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TRABAJADORAS MIGRANTES DE ASIA: CADA VEZ MAS NUMEROSAS Y MAS VULNERABLES

Las mujeres asiáticas constituyen hoy el grupo con el crecimiento más acelerado entre la floreciente categoría de los trabajadores migrantes, cuyo número supera los 35 millones de personas en todo el mundo. En Asia se está produciendo también el auge de la llamada "industria de la emigración", la que, ya sea por medios legales o ilegales, suministra mano de obra subcontrada a algunas de las economías más ricas y pujantes, muchas veces a costa de un gran menoscabo de la condición humana.

Comunicado de prensa | 5 de febrero de 1996

GINEBRA (Noticias de la OIT) - Las mujeres asiáticas constituyen hoy el grupo con el crecimiento más acelerado entre la floreciente categoría de los trabajadores migrantes, cuyo número supera los 35 millones de personas en todo el mundo. En Asia se está produciendo también el auge de la llamada "industria de la emigración", la que, ya sea por medios legales o ilegales, suministra mano de obra subcontrada a algunas de las economías más ricas y pujantes, muchas veces a costa de un gran menoscabo de la condición humana.

Si bien, por una parte, la migración representa para millones de mujeres asiáticas la posibilidad de tener un trabajo y asegurar su sustento, por otra, la triste condición de las trabajadoras migrantes sin protección ha suscitado una considerable preocupación de la opinión pública a medida que se han venido acumulando pruebas de los abusos de que son objeto. Entre las conclusiones de un informe de la OIT dedicado a la situación de las trabajadoras migrantes asiáticas, se indica que los esfuerzos desplegados por los países de origen para mejorar sus condiciones de trabajo no han dado resultados satisfactorios, y que es necesario reforzar las iniciativas internacionales encaminadas a garantizar los derechos humanos fundamentales de este grupo vulnerable Nota1.

"De no haber mediado las actividades de las agencias de contratación clandestinas, los promotores de empleo en el extranjero, los subcontratistas de mano de obra, y otros intermediarios legales o ilícitos, la migración de trabajadores que se observa en Asia desde mediados de los años setenta nunca hubiera alcanzado las proporciones masivas que tiene hoy", señala el informe. La OIT ha llamado la atención sobre los riesgos que suponen las actividades de las agencias de colocación, que aunque pueden facilitar el acceso a los escasos puestos de trabajo disponibles en el extranjero, también pueden resultar onerosas y despóticas: ocurre, por ejemplo, que algunas agencias retienen los pasaportes de las trabajadoras, les cobran honorarios exhorbitantes o les otorgan préstamos reembolsables con cargo a sus eventuales ingresos.

Aproximadamente 1 millón y medio de mujeres asiáticas trabajan en el extranjero, sea en forma legal o ilícita. Según datos aportados por los países de origen, el volumen migratorio global es de unas 800.000 mujeres al año, y sigue aumentando en forma sostenida.

El estudio de la OIT indica que, durante el decenio de 1970, las mujeres representaban sólo un 15 por ciento de la fuerza de trabajo migrante en Asia. En los años ochenta, cerca de una cuarta parte de los trabajadores contratados en países distintos de su país de origen eran mujeres; en la actualidad, la corriente migratoria de trabajadoras, tanto legal como clandestina, suele igualar o superar a la de los hombres.

En Filipinas, las trabajadoras representan cerca del 60 por ciento de la fuerza de trabajo migrante empleada legalmente (sin incluir a la gente de mar), proporción que llega a 94 por ciento por lo que se refiere a las trabajadoras que encuentran empleo en Asia misma, exceptuando el Oriente Medio. En Indonesia, los registros de emigración indican que dos de cada tres trabajadores migrantes son mujeres. En Tailandia, aun cuando las mujeres representan sólo el 25 por ciento de los trabajadores registrados que se emplean en el extranjero, se sabe que la migración clandestina de trabajadoras es considerable y que la tasa de aumento de las trabajadoras migrantes es superior a la de los varones. Una encuesta efectuada en los aeropuertos de Sri Lanka permitió establecer que el 84 por ciento de la mano de obra migrante eran mujeres, y que una aplastante mayoría de ellas (94 por ciento) se empleaban como trabajadoras domésticas.

Los principales países de emigración de fuerza de trabajo femenina son Indonesia, Filipinas, Sri Lanka y Tailandia. Los principales países de inmigración son los Estados del Golfo, y en particular Arabia Saudita y Kuwait. Otros países de acogida de relativa importancia son Hong Kong, Japón, Taiwán, Singapur, Malasia y Brunei.

"Las políticas oficiales de la mayoría de los países de Asia se orientan a reducir las corrientes migratorias de mano de obra femenina, pero la demanda de trabajadoras sigue aumentando en los países de inmigración, al tiempo que proliferan las agencias de colocación", dice Lin Lim, coautora del informe de la OIT. Los responsables gubernamentales que procuran restringir o controlar las migraciones han de resolver el dilema planteado por la imposición de reglamentaciones, que suele provocar una intensificación del proceso clandestino de migración. Por otra parte, de poco sirven las medidas que toman los países de emigración si la legislación y las normas laborales de los países de acogida son insuficientes. "Desde el momento que salen de su país de origen, la protección que los gobiernos pueden dar a los trabajadores migrantes se reduce considerablemente", señala Nana Oishi, investigadora de la OIT.

