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Se puede romper el círculo vicioso de la pobreza laboral

Pónganse en el lugar de un trabajador vulnerable: tiene trabajo, pero para llegar a fin de mes tiene que hacer verdaderos malabarismos. Desea capacitarse para tener un trabajo mejor, pero es imposible; su trabajo consume todo su tiempo. ¿Cómo romper este círculo vicioso de pobreza laboral?

Opinión | 28 de febrero de 2020
Verónica Escudero, Jefa interina de la Unidad de Análisis de Tendencias del Mercado de Trabajo y Evaluación de Políticas, Departamento de Investigaciones y Hannah Liepmann, Economista, Departamento de Investigaciones
Pónganse en el lugar de un trabajador vulnerable de un país emergente o en desarrollo: tiene trabajo pero no gana mucho, de modo que para llegar a fin de mes tiene que hacer verdaderos malabarismos. Se sabe que, de poder capacitarse, podría tener un trabajo mejor, pero sucede que no puede tomarse tiempo libre para hacerlo porque necesita el dinero que ese tiempo libre representa.

Este círculo vicioso es la realidad de 630 millones de personas que a nivel mundial trabajan y no logran superar su situación de pobreza personal y familiar.

A escala mundial, los gobiernos llevan decenios formulando y aplicando políticas que protejan los ingresos de los trabajadores y al mismo tiempo los ayuden a conseguir un trabajo mejor. Sin embargo, se ha constatado que la tarea de equilibrar estos dos objetivos es compleja. Uno de los problemas con que tropiezan los gobiernos es que, hoy, el hecho de ayudar a la gente a llegar a fin de mes no necesariamente les prepara para aprovechar las oportunidades futuras, ni para superar la pobreza a largo plazo. Para conseguir estos dos objetivos, los gobiernos por lo general formulaban programas específicos que competían a diferentes ministerios. Pero este método no ha sido eficaz.

En 2014, nuestro equipo puso en marcha un programa de investigación para encontrar respuestas a este interrogante. Comenzamos por estudiar medidas de promoción del empleo aplicadas en países de América Latina, por ejemplo, en materia de formación, incentivos al microemprendimiento o asistencia en la búsqueda de empleo. Por entonces, estas políticas eran objeto de críticas en la región, por considerarse demasiado caras y no particularmente eficaces. Ahora bien, nuestra investigación arrojó pruebas de que las mismas habían ayudado a los trabajadores a encontrar trabajo más rápidamente, y a mejorar sus competencias.

También detectamos un problema importante: muchas personas que debían haberse beneficiado de estos programas no habían participado, a menudo debido a que no recibían un apoyo a los ingresos que les permitiera atender sus necesidades básicas mientras participaban. Por ejemplo, hubo quienes no aceptaron una oferta de formación gratuita porque no contaban con ayuda a los ingresos; no podían darse el lujo de no trabajar. Al mismo tiempo, se sabe que si los trabajadores vulnerables reciben dicha ayuda únicamente, sin medidas específicas para mejorar sus calificaciones, tampoco pueden mejorar sus perspectivas a más largo plazo. Así pues, para que los gobiernos puedan impulsar vías de acceso al trabajo decente, es preciso que la protección de los ingresos y la promoción del empleo se ejecuten juntos.

Este planteamiento nos impulsó a acometer otro proyecto entre 2016 y 2019; esta vez, se procuraba comprender cómo pueden combinarse el apoyo a los ingresos y la promoción del empleo para evitar la aplicación de políticas por separado, y mejorar la vida de los trabajadores. Constatamos que, pese a los desafíos que se plantean para la ejecución, en el mundo emergente y en desarrollo hay ejemplos novedosos y de éxito.

Pongamos el ejemplo de Uruguay. Durante la recesión de principios de los años 2000, los más pobres y más vulnerables corrían el riesgo de padecer más penurias todavía. El Gobierno recurrió a una solución según la cual los beneficiarios recibían no solo ayuda en efectivo, sino que también se les ofrecía una serie de ayudas, incluso participar en un plan de empleo público durante cinco meses, para mejorar sus perspectivas de encontrar un empleo mejor. Quienes participaban en el programa recibían un empleo temporal en proyectos de la comunidad, percibiendo el doble de la ayuda monetaria, y además se beneficiaban de 20 horas de formación al mes y de asistencia en la búsqueda de empleo, lo cual aumentaba sus probabilidades de encontrar trabajo posteriormente.

También Mauricio ha aplicado un enfoque particularmente original para abordar el problema. El sistema de prestación por desempleo está diseñado para ayudar a quienes están sin empleo tras haber trabajado, tanto formal como informalmente. Pocos países del mundo ayudan a los trabajadores informales de este modo. Cabe destacar la importancia de que el sistema de prestaciones de desempleo prevea no solo los beneficios monetarios sino asistencia en la búsqueda de empleo y para la creación de microempresas, de modo que los beneficiarios puedan mejorar sus perspectivas de empleo y encontrar trabajo con rapidez.

Al analizar nuestra labor de los últimos seis años se constata que la ayuda a los ingresos y la promoción de mejores empleos es posible. Hay países no pertenecientes al mundo desarrollado que ya están mostrando el camino.