100 AÑOS DE HISTORIA DE LA OIT – SERIE

Cuando los principios se transforman en acción: el Premio Nobel conferido a la OIT

Como parte de una serie de artículos dedicados a los 100 años de historia de la OIT, recorremos algunos de los momentos cruciales de la historia de la OIT. Un punto culminante fue la concesión del Premio Nobel de la Paz, que también marcó el reconocimiento de los cambios sociales, económicos y políticos que se produjeron a raíz de las dos guerras mundiales.

Comunicado de prensa | 29 de noviembre de 2018
Señor y Señora Morse
El 21 de octubre 1969, un telegrama de 30 palabras llegó a la Secretaría de la OIT. Aunque la delgada hoja de papel parecía insignificante, su contenido era trascendental, anunciaba el más alto honor jamás conferido a la OIT: el Premio Nobel de la Paz.

El Premio coincidió con el 50.o aniversario de la fundación de la OIT y, en la ceremonia de premiación, el Comité del Nobel mencionó que los ideales fundadores de la organización fueron decisivos a la hora de otorgar esta distinción a la OIT.

Pocas organizaciones han logrado llevar a la práctica los principios morales en los cuales se basa esta frase en la misma medida en que lo ha hecho la OIT."

Sra Aase Lionaes, Presidenta del Comité del Nobel
“Debajo de la piedra angular del edificio principal de la OIT en Ginebra se encuentra un documento donde está escrito: Si vis pacem, cole justitiam – Si deseas la paz, cultiva la justicia. Pocas organizaciones han logrado llevar a la práctica los principios morales en los cuales se basa esta frase en la misma medida en que lo ha hecho la OIT”, declaró la Presidenta del Comité del Nobel, Aase Lionaes.

El Premio no era del todo inesperado. En los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, los líderes mundiales hablaban con frecuencia sobre la nominación de la OIT. El objetivo era reconocer el papel crucial que desempeñó la Organización en tiempos de guerra, cuando era una de los pocos organismos internacionales que seguían operando, así como su trabajo para reforzar y renovar su mandato a través de la Declaración de Filadelfia de 1944, que llevó de nuevo la atención sobre la necesidad de una paz duradera basada en la justicia social. (De hecho, en su discurso, la Presidenta del Comité del Nobel citó al Presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, quien consideraba que la Declaración de Filadelfia estaba en línea con la Declaración de Independencia de Estados Unidos).

La justicia social no es menos difícil de alcanzar que el fin último de la paz en el mundo."

Director General de la OIT, David Morse
Esta búsqueda de una paz duradera, después de dos guerras mundiales, fue destacada por el entonces Director General, David Morse, quien viajó a Oslo junto a los funcionarios del Consejo de Administración para recibir el premio en nombre de la Organización.

“La historia del Premio Nobel de la Paz es en gran medida la historia de los esfuerzos del hombre a lo largo del presente siglo para establecer una paz justa y duradera”, declaró en su discurso de aceptación. Pero agregó una advertencia: “La justicia social no es menos difícil de alcanzar que el fin último de la paz en el mundo”.

El 11 de diciembre 1969, el día después de recibir el premio, David Morse dio la conferencia tradicional del Nobel. En esta oportunidad, describió cómo la OIT había utilizado su mandato único y sus primeros cincuenta años para construir “una infraestructura de paz”.

David Morse
“En resumen, la OIT ofreció al mundo una alternativa a la lucha social; le proporcionó los procedimientos y las herramientas de negociación para sustituir el conflicto violento como un medio para garantizar condiciones de trabajo más humanas y dignas”.

El discurso de David Morse puso de manifiesto el papel de la OIT en el progreso económico, social, político y civil registrado durante su primer medio siglo de existencia. Pero también advirtió: “La tarea todavía está lejos de haber concluido. El objetivo de ‘justicia social’ ha demostrado ser un concepto dinámico”.

Si miramos hacia atrás, los desafíos que identificó en su discurso del Premio Nobel hace 50 años demuestran un extraordinario grado de clarividencia. La falla del progreso económico que solo beneficia a un pequeño sector de la población; la difícil situación de las minorías, los migrantes y los pobres, que viven al margen de la prosperidad; el desafío de hacer que la tecnología sea el siervo y no el amo. En el año de su centenario, todas estas cuestiones aún no se han resuelto y están en el orden del día de la OIT.

En cuanto al Premio Nobel de la Paz, la OIT sigue beneficiándose del prestigio y el reconocimiento que le confirió. La medalla, con su estuche de cuero verde grabado en oro, se encuentra sobre un cojín azul en los archivos de la OIT, junto a los originales de las tres llaves de oro que simbolizan la estructura tripartita de sus miembros: gobiernos, trabajadores y empleadores.

La medalla tiene un diámetro de 66 mm y alrededor de 5 mm de espesor. Está acuñada en oro de 23 quilates y pesa aproximadamente 200 gramos. En el anverso, se reproduce un retrato de Alfred Nobel, el millonario fundador del Premio, mientras que el reverso muestra a tres hombres desnudos abrazados, el símbolo de la fraternidad internacional que Alfred Nobel quiso apoyar con su premio para la paz. En el contorno, está grabada la inscripción latina Pro pace et fraternitate gentium, que se traduce ‘Para la paz y la prosperidad de los hombres’. Parece el complemento perfecto del propio axioma de la OIT, que la paz duradera primero requiere justicia.