territorio Palestino Ocupado, Omán, Qatar, Arabia Saudí, Siria, los EAU y Yemen.

"La Declaración del Centenario de la OIT para el Futuro del Trabajo hace hincapié en la necesidad de configurar un futuro del trabajo con empleo pleno, productivo y libremente elegido, e identifica la productividad como piedra angular para lograr un enfoque del futuro del trabajo centrado en el ser humano", dijo la Directora Regional de la OIT para los Estados Árabes, Ruba Jaradat. "El aumento de la productividad laboral es una preocupación que compartimos con nuestros mandantes: empleadores, trabajadores y gobiernos. Lo vemos como un catalizador para crear trabajo decente, crecimiento inclusivo y prosperidad compartida."

"El mensaje de este innovador informe es alto y claro: los países de la región pueden convertir la recuperación de la crisis de Covid-19 en una verdadera oportunidad para lograr el crecimiento de la productividad en sus economías en el futuro a través de reformas económicas específicas", dijo la Directora de la Oficina de Actividades para los Empleadores de la OIT, Deborah France-Massin. "Esto incluye colocar el crecimiento de la productividad laboral como una de las prioridades estratégicas en los planes nacionales de desarrollo, en línea con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de la ONU."

Tendencias de la productividad laboral

El informe concluye que, tras tres décadas de buen crecimiento tras el descubrimiento del petróleo a principios de los años 50, la productividad laboral ha disminuido desde los años 80 en las economías árabes en general, y en las del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en particular. El informe constata un descenso más acelerado de la productividad en las dos últimas décadas.

En comparación con otras regiones, la región de los Estados Árabes es ahora la que peores resultados obtiene a nivel mundial en términos de crecimiento de la productividad.

El informe constató que, entre 2010 y 2019, el crecimiento de la productividad disminuyó en los países del CCG en un 0,8%, y en los países no pertenecientes al CCG en un 1,5%. En los países emergentes y en desarrollo de otras regiones, en comparación, aumentó un promedio del 3,1% durante el mismo período, mientras que en las economías avanzadas aumentó un 1%, y el promedio mundial registró un aumento del 2,1%.

Las principales razones que explican estas tendencias a la baja en la región de los Estados árabes son la falta de diversificación económica, con una dependencia de los sectores de baja productividad, la incapacidad de invertir las ganancias fiscales en la promoción del crecimiento de la productividad, y la falta de inversión en la cualificación de la mano de obra para satisfacer las nuevas necesidades del mercado de trabajo, explicó Paolo Salvai, especialista principal de la OIT en materia de empleadores para los Estados árabes, que dirigió la elaboración del informe junto con el responsable de actividades para los empleadores de la OIT, José Luis Viveros Añorve.

"El cambio de la actividad económica de la agricultura a la industria manufacturera es una fuente importante de aumento de la productividad en las economías emergentes. El informe ilustra que la mayoría de los países árabes pasaron por un proceso de desindustrialización prematura, y por lo tanto actualmente carecen de un sector manufacturero sólido", explicó Salvai.

"Las estrategias económicas de la mayoría de los países de la región se han centrado en sectores de servicios de bajo valor añadido o en los sectores financiero y de la construcción. Esto ha obstaculizado el crecimiento de la productividad, ya que los servicios son menos intensivos en capital y están menos abiertos a la competencia internacional, lo que va en detrimento del crecimiento económico y de la productividad, y ha provocado el aumento del trabajo informal", es decir, el trabajo que no está cubierto o está insuficientemente cubierto por los acuerdos y protecciones formales, añadió.

El informe señala las tasas de participación del sector manufacturero en el PIB nacional de la región. Es muy bajo en Líbano (representa el 3,1% del PIB nacional en 2020, frente al 8,3% en 2008), en Irak (3% en 2020 y constante en los últimos 20 años) y en Kuwait (6% en 2020, y constante en los últimos 20 años).

La contribución de la industria manufacturera al PIB es relativamente baja en Qatar y Omán (ambos con un 7 por ciento en 2020), moderada en Arabia Saudí (13 por ciento, pero en crecimiento), y relativamente alta en Jordania (17 por ciento del PIB en 2020, pero en descenso, tras haber representado el 21,2 por ciento del PIB en 2008). En Siria, se situaba en el 15% del PIB antes del conflicto que comenzó en 2011, aunque no se dispone de datos actuales.

En comparación con países de otras regiones, la contribución de la industria manufacturera al PIB se situaba en 2020 en el 27,4% en Corea del Sur, el 25% en Tailandia, el 15% en Rumanía, el 14,8% en Italia, el 12% en Perú y el 18% en Alemania.

Obstáculos al desarrollo empresarial sostenible

Las pequeñas y medianas empresas (PYME) emplean al 97% de los trabajadores de la región (en comparación con el 70% a nivel mundial). El entorno empresarial actual es perjudicial para el comercio y desalienta la internacionalización y el crecimiento de las PYME, según el informe.

Los líderes empresariales de la región encuestados identificaron los obstáculos al crecimiento de la productividad derivados de un entorno empresarial defectuoso. Entre los retos se encuentran la inestabilidad política, la falta de acceso al crédito para la inversión y el capital circulante, un sistema fiscal laxo y la falta de acceso a la electricidad, siendo esta última una de las preocupaciones más importantes en los países no pertenecientes al CCG.

Los líderes empresariales también señalaron el tamaño inadecuado del mercado. Dado que las exportaciones de la región sólo alcanzan un tercio de su potencial, el informe estima que el fomento de la integración regional mediante la eliminación de las barreras comerciales y la creación de zonas de mercado único podría aumentar drásticamente el potencial de exportación de la región.

El camino de la recuperación

La pandemia de COVID-19 ha agravado los problemas existentes en la región, como la debilidad de las instituciones públicas, la inestabilidad económica y política, la escasa diversificación de las economías y las elevadas tasas de desempleo.

El informe recomienda un conjunto de políticas para que los países de la región revisen sus estrategias nacionales de desarrollo y den prioridad al crecimiento de la productividad, la diversificación y el cambio estructural en el periodo de recuperación posterior a la pandemia.

La prioridad más urgente ahora es centrar las estrategias económicas en la diversificación en los países dependientes del petróleo y en un cambio estructural más amplio en los países no dependientes del petróleo, sostiene el informe. Recomienda que esto se logre a través de un proceso de privatización bien gestionado para alejarse de los sistemas económicos rentistas de la región, que atienden principalmente a las poblaciones de renta alta, y mediante el diseño y la aplicación de políticas de desarrollo industrial y productivo.

Una segunda recomendación prioritaria es alinear mejor la inversión en competencias y educación con las políticas nacionales de desarrollo industrial y productivo, y garantizar que los sistemas educativos se anticipen y preparen para las futuras necesidades del mercado laboral.