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Un libro de la OIT sostiene que las desigualdades en el lugar de trabajo en Europa han aumentado considerablemente desde el comienzo de la crisis financiera

Las desigualdades en el lugar de trabajo han aumentado de manera considerable en toda Europa como consecuencia de la crisis económica mundial, y continuarán incrementando a medida que más países introduzcan medidas de austeridad y reformas laborales, según un nuevo estudio publicado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).

Comunicado de prensa | 24 de febrero de 2012

GINEBRA (Noticias de la OIT) – Las desigualdades en el lugar de trabajo han aumentado de manera considerable en toda Europa como consecuencia de la crisis económica mundial, y continuarán incrementando a medida que más países introduzcan medidas de austeridad y reformas laborales, según un nuevo estudio publicado por la Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y co-financiado por la Comisión Europea.

El libro titulado “Desigualdades en el trabajo durante la crisis. Testimonios de Europa” analiza en qué medida las condiciones de trabajo, los salarios y los ingresos, el empleo y la igualdad de género, entre otros temas relacionados con el lugar de trabajo, se han deteriorado a lo largo del continente desde el comienzo de la crisis. El libro incluye datos provenientes de 30 países y 14 estudios nacionales realizados por desatacados especialistas europeos.

El libro examina, por ejemplo, cómo los países que dependieron de ajustes de flexibilidad externa, como España, han experimentado graves dificultades en el ámbito laboral. Además, saca a la luz un aspecto de la crisis muy poco documentado hasta la fecha: sus efectos macroeconómicos, a nivel de empresas, sobre diferentes categorías de trabajadores y en los ámbitos de trabajo que les afectan directamente.

El libro también muestra que en algunos países, como Bulgaria, Hungría y el Reino Unido, aumentaron las diferencias salariales entre los trabajadores en la base y en la cima de la escala salarial.

“El mensaje central de este volumen puede ser sintetizado en términos muy sencillos: las desigualdades en el trabajo no sólo contribuyeron a desencadenar la crisis económica, sino que han empeorado como consecuencia de la misma”, explicó Daniel Vaughan-Whitehead, asesor especial de la OIT, responsable de políticas salariales, profesor de Instituto de Ciencias Políticas de París y editor del libro. “El sistema económico seguirá en peligro hasta que no abordemos adecuadamente este problema fundamental”.

Otras conclusiones importantes del libro incluyen:

  • Los trabajadores con contratos temporales se vieron fuertemente afectados por los despidos y fueron utilizados como una especie de “amortiguadores del empleo”, como muestra el ejemplo de España, donde el 90 por ciento de los puestos de trabajo perdidos era de trabajadores temporales.
  • En la mayoría de los países europeos, las tasas de desempleo juvenil son aproximadamente el doble que las tasas de los trabajadores mayores, con incrementos más pronunciados en Estonia, Lituania y Letonia, así como en España, Irlanda y Grecia.
  • Los trabajadores poco calificados se han visto particularmente afectados por la crisis conforme las empresas manufactureras comenzaron a despedir parte de su personal.
  • A pesar de que los hombres inicialmente se vieron más afectados por la crisis que las mujeres (6 por ciento más en los Estados bálticos, Irlanda y España), las prácticas discriminatorias contra las mujeres se han agravado a lo largo de los últimos años.
  • Las mujeres empleadas en los sectores donde predomina la mano de obra masculina fueron las primeras en ser despedidas o en experimentar mayores recortes salariales.

El libro cita varios ejemplos de “buenas prácticas” implementadas por los gobiernos para enfrentar el impacto de la crisis. Éstas incluyen el “milagro alemán” de bajo desempleo, que se logró gracias a la ampliación de la jornada laboral reducida; el caso de Suecia, que aplicó medidas específicas para ayudar a los jóvenes a conservar sus empleos o a participar en programas de formación; y el caso de Italia, donde el sistema de “cassa integrazione” contribuyó a contener los efectos inmediatos del desempleo generado por la crisis. El informe destaca además que las políticas industriales destinadas a apoyar los sectores en dificultad, como el de la construcción o el automotriz – y financiadas con fondos públicos – han sido eficaces.

Los autores también citan el importante papel desempeñado por el diálogo social en la negociación de alternativas a los despidos, por lo general, a través de reducciones de los salarios y/o de las horas de trabajo, como en Alemania y Francia. En países donde la negociación salarial es limitada, como Estonia, Letonia y Lituania, tanto los recortes de personal como salariales fueron inmediatos e importantes.

El libro muestra además que los países que han dependido de la contratación temporal, como España, experimentaron graves dificultades en relación con el empleo. “La dependencia excesiva durante cerca de 20 años de la contratación temporal ha tornado al país vulnerable, provocando una caída drástica del empleo como respuesta a la recesión económica”, sostiene el libro. Si se compara con 2009, el riesgo de pobreza ha aumentado en 2 puntos porcentuales en España, hasta alcanzar el 21,8 por ciento en 2011.

Las nuevas reformas laborales adoptadas en 2012 con el objetivo de estimular la competitividad, como por ejemplo la congelación del salario mínimo y los recortes en la protección social en España, la decisión de multiplicar los mecanismos a tiempo parcial en Francia, y una moderación adicional de los salarios y el incremento de los empleos de baja remuneración en Alemania y otros países, pueden acarrear como consecuencia directa el aumento de las desigualdades, de acuerdo con la publicación. Un número mayor de personas se volverá más vulnerable a futuras crisis, agrega el libro.

A largo plazo, el estudio advierte que la crisis puede detener los progresos alcanzados en Europa en relación con el empleo y las condiciones de trabajo. Por ejemplo, afirma que la disminución del gasto en formación a nivel de empresa, junto a la reducción de los programas de formación financiados por el Estado, tendrá efectos negativos a largo plazo.

“Esto debería motivar a todas las autoridades ejecutivas y a los actores económicos – aún en los períodos de consolidación fiscal - a colocar la lucha contra las desigualdades en el corazón de su agenda política, y a desarrollar un conjunto de políticas que aborden estas desigualdades en el mundo del trabajo”, concluyó Daniel Vaughan-Whitehead.

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