Las mujeres se ven obligadas a emigrar por sus propios medios, a título individual, pues los países de Asia y del Oriente Medio por lo general no aceptan a las familias de los migrantes varones. El derecho de residencia suele estar vinculado al empleo, que está sujeto a restricciones. Por ejemplo, es frecuente que en muchos países de Asia a las empleadas del servicio doméstico se les prohíba cambiar de empleo antes de cumplir dos años de contrato. A las trabajadoras migrantes también se les prohíbe contraer matrimonio con nacionales del país de acogida, o quedar embarazadas, dándose el caso de algunos países que exigen un examen de embarazo cada seis meses.

Uno de los sectores con mayor incidencia en la creciente demanda de mano de obra femenina es el de los "espectáculos de variedades", eufemismo tras el que a menudo se disimula la prostitución. La prostitución abierta es un fenómeno generalizado, y la prostitución forzosa, a la que se empuja a numerosas mujeres después de ser contratadas para ocupar empleos lícitos, se ha convertido en una práctica desgraciadamente frecuente. El informe pone de manifiesto que en la mayoría de los países de acogida el servicio doméstico y los espectáculos de variedades suelen quedar al margen de la protección que brinda la legislación del trabajo o de seguridad social, y que incluso allí donde están comprendidos en el ámbito de la legislación, resulta difícil hacer respetar los derechos de las trabajadoras. En lo que atañe a la prostitución, aun en los países en que ésta es una actividad legal, las trabajadoras migrantes que se prostituyen tiene escasísimas posibilidades de obtener protección del Estado. Todas las trabajadoras extranjeras en situación irregular o cuyos visados de trabajo han expirado están expuestas a la explotación, pero las más vulnerables son en todo caso las llamadas "artistas de variedades".

Entre los diversos motivos que, según el informe de la OIT, empujan a tantas mujeres a emigrar en busca de trabajo figuran las grandes diferencias salariales entre los países de emigración y los países de acogida, la situación económica cada vez más difícil de las mujeres a medida que crece el desempleo de los hombres y la existencia de amplias redes de seguridad social en el extranjero, que facilitan la migración. En muchos casos, la baja de la demanda de mano de obra masculina provocada por la recesión económica en los países de acogida es un acicate para la emigración femenina. El número de mujeres que emigran para sustentar a sus familias aumenta sin cesar, sobre todo en la medida que también aumenta la demanda de personal doméstico y de enfermería. A los países de emigración les resulta difícil contener la salida de mano de obra en razón de los beneficios económicos que ésta entraña, a saber la disminución del propio desempleo y los importantes ingresos que representan las remesas de los trabajadores en el extranjero.

Paralelamente a las empresas que se ocupan en forma legal de los movimientos de trabajadores migrantes, existen organizaciones clandestinas muy eficientes dedicadas al lucrativo tráfico de inmigrantes. Debido al elevado costo y al excesivo tiempo que exigen los trámites para emigrar legalmente, los migrantes en situación más urgente y, por lo tanto, más vulnerable, optan con frecuencia por la vía clandestina ; las mujeres son víctimas corientes. La índole criminal de esta actividad aumenta las probabilidades de que los trabajadores sean explotados y restringe su capacidad para reclamar el amparo jurídico o administrativo de las autoridades competentes.

El informe de la OIT insiste en la necesidad de incrementar la asistencia bilateral y multilateral entre los países de emigración y los países de inmigración, y de lograr la aplicación estricta tanto de la legislación de cada país como de las normas internacionales del trabajo. También reconoce la importancia vital de los esfuerzos encaminados a reducir el volumen de la migración ilegal, que en algunos países constituye mucho más de la mitad de la corriente migratoria total.

A nivel nacional, cada país debería poner un mayor empeño en ofrecer a los emigrantes potenciales informaciones fiables y precisas sobre lo que pueden esperar de un empleo en el extranjero. Cada vez que sea posible, se debería prestar asistencia y alentar a los mismos trabajadores migrantes a que establezcan sus propias estructuras y redes de apoyo.

El informe subraya que, ante la falta de nuevas iniciativas regionales o internacionales, las normas internacionales del trabajo cobran una importancia aun mayor. Entre los instrumentos que tratan específicamente de estas materias figuran el Convenio sobre los trabajadores migrantes (revisado), 1949 (núm. 97), que tiene por objeto garantizar la prestación de asistencia a los migrantes y la igualdad de trato entre trabajadores extranjeros y nacionales; el Convenio sobre los trabajadores migrantes (disposiciones complementarias), 1975 (núm. 143) invita a los Estados Miembros a respetar los derechos humanos fundamentales de todo trabajador migrante, sea hombre o mujer, a suprimir las migraciones clandestinas con fines de empleo y a poner fin a las actividades de los traficantes de mano de obra. Otros convenios pertinentes son el núm. 19 (igualdad de trato, 1925), núm. 29 (trabajo forzoso, 1930), núm. 105 (abolición del trabajo forzoso, 1957) y núms. 118 y 157 (igualdad de trato en materia de seguridad social, 1962, y conservación de los derechos en materia de seguridad social, 1982, respectivamente).

Nota1

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International Labour Migration of Asian Women: Distinctive Characteristics and Policy Concerns. Lin Lean Lim (Servicio de Políticas de Mercado de Trabajo, OIT) y Nana Oishi (Servicio de Migraciones para el Empleo, OIT). Oficina Internacional del Trabajo, Ginebra, 1996.