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¿Una revolución para los trabajadores de la confección?

Hablar sobre la Cuarta Revolución Industrial puede fácilmente convertirse en algo abstracto. Las discusiones viajan a la velocidad de la luz hacia un mundo de realidad aumentada y robots, cadena de bloques y biotecnología.

Opinión | 16 de mayo de 2019
Dan Rees, resonsable de Better Work
Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) – que este año cumple 100 años promoviendo el trabajo decente – nuestro enfoque sigue siendo esencialmente el mismo que en 1919: tiene que ver con las personas, con la justicia social.

Si la Cuarta Revolución Industrial ha de ser un motor de cambios positivos, debería trabajar a favor de los sectores más vulnerables de la sociedad. Estos incluyen a los trabajadores que confeccionan la ropa que vestimos, quienes aún no disfrutan de los derechos fundamentales en el trabajo.

La experiencia del programa Better Work nos dice que la industria de la moda puede ser una fuerza positiva. Hemos demostrado que mejorar las condiciones de trabajo beneficia a los trabajadores y a sus familias e incrementa la rentabilidad de las fábricas. ¿Puede la tecnología acelerar estos resultados?

Hasta el momento, no existe mucha evidencia de ello. Gran parte de la innovación técnica en el sector tiene el objetivo de aumentar los beneficios de los consumidores: mayor conveniencia, más oferta y hasta tiempos de entrega más rápidos. Estas innovaciones pueden producir consecuencias inesperadas para los trabajadores y para las empresas. Ponen bajo presión los ciclos de producción, creando una reacción a cadena de un número excesivo de horas extraordinarias, aumento del acoso en el lugar de trabajo y de accidentes laborales.

No tiene por qué ser así.

En contra de la retórica determinista sobre los robots tomando el mando, en el último informe de la OIT sobre el Futuro del Trabajo los especialistas defienden un enfoque de la tecnología “bajo el control humano”, dirigido a mejorar el trabajo, en vez que ser controlado por él.

Si comenzamos a pensar en la robótica, los sistemas de macrodatos o el Internet de las cosas como herramientas para mejorar las condiciones de trabajo, el potencial se hace enorme.

Ya hemos constatado, por ejemplo, de qué manera la automatización de ciertos procesos como la abrasión de la tela de los pantalones vaqueros (para crear un aspecto gastado o rasgado) puede hacer más seguro el trabajo. Los sensores de luz y calor pueden ayudar a controlar y mejorar las condiciones del lugar de trabajo, aún de lejos. Las aplicaciones móviles pueden ampliar los conocimientos de los trabajadores sobre sus derechos, y la digitalización de los salarios puede facilitar su pago a tiempo. La cualificación de los trabajadores puede mejorar sus ingresos y productividad, en particular cuando las mujeres reciben formación para asumir cargos directivos.

La investigación más reciente de la OIT, unida a nuestra experiencia sobre el terreno, sugiere que mientras algunos segmentos de la industria se están adaptando rápidamente a las nuevas tecnologías, las partes de la manufactura más intensivas en mano de obra – como cortar telas, cocer, controlar y empacar – no lo están haciendo.

Esto sugiere una oportunidad enorme. En la próxima década, la industria de la confección creará millones de empleos en lugares donde las personas los necesitan con urgencia. La mayoría de estas personas serán mujeres jóvenes, muchas migrantes y casi todas formarán parte del 40% de los más pobres del mundo. Si estos empleos son seguros y protegidos pueden ser transformadores. La industria de la moda puede sacar de la pobreza a millones de personas a través del trabajo decente y el empoderamiento de las mujeres, y puede impulsar el crecimiento económico inclusivo.

Aprovechar esta oportunidad requiere de liderazgo. Es hora de llevar a cabo conversaciones de largo alcance. ¿Cuál es el futuro del trabajo que queremos en la industria de la moda? Vamos a determinarlo a través de un enfoque centrado en las personas. Después concebiremos las soluciones técnicas que se ajusten a nuestro propósito común.

Dan Rees es el Director del programa Better Work, un programa de referencia de la Organización Internacional del Trabajo, agencia de las Naciones Unidas, dirigido conjuntamente con la Corporación Financiera Internacional, miembro del Banco Mundial. Better Work reúne a gobiernos, empleadores, trabajadores y marcas internacionales a fin de mejorar las condiciones de trabajo y la competitividad en la industria mundial de la confección y el calzado.

Una versión de este artículo fue compartida originalmente en el sitio web de la Global Fashion Agenda con los participantes a la
Cumbre de la Moda de Copenhague, que congrega a los responsables de la industria de la moda para discutir las cuestiones ambientales, sociales y éticas más críticas que enfrenta el sector. Dan Rees hablará de la Cuarta Revolución Industrial en la Cumbre el 16 de mayo 2019.