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El Excmo. Sr. Owen Arthur, Primer Ministro de Barbados, pronuncia un discurso ante la Conferencia Internacional del Trabajo y pide una aplicación equitativa de las normas del trabajo

GINEBRA (Noticias de la OIT) - El Excmo. Sr. Owen Arthur, Primer Ministro de Barbados e invitado de honor de la 90ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, condenó hoy el vínculo entre las normas del trabajo y el comercio. Señaló que este vínculo era "inmoral y contraproducente" y que la OIT debería tener "garras" para asegurar el respeto de las normas del trabajo tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

Comunicado de prensa | 13 de junio de 2002

GINEBRA (Noticias de la OIT) - El Excmo. Sr. Owen Arthur, Primer Ministro de Barbados e invitado de honor de la 90ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, condenó hoy el vínculo entre las normas del trabajo y el comercio. Señaló que este vínculo era "inmoral y contraproducente" y que la OIT debería tener "garras" para asegurar el respeto de las normas del trabajo tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo.

Dicho vínculo, afirmó, "es inmoral porque reduce lo que es un fin en sí mismo - los derechos humanos - a un medio para lograr un fin. El acatamiento de estas normas corre peligro de aplicarse e imponerse de manera selectiva y de distorsionarse en perjuicio de los países en desarrollo".

"Los derechos humanos, en particular las normas del trabajo, son demasiado sacrosantos para utilizarse como mecanismos de negociación o como instrumentos de política extranjera o comercial", indicó el Primer Ministro de Barbados.

Desde la tribuna de la Sala de Asambleas del Palacio de las Naciones, en donde se celebra la Conferencia Internacional del Trabajo desde el 3 hasta el 20 de junio, el Sr. Arthur expresó su apoyo a la función que la OIT desempeña en el debate sobre el comercio y el trabajo y manifestó que "la responsabilidad principal en cuanto a la supervisión, regulación y, en última instancia, aplicación de las normas internacionales del trabajo, que engloban los convenios fundamentales de la OIT, es de la incumbencia de esta Organización y no de la Organización Mundial del Comercio o de cualesquiera otras organizaciones internacionales".

Observando que no se aplicaba el mismo criterio a los países en desarrollo que a los países desarrollados, el Sr. Arthur añadió que "es también inconcebible que los países en donde los sindicatos están siendo expulsados de las empresas se erijan en defensores del establecimiento de vínculos entre las normas del trabajo y la liberalización del comercio. Si la competencia del extranjero se endurece, los países ricos consideran que tienen derecho ya sea a recurrir a una protección convencional contra las importaciones o, por medio del vínculo entre las normas del trabajo y el comercio, a intentar hacer subir los costos de producción de los países pobres".

El Primer Ministro de Barbados alegó que "los estudios efectuados por economistas muestran, no obstante, que este enfoque es erróneo y que el comercio con los países pobres no es responsable de la disminución de los salarios en los países ricos".

El Sr. Arthur hizo un llamamiento para que se reforzase el papel de la OIT y afirmó que "si la Organización carece de garras, según se quejan algunos, hay que dárselas y dejar que esas garras rasguñen sin discriminación a quienes violen las normas del trabajo dondequiera que se encuentren, ya sea en los países en desarrollo o en los países desarrollados" .

Señaló que "la OIT debe tener más influencia en la formulación de las políticas financieras y comerciales, y no limitarse a una función consultiva". "Esto podría perfectamente suponer la creación de nuevos mecanismos de coordinación entre la OIT, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la OMT. También podría, de hecho, requerir la realización de reformas y reestructuraciones en esas instituciones. En cualquier caso, es necesario, con toda urgencia, llegar a un consenso internacional sobre las acciones que deben emprenderse para que la economía globalizada se desarrolle de manera socialmente responsable, a fin de que sus beneficios no se dirijan únicamente a los trabajadores, sino también al gran número de países en desarrollo que, actualmente, sufre de los efectos negativos de la globalización y de la liberalización del comercio sin sacar ningún provecho."