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La evolución de Mona: la importancia de una educación inclusiva y equitativa de calidad

De ingeniero a empresario. La historia de Mona El Khodairy muestra cómo la buena formación y educación pueden transformar la vida de los jóvenes.

Opinión | 12 de agosto de 2019
Amal Mowafy
(Especialista técnica regional en empleo juvenil para África.)
Conocí a Mona El Khodairy cuando le tocaba vivir una experiencia dura.

En noviembre de 2016, me encontraba participando en la Cumbre Egipcia de Iniciativas Empresariales, en Gouna (Egipto). Recorriendo el lugar, observé a una joven llorando y decidí acercarme a consolarla. Mona lloraba porque, aunque figuraba entre los participantes finalistas, su trabajo no había sido seleccionado para la última ronda de la Competición Nawah de Iniciativa Empresarial.

No tardé en percatarme de que sus lágrimas eran de frustración. Mientras hablábamos, esta chica de Luxor iba impresionándome cada vez más por su empeño y su pasión en su forma de aprovechar las oportunidades para ayudarse a sí misma y a su comunidad.

Mona me contó que era licenciada en ingeniería, y que creía que ello le bastaría para abrirse camino hacia una buena carrera de modo convencional. La cuestión era, sin embargo, que no podía encontrar trabajo, ni en la ciudad en la que vivía, ni en ninguna otra parte.

Un día, leyó un artículo sobre la tecnología del biogás. El biogás ofrece una fuente alternativa de energía, y se trata de un método más ecológico para le gestión de desechos. Esto despertó el interés de Mona. Pese a contar con una calificación educativa de prestigio, se dio cuenta que la formación práctica en este nuevo ámbito podría abrir oportunidades interesantes. Así pues, se inscribió en un programa impartido por el Ministerio de Medio Ambiente de Egipto, y tras conocer a fondo la tecnología, recibió el correspondiente certificado habilitante para construir digestores de biogás.

Cuando regresó a Luxor, comenzó a promover la tecnología entre sus vecinos. Les explicó por qué un digestor semiesférico era preferible a los cilindros de gas (caros y difíciles de conseguir) tan usados para cocinar, y explicó también que de allí se obtenía un subproducto que servía de fertilizante natural.

Los vecinos no tardaron en constatar las ventajas de los nuevos digestores, y los servicios de Mona comenzaron a ser requeridos también desde las aldeas vecinas. Dado que el Alto
Egipto es sumamente conservador, su padre la acompañaba en esas visitas a las casas de los habitantes de otras aldeas. Cuando Mona iba montada en el asiento trasero de la motocicleta con el padre al volante, los niños la señalaban y a los gritos anunciaban la llegada de la “ingeniera del estiércol”. Ese apodo siempre le arrancaba una sonrisa.


A medida que su prestigio y sus destrezas iban en aumento, Mona se dio cuenta de que ella se consideraba algo más que una simple ingeniera: se veía como una emprendedora. Así, decidió participar en la Competición Nawah de Iniciativa Empresarial Social, un certamen en el que se presentan ideas y proyectos basados en la sostenibilidad, la capacidad de solucionar problemas sociales y de innovación social. Esta competencia fue organizada por el proyecto conjunto de la OIT y Canadá sobre el trabajo decente para las personas jóvenes de Egipto. Como parte del proceso Nawah, Mona pudo hacer un curso de formación del programa Inicie y Mejore su Negocio (IMESUN).

Mona no ganó la competición, pero le dije que una joven talentosa y dinámica como ella tendría muchas otras oportunidades. Además, derrochaba determinación. Su experiencia la motivó a presentarse en otros certámenes y pronto ganó un premio económico que utilizó para iniciar una nueva empresa, El Khodairy for Ecotaqa. En noviembre de 2018, casi exactamente dos años después de aquel encuentro triste y entre lágrimas en Gouna, por fin subió al escenario como invitada a la Cumbre Egipcia de Iniciativas Empresariales celebrada en Luxor, a contar su historia, inspirar a otras personas jóvenes y transmitir sus conocimientos a otros jóvenes graduados sobre las ventajas de la educación no tradicional.

El Día Internacional de la Juventud 2019 me ha hecho pensar en Mona, pues es una verdadera embajadora de este tema: la capacidad transformadora de una educación inclusiva y equitativa de calidad. Sin este tipo de formación, toda su diligencia, empeño y talento se hubiera desperdiciado.

Debemos fomentar este tipo de opciones pedagógicas, además de otras herramientas con base empírica que fomentan el empleo juvenil. La sección “Learn” del nuevo Centro de Conocimientos (Knowledge Facility), de la Iniciativa Mundial sobre Trabajo Decente para los Jóvenes, inaugurada a principios de este mes, proporciona material clave y ejemplos relavantes. La plataforma digital contiene además una sección de participación, “Engage” y una sección para las aportaciones, “Contribute”. En conjunto, abarcan la experiencia colectiva y los recursos de muchos actores, todos dedicados a crear un cambio positivo para las personas jóvenes, como Mona.